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Créditos en mora: el 38,8% de los jóvenes con financiamiento abierto no puede pagar, pero su deuda pesa apenas el 3,1% del total irregular

Un informe de Eco Go sobre la Central de Deudores del Banco Central muestra que 5,52 millones de personas acumulan atrasos por $17,98 billones; los prestadores no bancarios, donde se incluyen fintech y casas de comercio, superan a los bancos en cantidad de incumplidores.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía · 20 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

El dato más crudo de la radiografía que acaba de difundir la consultora Eco Go a partir de la Central de Deudores del Banco Central no es el monto total de la mora, que a julio asciende a 17,98 billones de pesos, ni la cantidad de personas alcanzadas por algún incumplimiento, que llega a 5,52 millones, sino un porcentaje que resume una paradoja generacional: el 38,8% de los menores de 24 años que alguna vez pidieron un crédito figura hoy con deudas en situación irregular, la proporción más alta de toda la pirámide etaria, aunque ese mismo segmento aporta apenas el 3,1% del dinero atrasado en el sistema. La lectura simultánea de ambos números revela que los más jóvenes no son quienes más adeudan en términos absolutos, pero sí quienes más proporcionalmente fallan en cumplir con sus compromisos financieros.

¿Por qué los jóvenes moren más pero deben menos?

La explicación parece menos misteriosa cuando se ordenan los tramos de edad. El 38,8% de incumplimiento entre los menores de 24 años baja al 35,7% en la franja de 25 a 34 años, se reduce al 30% entre los 35 y los 44 y termina en el 24% para los de 45 a 54. La curva, en otras palabras, desciende a medida que aumenta la edad y la consolidación laboral de los deudores. Lo que ocurre es que, sobre un universo de 1,25 millones de personas menores de 24 años con algún crédito abierto, la mayoría maneja montos chicos: celulares, planes de pago en casas de electrónica, préstamos personales de bajo tope, financiaciones al consumo que las plataformas digitales ofrecen en pocos clics y que se vuelven inabordables ante el primer shock de ingresos. Cuando esos saldos impagos se traducen a billones de pesos, dan 0,55 billones, lo que arroja ese 3,1% de incidencia sobre el total de la mora. La fotografía, entonces, combina una juventud sobreendeudada en proporción y un sistema donde el peso del dinero atrasado se concentra en adultos de mayor inserción productiva.

¿Quiénes cargan con el grueso de los $17,98 billones impagos?

La respuesta cambia cuando la lupa se posa sobre los montos y no sobre las cantidades de personas. Los datos procesados por Eco Go muestran que los individuos de entre 35 y 44 años son los que más dinero acumulan en mora: 5,55 billones de pesos, equivalentes al 31% del total. Les siguen de cerca los de 45 a 54 años, con 4,39 billones. Recién después aparecen los mayores de 55, mientras que el tramo de 25 a 34 años, pese a tener una proporción de morosos casi tan alta como la de los más jóvenes, queda lejos en términos de plata acumulada. La consecuencia operativa es incómoda para cualquier política de alivio financiero: intervenir sobre el universo de mayor incumplimiento relativo no mueve la aguja de la mora agregada, porque los saldos chicos representan una porción menor de la cartera irregular; atender los saldos grandes, en cambio, implica concentrarse en adultos formados con hipotecas, prendarios y tarjetas que, por una crisis de ingresos, dejaron de pagar.

¿Bancos o fintech: dónde se concentran los morosos?

El otro hallazgo que cruza de lado el informe es la superioridad numérica de los prestadores no bancarios entre los incumplidores. Eco Go contabiliza 3,77 millones de personas con mora en entidades no bancarias, un universo que incluye fintech, casas de electrodomésticos, tiendas de indumentaria y plataformas de crédito al consumo. En los bancos, la cifra desciende a 3,08 millones. La diferencia entre ambos tipos de acreedor no es menor: por primera vez, según la metodología del estudio, los proveedores no financieros superan a las entidades bancarias tradicionales en cantidad de personas con algún incumplimiento. Las dos cifras, aclaran los autores, no se suman de manera directa porque una misma persona puede aparecer en ambos padrones; de hecho, sobre 20,73 millones de deudores totales relevados, 7,7 millones tienen simultáneamente financiamiento bancario y no bancario, mientras que 4,97 millones mantienen deudas exclusivamente con prestadores no financieros.

¿Qué mide realmente estar en mora hoy?

El informe abre una última advertencia conceptual que conviene no pasar por alto: figurar en la Central de Deudores no equivale a haber dejado de pagar todo. Las 5,52 millones de personas identificadas como morosas acumulan, en paralelo, 6,91 billones de pesos en deudas que permanecen al día con otras entidades. El registro, por lo tanto, refleja incumplimientos parciales: hay cuotas que se pagan y cuotas que se atrasan, compromisos con la banca que se honran mientras con la fintech se cae en mora, y viceversa. Esa fragmentación, que las estadísticas agregadas tienden a invisibilizar, es la que vuelve tan difícil cualquier diagnóstico y, sobre todo, cualquier solución uniforme, porque la misma persona puede ser, al mismo tiempo, un buen cliente para un acreedor y un deudor problemático para otro.

¿Qué falta hacer para que la mora deje de crecer?

La radiografía deja dos asignaturas pendientes que ni el Banco Central ni los reguladores sectoriales han terminado de abordar con la profundidad que el cuadro exige. La primera es de protección al consumidor financiero joven: si el 38,8% de los menores de 24 años con crédito abierto cae en mora, el problema no es solo de capacidad de pago sino de diseño de productos que otorgan financiamiento sin evaluar adecuadamente ingresos ni sostenibilidad de la deuda, y la respuesta regulatoria todavía es reactiva, no preventiva. La segunda es de segmentación de políticas: con el 31% de la mora concentrada en personas de entre 35 y 44 años, cualquier programa de refinanciación masiva debería diseñarse pensando en adultos con capacidad de recuperación laboral, no en los jóvenes cuyo monto es chico pero cuyo volumen es alto, porque son dos perfiles de deudor con lógicas completamente distintas. Mientras esa diferenciación no se haga, la mora seguirá creciendo en silencio y el sistema seguirá mostrando, como ahora, una mayoría de incumplimiento que convive con una minoría de plata atrasada, una combinación tan estadísticamente reveladora como políticamente incómoda de enfrentar.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía

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