Cierre de Coopershoes en Las Flores: 150 operarios en la calle y una marca global que se fue sin avisar
La fábrica que hacía zapatillas All Star cerró sus líneas y quedó con apenas cinco administrativos. Los trabajadores apuntan a la caída del consumo y a la apertura de importaciones como las dos perillas que apagaron la producción.

La planta de Coopershoes instalada en el Parque Industrial de Las Flores, en el centro de la provincia de Buenos Aires, dejó de producir. La firma, que durante años fabricó zapatillas Converse All Star y también calzado para las marcas Grimoldi y Pony, desvinculó a la totalidad de sus operarios de línea y mantiene en funciones administrativas a apenas cinco personas. En su mejor momento, el establecimiento llegó a emplear cerca de 150 trabajadores en condiciones formales; hoy la línea de montaje está vacía y las persianas metálicas permanecen bajas en el sector de producción.
El desenlace fue anunciado de manera escalonada y no como una decisión repentina. A comienzos de agosto la compañía ya había reducido su plantilla a unos 30 empleados, después de una serie de despidos parciales que se fueron acumulando desde fines de 2023. El 31 de agosto, la Unión de Trabajadores del Calzado de la República Argentina (UTICRA) comunicó que el cierre definitivo de la planta se daba como un hecho consumado y que no quedaba margen para revertir la situación en el corto plazo. En paralelo, la compañía confirmó que había dejado de recibir pedidos de Converse, lo que en la práctica le quitó el principal motor de actividad a las líneas de ensamblado.
¿Por qué cerró la fábrica que hacía las All Star?
El propio titular de la empresa, Markus Heyden, describió en declaraciones públicas realizadas el 20 de agosto las dos causas que, según su mirada, se combinaron para hacer inviable la operación local: la caída en la demanda interna y la apertura de las importaciones de calzado terminado. El empresario comparó el escenario actual con el ciclo 2015-2019, cuando existían restricciones más duras al ingreso de productos del exterior, y advirtió que el presente es todavía más complejo. "Hoy existen dos problemas, uno es la caída del consumo de la gente, y además de la baja en la demanda, la apertura de importaciones", señaló, y resumió el panorama con una imagen contundente: "No vemos la luz al final del túnel, y si la vemos no sabemos si es un tren de frente".
La versión empresaria, sin embargo, choca con los números que maneja el gremio. Daniel Coronel, delegado de UTICRA en el sector calzado, recordó que en diciembre de 2023 había 322 trabajadores registrados en las fábricas de calzado de Las Flores y que desde entonces la cantidad de puestos fue cayendo de manera sostenida, con una aceleración visible a partir de junio de 2024. A nivel nacional, el sindicato estima que el sector perdió el 80% de sus trabajadores en los últimos años. Para Coronel, el derrumbe responde a un cuadro más amplio, en el que el ajuste del presupuesto de los hogares redefine prioridades de consumo: "El que hoy tiene un peso lo usa para poder alimentarse", afirmó, en línea con la advertencia de que gastos fijos como servicios y alquileres terminaron de licuar la demanda de bienes durables como el calzado.
¿Qué falta para evitar que otros pueblos industriales terminen igual?
Por ahora, en Las Flores no hay un plan oficial detallado con plazos, montos ni instrumentos concretos para reinsertar laboralmente a los operarios despedidos ni para reemplazar el vacío productivo que dejó Coopershoes. La compañía entregó las indemnizaciones correspondientes, según deslizaron fuentes cercanas a la negociación, pero ese money shot no alcanza para devolverle a una ciudad del interior bonaerense la dinámica de empleo que sostenía el Parque Industrial. Mientras tanto, las marcas globales que tercerizan producción en países periféricos siguen pudiendo retirar sus pedidos sin asumir costos por el impacto territorial, y los trabajadores formales del calzado suman un capítulo más en una crisis que el gremio describe como terminal. Lo que falta, en concreto, es un esquema de protección industrial que regule la decisión de las marcas de dejar de fabricar en el país, herramientas financieras y de reconversión para las plantas que pierden clientes, y una política comercial que ponga límites efectivos al ingreso de importaciones en sectores con capacidad instalada ociosa. Sin ese andamiaje, cada nueva colección de una marca internacional puede convertirse, como en Las Flores, en la última que se fabrique acá.
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