Cerúndolo se topó con la muralla belga y se quedó otra vez en la puerta de los cuartos
Francisco cayó ante Blockx por 6-3, 4-6, 7-5 y 7-5 en octavos del US Open, en un partido donde las estadísticas de quiebre desnudaron la diferencia clave.

Salgan a la cancha y miren bien, muchachos: en el tenis de Grand Slam hay una puerta que se llama cuartos de final, y Francisco Cerúndolo ya lleva tres llaves que no puede girar. Esta vez, en el US Open, la cerradura se llama Alexander Blockx, un belga de 21 años que juega como si tuviera una soga atada a la línea de fondo y la usara para devolver todo.
El partido duró dos horas y diecinueve minutos y se lo llevó el europeo por 6-3, 4-6, 7-5 y 7-5. Cuatro sets, dos tiebreaks que no llegaron, y una sola certeza: cuando el reloj apretaba, Blockx no temblaba. Cerúndolo, sí.
El primer set, donde se ganó la historia
A los argentinos nos gusta decir que el primer set es donde se planta la personalidad. Y acá la personalidad la plantó el belga, no nos engañemos. Cerúndolo generó ocho chances de quiebre y concretó una sola. Una, che. Blockx, en cambio, tomó las dos primeras que tuvo y las metió adentro como si fueran goles en una final. Primer set en el bolsillo, 6-3, y mensaje claro: en este court no se regala nada.
El segundo parcial mostró a otro Francisco. Quebró en el primer game, sostuvo su servicio y se acordó de algo que tenía medio olvidado: subir a la red. Ganó 13 de los 15 puntos que jugó arriba, una estadística de potrero, y se llevó el set por 6-4 para empatar el partido. Seamos sinceros: por un rato, pareció que el argentino encontraba la fórmula.
Pero en el tercero y el cuarto, la fórmula se evaporó. Blockx recuperó el libreto, se quedó con los dos sets por 7-5 y dejó a Cerúndolo mirándolo desde el otro lado de la red con esa cara de final que ya conocemos.
- Cerúndolo: 34 golpes ganadores y 50 errores no forzados.
- Blockx: 36 ganadores y 44 errores no forzados.
- Quiebres: el argentino convirtió 3 de 17; el belga, 6 de 12.
- Puntos totales: 137 para Blockx contra 133 de Cerúndolo.
Los números no mienten, y tampoco engañan: la diferencia estuvo en los momentos clave. Cerúndolo tuvo casi el doble de oportunidades de quiebre que su rival y apenas pudo aprovechar la mitad. Eso, en un partido de estas características, es como tirar penales con los ojos cerrados.
El argentino ya había llegado a octavos en el Australian Open y en Roland Garros. Tres veces en la puerta, tres veces con la mano en el picaporte y sin poder girar. La barrera de los cuartos sigue ahí, intacta, esperando 2027 para ver si Cerúndolo vuelve a la carga o si la muralla belga se convierte en su propio Muro de Berlín tenístico.
El próximo partido del circuito de Grand Slam ya está en el horizonte: el Australian Open 2026, en enero, donde Cerúndolo volverá a intentarlo. Habrá que ver si esta vez la puerta, finalmente, se abre.
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