Miércoles, 26 de agosto de 2026
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Adiós al Negro Rada: el último gran caudillo del candombe que se crió entre Montevideo y Buenos Aires

A los 83 años murió el cantante y compositor uruguayo que durante más de seis décadas llevó el ritmo afro rioplatense a escenarios, discos y calles de toda la región. Artistas argentinos de todas las generaciones lo despidieron con palabras encendidas y recuerdos entrañables.

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Julia KaplanCultura y espectáculos · 26 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura
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Tengo un candombe para Gardel, así decía una de las canciones más queridas de Rubén El Negro Rada, y esa síntesis imposible entre el payador y el tambor bien puede servir para despedirlo: porque el músico uruguayo que murió este miércoles a los 83 años, tras casi un mes internado por una neumonía que su cuerpo ya no pudo doblar, fue justamente eso, un puente vivo entre la tradición más profunda del Río de la Plata y la música popular que sonó en radios, discos y fogones de toda la región durante más de seis décadas.

Nacido en Montevideo en los años cuarenta, Rada arrancó su carrera a principios de los sesenta, en una época en la que el candombe todavía era, para la mayoría de los oyentes, un género de calles y de llamadas, más cercano al desfile de llamadas por los barrios-sur que a las bateas de los disquerías; y sin embargo él, con su vozarrón inconfundible y su carisma arrollador, se empecinó en llevarlo a los escenarios grandes, a las grabaciones de estudio y a la memoria colectiva de varias generaciones que, sin saberlo, terminaron tarareando Botija de mi país, esa joyita escrita a cuatro manos con Eduardo Mateo que con el tiempo se volvió algo así como un himno extraoficial de la cultura oriental y que, como verán, mucho tiene que ver también con esta historia.

Una despedida con acceso libre en el Palacio Legislativo

Su velatorio se realizará en el Palacio Legislativo de Uruguay, con entrada abierta para todo el público que quiera acercarse a despedirlo, una decisión que no es menor y que habla mucho del lugar que Rada supo ganarse en el cariño popular: el de un artista que nunca se subió a un pedestal ni se quiso diferente de la gente que lo iba a ver, y que por eso merece este tipo de despedidas colectivas, de esas en las que una nación entera siente que pierde a alguien de la familia.

El lazo profundo con la música argentina

En la Argentina, Rada tejió vínculos que atravesaron generaciones y estilos muy distintos entre sí, y basta recorrer los mensajes que aparecieron en las últimas horas para entender la magnitud de ese lazo: Fito Páez contó en su libro autobiográfico Infancia y Juventud cómo lo conoció de adolescente en un local porteño cerca de Corrientes y Callao, y cómo de ese primer encuentro salió una amistad de toda la vida que el propio rosarino resumió con una frase demoledora, La familia Rada es la familia Páez, y agregó, todavía sacudido por la noticia, Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música, de la risa, el swing y la alegría, una definición que, me animo a decir, captura mejor que cualquier nota necrológica el espíritu de un tipo que parecía vivir cada show como si fuera el último y cada entrevista como si estuviera hablando con un amigo de toda la vida.

“Lo más grande del Uruguay como artista, como persona, como amigo.”Natalia Oreiro
  • Gustavo Santaolalla, que lo definió como artista extraordinario, de múltiples talentos, y aseguró que tu voz y tu bella persona quedan para siempre con nosotros.
  • Valeria Lynch, que recordó su calidez humana y el lugar que ocupó en la escena regional durante décadas.
  • Los Auténticos Decadentes, que resaltaron su aporte al cruce entre el candombe, el rock y el pop rioplatense.
  • Charly García y Nito Mestre, que sumaron mensajes personales en los que subrayaron su música, su humor y su generosidad en el trato con colegas más jóvenes.

El legado de un género y de una forma de estar en escena

Más allá de la tristeza del momento, lo que a mí me queda dando vueltas es la dimensión del legado: Rada no fue solo un cantante con muy buena voz ni un compositor prolífico, que lo fue, sino alguien que ayudó a instalar en el imaginario compartido del Río de la Plata la idea de que el candombe, con sus tambores, sus comparsas y su linaje afro, podía convivir con el rock, con el jazz, con la canción de autor y hasta con el tango, sin perder por eso ni un milímetro de su identidad, y eso es algo que muy pocos artistas pueden decir que lograron a lo largo de toda una carrera.

Si todavía no lo escucharon con calma, les recomiendo como primera estación Botija de mi país, ese tema que escribió con Mateo y que tiene esa mezcla tan rara de melancolía y de orgullo que a mí, cada vez que lo pongo, me parece el mejor retrato posible del Uruguay que Rada llevaba adentro, ese país querido y un poco roto que él nunca dejó de cantar ni siquiera cuando la industria le daba la espalda; y después, claro, dense el gusto de buscar Tengo un candombe para Gardel, Cha-cha muchacha y Ayer te vi, que son las otras canciones con las que muchos de nosotros crecimos sin saber del todo que estábamos escuchando a un gigante que se estaba terminando, y que ahora, con su partida, nos deja un poco más solos pero también un poco más acompañados por todo lo que supo dejar.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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