Domingo, 13 de septiembre de 2026
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Adiós a un armador de estrellas: se fue Marcos Farías, el hombre que le dio forma al cuarteto de los últimos veinte años

A los 58 años falleció el productor y mánager que descubrió a Ulises Bueno, a Damián Córdoba y a Eugenio Quevedo, y que sostuvo a varias orquestas desde su rol al frente de Radio Máxima. Un retrato, en primera persona, de alguien que cambió la historia reciente de la música popular de Córdoba.

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Julia KaplanCultura y espectáculos · 7 DE SEPT DE 2026 · 6 min de lectura

Lo voy a recordar con una frase que repitió hasta el cansancio y que, ahora, suena como una especie de profecía cumplida: «Ya vas a ver lo que voy a lograr con Ulises Bueno». Esa era la clase de declaración que Marcos Farías podía hacer sin que sonara a exageración, porque en las últimas dos décadas fue, probablemente, el productor y mánager más influyente del cuarteto de Córdoba. Murió a los 58 años, después de pelear contra un cuadro de cáncer de hígado y de páncreas que se había complicado en los últimos meses. Los días previos, según quienes lo rodeaban, habían traído algunas señales de mejoría; sin embargo, el deterioro se volvió definitivo y la noticia terminó de conmover a una escena que le debe mucho de lo que es hoy.

Quiero detenerme en esa figura antes de meterme en los nombres propios, porque Farías no era un empresario que aparecía solo en los créditos de los shows o en la marquesina de un teatro: era un armador. Eso me lo dejó muy claro la descripción que hizo César Tapia, periodista y figura de Radio Máxima, la emisora que el propio Farías dirigía y desde donde construyó un vínculo cotidiano con su público. «Él descubrió a Damián Córdoba. Él descubrió a Ulises Bueno cuando se estaba yendo a vender pantalones de jean a Tucumán», resumió Tapia, y esa imagen del cantante con el bolso listo para subirse a un micro rumbo al noreste argentino retrata, mejor que cualquier currículum, el tipo de intervención que Farías hacía en las carreras de los artistas.

El rescate de Ulises Bueno y la historia del colectivo

La anécdota del rescate de Ulises Bueno es de las que uno escucha en Córdoba y no se olvida más. Según reconstruyó Tapia, Farías fue a buscarlo cuando el cantante ya había tomado la decisión de dejar la música y empezar una vida muy distinta. «Lo bajó del colectivo y le dijo: ‘No, yo te voy a hacer una orquesta nueva. Bajate, bajate’», contó el periodista en Radio Máxima, y agregó la promesa que Farías le hizo a Ulises en ese momento: «Ya vas a ver lo que voy a lograr con Ulises Bueno». La frase se cumplió con creces: lo que vino después fue una de las trayectorias más importantes de la música popular cordobesa de los últimos tiempos, construida con base en ese primer acto casi cinematográfico en una terminal de ómnibus.

“Él descubrió a Damián Córdoba. Él descubrió a Ulises Bueno cuando se estaba yendo a vender pantalones de jean a Tucumán. Lo bajó del colectivo y le dijo: ‘No, yo te voy a hacer una orquesta nueva. Bajate, bajate’. Ya vas a ver lo que voy a lograr con Ulises Bueno.”César Tapia, periodista de Radio Máxima

Un estilo de trabajo: sostener, no solo lanzar

Me parece importante subrayar algo que la palabra «descubrir» a veces esconde: Farías no era un cazatalentos que aparecía para llevarse el crédito y desaparecer. Por el contrario, su marca registrada era sostener proyectos durante años, incluso cuando no rendían económicamente, hasta encontrarles la vuelta. El caso de Q'Lokura, la agrupación que antes se llamaba Chipote, es un ejemplo clarísimo. «Los bancó siete años, que no les iba muy bien, hasta que transformó Qué Locura, y es otro éxito nacional», explicó Tapia. Esa paciencia, esa decisión de no soltar a un artista solo porque los números de un primer corte no acompañaban, también se vio en el acompañamiento a La Banda de Carlitos y en las expectativas que tenía puestas en Va Como Loco, una orquesta en crecimiento a la que le había dedicado tiempo y estructura.

  • Descubrió y sostuvo a Ulises Bueno cuando el cantante estaba a punto de dejar la música y radicarse en Tucumán.
  • Apostó por Damián Córdoba en sus inicios y fue parte central de su consagración.
  • Acompañó a Q'Lokura (ex Chipote) durante siete años antes de su explosión como fenómeno nacional.
  • Trabajó junto a La Banda de Carlitos y proyectaba el crecimiento de la orquesta Va Como Loco.
  • Construyó desde Radio Máxima un vínculo comunitario basado en la asistencia directa, acumulando remedios, sillas de ruedas y bastones para repartir entre vecinos y oyentes.

Eugenio Quevedo y la prueba de la confianza

Si hay un vínculo que sintetiza lo que Farías representaba para sus artistas, ese es el que mantuvo con Eugenio Quevedo. Tapia contó que el cantante quería que Farías estuviera presente en los momentos más grandes de su carrera, y reprodujo una frase que le dijo a su productor: «Quiero entrar con vos al Movistar Arena, quiero entrar con vos, llévame vos». Esa voluntad de compartir escenarios enormes con el mánager que lo había formado habla de un tipo de lealtad que no se construye solo con contratos: se construye con presencia, con códigos y con resultados. Para Tapia, esa imagen condensa la influencia del productor: «Uno de los tipos que puede decir Eugenio Quevedo que lo que lo creó fue Marcos Farías».

Radio Máxima y la otra cara del hombre de la música

No quiero cerrar esta nota sin detenerme en una pata de la historia de Farías que suele quedar afuera de las coberturas centradas en los artistas, y que a mí me parece fundamental: la tarea social que construyó desde Radio Máxima. Tapia contó que la emisora acumulaba remedios, sillas de ruedas y bastones para distribuir entre vecinos y oyentes que los necesitaban, y que esa lógica de asistencia directa, cotidiana, sin grandes anuncios, formaba parte del mismo ADN que después se veía en la música. Para mí, esa es una de las claves para entender a Farías: no se trataba solo de un empresario con olfato para los talentos, sino de alguien que entendía que la música popular y la vida cotidiana de la gente en Córdoba van tomadas de la mano, y que un productor serio tiene que hacerse cargo de las dos cosas. Por eso, cuando uno repasa su trayectoria, lo más justo no es recordar solo los nombres de los artistas a los que descubrió, sino también la red de vínculos comunitarios que tejió durante años desde una radio de barrio convertida en referencia regional.

Voy a terminar con una recomendación en primera persona, porque creo que es la forma más honesta de despedir a alguien como él: si todavía no escucharon con atención la música de Ulises Bueno, de Damián Córdoba, de Eugenio Quevedo y de Q'Lokura, dense el gusto ahora. Dense el gusto de entender por qué un productor que venía del interior de Córdoba pudo cambiarle la vida a esa cantidad de artistas y, de paso, transformó para siempre la historia reciente del cuarteto. Farías ya no va a estar para contarlo en primera persona, pero su huella se va a seguir escuchando cada vez que suene una de esas canciones en una radio, en un boliche o en la pantalla de un teléfono. Y eso, me animo a decir, es el mejor legado que un armador de sueños puede dejar.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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