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Adiós, Galo: Monfils le puso el moño a su historia neoyorquina y se fue como vino, con una sonrisa

El francés de 40 años cayó ante Learner Tien en segunda ronda del US Open, pero se llevó el cariño eterno del Louis Armstrong en una jornada que ya es parte de la leyenda del tenis.

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Lucas EtcheverryDeportes · 4 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Señoras y señores, hay finales que duelen y finales que emocionan. Lo de Gaël Monfils en el Louis Armstrong fue de los segundos. El galo cerró este jueves su paso por los Grand Slams con una derrota por 6-3, 4-6 y 6-3 frente al estadounidense Learner Tien, en la segunda ronda del US Open 2026, pero se fue ovacionado de pie por un estadio que no paró de corear su nombre ni un solo instante. Pocas despedidas más lindas se vieron en Flushing Meadows.

Veintitrés años entre ceja y ceja

Porque seamos sinceros: lo de Monfils en Nueva York ya era una novela antes de que terminara el match point. El francés pisó el complejo por primera vez en 2003, cuando todavía era un pibe que venía a probar suerte en el torneo juvenil. Este jueves, con 40 recién soplados (el estadio le había cantado el feliz cumpleaños apenas 48 horas antes), volvió a pararse en la misma cancha para jugar su último compromiso en un major. Una vida entera entre la línea de saque y la red, con el cuerpo como escudo y la sonrisa como bandera.

El arranque en el cuadro principal data de 2005, cuando un Djokovic en pañales lo derrotó en cinco sets en primera ronda. De ahí en más, Monfils construyó una identidad que trascendió los resultados: el sexto puesto del ranking en noviembre de 2016, los trece títulos entre certámenes ATP 500 y ATP 250, y sobre todo ese tenis acrobático, eléctrico, de pisada larga y revés a una mano que parecía pintado con fibrón. Más showman que estratega, más atleta que táctico, el francés se ganó un rincón propio en la memoria del circuito.

“Vine aquí en 2003 para el torneo juvenil por primera vez, y aquí estoy en 2026, así que ha sido un viaje larguísimo. Ustedes son mi segundo mejor público, por supuesto después de París, pero están allá arriba.”Gaël Monfils, en su discurso al público del Louis Armstrong

Una salida a la altura del personaje

La eliminación en sí no fue una sorpresa: Tien, estadounidense de nacimiento y apellido para recordar, venía con ritmo y con el empujón de la localía. Pero el resultado quedó enseguida en un segundo plano. Apenas Monfils dejó caer la última pelota, las tribunas empezaron a cantar su nombre con esa cadencia que tienen los recitos cuando se vuelven rituales. En la pantalla gigante del Louis Armstrong desfilaron los mejores momentos de su paso por el US Open, y desde la organización le entregaron una plaqueta que vale más que cualquier trofeo: el reconocimiento de una cancha que lo adoptó como propio.

Cuando tomó el micrófono, el francés hizo lo que mejor le sale: hablar con el corazón en la mano. Repasó el arco completo de su carrera neoyorquina, agradeció el cariño de la gente y se definió como lo que siempre fue: un espectáculo ambulante que también ganaba partidos. Ha sido un absoluto honor para mí jugar todos estos años frente a ustedes, intentar dar lo mejor de mí, tratar de ofrecer un tenis de alto rendimiento, pero también darles un gran espectáculo, cerró, antes de levantar la vista al cielo del estadio y despedirse con un gracias, Nueva York que sonó a promesa eterna.

El legado de Galo

  • Un tennis único: acrobacias, defensas imposibles y un revés a una mano que ya es reliquia.
  • 26 Grand Slams jugados desde 2005, con un debut ante Djokovic en cinco sets.
  • Sexto del mundo en noviembre de 2016, techo de su carrera en el ranking ATP.
  • 13 títulos individuales entre ATP 500 y ATP 250, con trofeos en cuatro continentes.
  • 40 años y una sonrisa: la edad no le torció el carácter ni la piernas.
  • Una conexión con el público que pocos jugadores en la historia del tenis lograron construir.

Así se fue Monfils del US Open: con la derrota en el bolsillo pero con el cariño en el alma. El próximo compromiso del circuito grande ya no lo tendrá en la cancha, pero cada vez que alguien hable de tenis espectáculo, de jugadores que regalaron jugadas imposibles y de esos rivales a los que jamás podías dejar de mirar, el nombre del francés aparecerá en la conversación. Esa es, en el fondo, la verdadera victoria: irse y que la gente pida un minuto más.

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