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Arrayanes de Quetrihué: la joya canela del Nahuel Huapi que se defiende a fuerza de senderos y agua

La península donde los arrayanes crecen con un porte excepcional abre dos formas de llegar: a pie, en bicicleta de montaña o embarcado en el lago. Un recorrido por un ecosistema singular de los bosques andino-patagónicos y las claves para visitarlo sin dañarlo.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía · 7 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

En la península de Quetrihué, sobre las costas del lago Nahuel Huapi, se concentra una de las formaciones más llamativas de los bosques andino-patagónicos: un bosque de arrayanes donde los troncos, al desprender su corteza en pequeñas placas, dejan al descubierto tonalidades canela, rojizas y anaranjadas que parecen cambiar de color según la humedad y la luz del día, hasta generar la sensación, en ciertos tramos, de que el follaje queda iluminado desde adentro.

¿Por qué este bosque es diferente a otros arrayanales patagónicos?

El arrayán, identificado con el nombre científico Luma apiculata, es una especie nativa de los bosques templados patagónicos y aparece distribuida en distintos puntos de la cordillera. Lo que distingue a Quetrihué no es la presencia del árbol en sí, sino la combinación de densidad, porte y continuidad que alcanza en esta península del Parque Nacional Nahuel Huapi, donde convive con otras especies del bosque andino y configura un ecosistema que rodea la totalidad de la costa lacustre, con el lago como límite permanente y la montaña como marco.

¿Cómo se puede llegar hasta el bosque?

  • A pie o en bicicleta de montaña, por el sendero que parte desde la zona de Bahía Mansa y se interna progresivamente en distintos ambientes del bosque; las modalidades habilitadas varían según la temporada.
  • Por agua, navegando el lago Nahuel Huapi en una excursión lacustre que permite ver la península, la costa boscosa y la cordillera como parte de un mismo panorama.
  • Combinando ambos trayectos: llegar por una vía y volver por la otra, una opción frecuente entre quienes quieren evitar la repetición del recorrido y experimentar el bosque desde las dos perspectivas.

Desde Neuquén capital, el camino terrestre implica tomar la ruta nacional 22, luego la 237 y por último la ruta nacional 40, con un recorrido aproximado de 470 kilómetros hasta Villa La Angostura, la localidad que funciona como puerta de entrada al Parque Nacional Nahuel Huapi y desde donde se organizan tanto las salidas a pie como las excursiones lacustres hacia la península.

¿Qué condiciones hay que verificar antes de viajar?

  • El estado actual de las rutas, ya que en invierno y durante la primavera la nieve puede afectar la transitabilidad de los caminos de acceso.
  • Las condiciones meteorológicas, dado que el clima en la zona puede cambiar con rapidez y condiciona tanto la caminata como la navegación.
  • La disponibilidad de los servicios de navegación, que varían según la temporada y cuyo funcionamiento conviene confirmar antes de planificar la excursión por el lago.

¿Qué reglas de visita responsable rigen en el lugar?

La administración del parque pide a los visitantes mantenerse en los senderos señalizados, no extraer ningún elemento natural —ni ramas, ni cortezas, ni frutos— y retirar todos los residuos generados, mientras que la cartelería instalada en el área marca los límites de circulación permitidos y el estado de los sectores habilitados al uso público, un esquema de manejo que apunta a preservar tanto la supervivencia del arrayán como las condiciones del ecosistema completo que lo rodea en la península.

¿Qué falta hacer para proteger este ecosistema?

Aunque la presencia del Parque Nacional Nahuel Huapi otorga un marco de protección formal, el bosque de Quetrihué sigue expuesto a la presión turística estacional, al cambio climático que modifica los regímenes de humedad y temperatura del bosque templado patagónico y a la eventual llegada de especies invasoras que podrían alterar el equilibrio del sistema. Lo que falta, en definitiva, es reforzar los mecanismos de monitoreo ambiental de la península, sostener la inversión en infraestructura de senderos y cartelería para ordenar la circulación de visitantes, profundizar la investigación científica sobre la dinámica del arrayán en este enclave particular y avanzar en campañas de educación ambiental que conviertan al visitante en parte activa de la defensa del bosque, porque un ecosistema de estas características no se conserva solo por estar dentro de un parque, sino por la combinación sostenida de controles efectivos, conocimiento actualizado y conciencia colectiva sobre lo que está en juego cuando se camina entre los arrayanes.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía

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