Apnea del sueño en mujeres: cuando el cansancio de día esconde un trastorno que a veces no ronca
Despertares reiterados, dolor de cabeza al levantarse y somnolencia diurna pueden ser señales de apnea obstructiva del sueño, un trastorno que en las mujeres suele presentarse sin los ronquidos fuertes que se asocian con el cuadro y que, según las estimaciones, podría estar sin diagnóstico en hasta tres de cada cuatro afectadas. Embarazo y menopausia suman riesgo y piden controles específicos.

En el consultorio de una clínica de barrio en Morón, una docente de 47 años le cuenta al médico que hace más de un año se levanta como si no hubiera dormido. Le duele la cabeza, le cuesta concentrarse en las aulas y, por las tardes, se le cierran los ojos sin aviso. Probó infusiones, bajó el café y hasta se obligó a acostarse más temprano. Nada le cambió el humor ni el agotamiento. Tampoco ronca, al menos eso le dicen en su casa. Esa última frase, justamente, suele ser la que retrasa el diagnóstico de apnea obstructiva del sueño en las mujeres.
Porque la apnea no siempre llega con el ronquido estrepitoso que todos imaginan. Una revisión reciente sobre el trastorno estima que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico y que cerca del 40 por ciento no presenta las manifestaciones más conocidas, entre ellas los ronquidos intensos y los ahogos nocturnos. Para ellas, el cuadro se disfraza de cansancio crónico, de insomnio, de un arranque de menopausia o de una temporada de estrés.
Señales que no hay que dejar pasar
- Somnolencia durante el día y necesidad de luchar contra el sueño en horarios de trabajo o de manejo.
- Dolor de cabeza al despertar, sensación de no haber descansado y boca seca por la mañana.
- Dificultad para iniciar el sueño, despertares reiterados o un sueño que se siente liviano y fragmentado.
- Cambios de ánimo, irritabilidad, olvidos frecuentes y baja concentración.
- Ronquidos, pero más leves que en los varones, muchas veces referidos por la pareja como un ‘ruidito’ o un resoplido, según relataron a este portal distintas pacientes atendidas en centros de sueño de la provincia de Buenos Aires.
Cuando aparecen varias de estas señales en forma sostenida, conviene consultar. Y acá viene un dato clave: los cuestionarios que suelen usarse para estimar el riesgo, los que cruzan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello, están pensados a partir de los patrones masculinos del trastorno y tienden a identificar menos casos entre mujeres. Lo mismo pasa con algunas pruebas domiciliarias: pueden no registrar bien las alteraciones respiratorias que se concentran en la fase REM del sueño, justamente donde el cuadro se hace más notorio en ellas.
Por eso, si el malestar continúa pese a un primer resultado sin alteraciones, no alcanza para descartar apnea. El médico puede pedir una polisomnografía en un centro especializado, donde se observan durante toda la noche la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos del cuerpo y las distintas fases del descanso. Esa información es la que permite confirmar o descartar el cuadro y, sobre todo, descartar que las pausas en la respiración se repitan mientras la paciente duerme.
Lo que ocurre durante esas pausas es simple de explicar y grave si se cronifica: la garganta reduce o bloquea de manera repetida el paso del aire, el oxígeno en sangre baja y el organismo responde con microdespertares que la persona no recuerda. Con el tiempo, esos cortes se asocian con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, motivos por los que la apnea se cruza con el resto de la historia clínica y no se trata como un tema aislado.
Embarazo y menopausia, dos ventanas de riesgo
El embarazo es uno de los momentos donde la apnea puede aparecer de nuevo o empeorar la que ya estaba. El abordaje, coinciden los especialistas, se coordina entre el equipo obstétrico y un médico de sueño, y si hay una cirugía programada conviene avisar al equipo médico porque cambia el manejo anestésico. En cuanto al tratamiento con CPAP, el aparato que mantiene abierta la vía respiratoria con una presión de aire suave, suele indicarse cuando el cuadro es moderado o severo y los síntomas no mejoran con otras medidas, como controlar el peso, dormir de costado, evitar el alcohol a la noche y tratar la congestión nasal.
La docente de Morón, cuenta ella mientras espera los resultados de su estudio nocturno, dice que lleva años ‘funcionando a base de mate y voluntad’. Ahora sabe que el cansancio no era una exageración ni un problema de actitud: era una señal. Esa es, en definitiva, la idea que los especialistas buscan instalar entre las mujeres: escuchar el cuerpo cuando pide ayuda, el síntoma no parezca el clásico, y pedir la evaluación adecuada antes de que el trastorno se cronifique.
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