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Miércoles, 21 de octubre de 2026
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Carrie llega al colegio con una biblioteca en la cabeza: la literatura como motor de la nueva serie

La adaptación televisiva de la novela de Stephen King convierte a los libros en el eje del despertar de su protagonista, con guiños a obras censuradas y un detalle que conecta la ficción con el próximo film de su realizador.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Carrie llega al colegio con una biblioteca en la cabeza: la literatura como motor de la nueva serie

"¿Establecemos una nueva regla de vida a partir de esta noche: intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario?". La frase, que pertenece a "El pajarito blanco" de J. M. Barrie, es la carta de presentación que Carrie White elige para su primer día en el instituto, después de una vida entera encerrada en su casa bajo la tutela de su madre, Margaret White, una fanática religiosa convencida de que el mundo exterior es una fuente permanente de pecado. Nadie en el aula entiende a qué viene esa cita, ni por qué la chica la recita con esa mezcla de ingenuidad y esperanza. La escena, breve y precisa, le sirve a la serie para instalar de un solo golpe el corazón de su propuesta: en esta versión de "Carrie", los libros no son decoración, son el camino por el que la protagonista empieza a asomarse al mundo.

Cinco libros censurados como acto de rebeldía

Educada en casa hasta entonces, Carrie nunca pisó una escuela ni, en los hechos, tuvo acceso libre a la lectura. Cuando el orientador del colegio, Peter Morton, la acompaña hasta la biblioteca, la cámara se detiene en cada uno de los títulos que la adolescente elige llevarse consigo: "El cuento de la criada" de Margaret Atwood, "Alguien voló sobre el nido del cuco" de Ken Kesey, "Sé por qué canta el pájaro enjaulado" de Maya Angelou, "Buscando a Alaska" de John Green y "Anoche en el Telegraph Club" de Malinda Lo. Lo que en apariencia parece una selección antojadiza es en realidad una declaración de intenciones: todos esos libros fueron objeto de intentos de prohibición en escuelas y bibliotecas de Estados Unidos por abordar, cada uno a su manera, la sexualidad, el racismo, la salud mental, la libertad individual o el cuestionamiento de la autoridad. Para una chica a la que su madre le ocultó precisamente esos temas, leerlos se vuelve un gesto casi clandestino de emancipación.

  • "El cuento de la criada" (Margaret Atwood): distopía sobre el control del cuerpo femenino y la reproducción, blanco habitual de pedidos de censura.
  • "Alguien voló sobre el nido del cuco" (Ken Kesey): novela sobre pacientes psiquiátricos que cuestionan el poder de una institución autoritaria.
  • "Sé por qué canta el pájaro enjaulado" (Maya Angelou): memorias sobre el racismo y la violencia sexual sufrida por una mujer negra en el sur de Estados Unidos.
  • "Buscando a Alaska" (John Green): novela juvenil que explora el duelo, el deseo y los límites del mundo adulto.
  • "Anoche en el Telegraph Club" (Malinda Lo): relato sobre el despertar lésbico de una adolescente china-estadounidense en los años cincuenta.

Esa camada de referencias arma lo que podríamos llamar una capa interna del relato: los libros van marcando, episodio a episodio, el arco de crecimiento de Carrie, que pasa de recitar a Barrie con cara de no entender por qué nadie le sigue el juego a ir incorporando un vocabulario y unas ideas que la enfrentan, cada vez más de frente, con la educación sentimental y política que su madre le negó. El procedimiento no es nuevo en la historia del género -basta pensar en cómo "Fahrenheit 451" o incluso el propio "It" de King usaron la lectura como gesto de resistencia-, pero la serie lo lleva hasta sus últimas consecuencias al convertir la elección de cada título en un mensaje cifrado sobre lo que la protagonista está empezando a pensar.

El guiño a "El Exorcista" y la conexión con el futuro del director

El segundo capítulo reserva, además, un detalle que los espectadores más atentos pueden haber dejado pasar: alrededor del minuto 31, en una escena en la biblioteca del colegio, otra estudiante aparece sentada leyendo "El Exorcista" de William Peter Blatty. Nada en el guion la señala especialmente, no hay diálogo que la destaque ni un primer plano que la enfatice. El guiño funciona, sin embargo, como un puente hacia afuera de la serie: el director tiene en plena producción "El Exorcista: Mártires", una nueva entrega de la franquicia con Scarlett Johansson y Chiwetel Ejiofor en los papeles principales, cuyo estreno en cines está previsto para marzo de 2027. La imagen, fugaz, termina de confirmar que la camada de referencias que la serie propone es doble: por un lado, las novelas y los ensayos que van delineando a Carrie por dentro; por el otro, los lazos con otras obras del género y con los proyectos en curso de su propio realizador, que parecen querer dejar la firma repartida en varios de los títulos que marcaron la literatura de terror y de lo sobrenatural de las últimas décadas.

A mí, que vengo siguiendo cada nueva adaptación de King con la misma mezcla de curiosidad y recelo de siempre, esta serie me devolvió algo que hacía falta: la sensación de que la historia de Carrie White todavía puede decirnos algo, y de que los libros, incluso cuando los eligen personajes adolescentes en una biblioteca de, siguen siendo una de las formas más concretas que tenemos de ejercer la libertad. Si todavía no la empezaron, mi recomendación es que le den una oportunidad al menos hasta el final del segundo episodio: es ahí donde la propuesta se termina de revelar y donde uno entiende, recién entonces, hacia dónde quiere ir la historia.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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