Cuando la culpa no se va: el duelo que se queda con nosotros
Especialistas explican por qué el dolor puede quedarse sin resolver, por qué la culpa aparece aun en quienes cuidaron sin descanso y cómo el resentimiento puede durar años.

Hay frases que se dicen con la mejor intención después de una muerte y que, para quien carga el dolor por dentro, no alcanzan. Frases como « está en un lugar mejor » o « el tiempo lo cura todo » reconfortan desde afuera, pero no siempre acompañan el proceso interno de quien perdió a alguien cercano. Entender que la muerte forma parte de la vida, según explicó la terapeuta familiar Yuli de Sosa, no borra las reacciones emocionales que deja una pérdida concreta.
Entre la emoción y la razón
De Sosa describió el duelo como un diálogo entre la emoción y la razón. Implica aceptar que la persona ya no está físicamente, pero que sigue presente en la memoria, en los aprendizajes y en los vínculos que dejó. Cuando se suprime la tristeza y se muestra hacia afuera que la pérdida ya fue superada, mientras por dentro el dolor sigue activo, puede darse lo que se conoce como duelo no resuelto.
“Hay que dejar vivir la emoción de la tristeza, no suprimirla.”Yuli de Sosa, terapeuta familiar
La culpa que no se disuelve
El sacerdote Edwin Baños señaló que la culpa es una de las cargas más frecuentes después de una muerte, y que aparece incluso entre quienes acompañaron de forma constante a un familiar enfermo o anciano. La sensación de que siempre se pudo hacer más es habitual. Se intensifica cuando hubo distancias, llamadas que no llegaron a hacerse, visitas postergadas o conflictos que quedaron abiertos, y puede reaparecer en fechas significativas o en las visitas al cementerio sin que el tiempo la disuelva por completo.
Cuando la muerte fue por suicidio, la culpa adquiere otra dimensión. De Sosa describió las preguntas que quedan entre quienes sobreviven: si pudieron ver señales previas y si una intervención a tiempo habría cambiado el desenlace. Según dijo, esas preguntas difícilmente se silencian solas.
El resentimiento que sigue entre los vivos
- Guardar un recuerdo con afecto, según la diferencia que planteó Baños.
- Cargar con heridas vinculadas a conflictos familiares que no llegaron a resolverse.
- El perdón como una forma de soltar lo que afecta a quien sigue vivo, más que un gesto hacia quien ya no está.
Baños diferenció entre conservar un recuerdo con cariño y arrastrar heridas que quedaron sin cerrar dentro de la familia. En ese marco, planteó que el perdón puede funcionar como un modo de liberarse de lo que pesa sobre quien sigue con vida. Es una mirada que pone el foco en quienes quedan, más que en quien murió.
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