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Dinosaurios en el patio de casa: por qué Abrams defiende la rareza de Oak Street frente a Parque Jurásico

El productor admite que la comparación con la franquicia Jurásico fue inevitable, pero sostiene que el verdadero diferencial de la película de David Robert Mitchell está en la yuxtaposición entre lo cotidiano y lo prehistórico. Un repaso por los números y por las declaraciones que dejó el estreno.

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Julia KaplanCultura y espectáculos · 27 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura
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"Me encantan las películas de Jurassic tanto como a cualquiera, pero esas películas, en su mayor parte, se desarrollan en esas hermosas selvas, en esas islas lejanas": la frase pertenece a J.J. Abrams y condensa, mejor que cualquier defensa académica, la tesis con la que el productor salió a explicar por qué El final de Oak Street no encontró en la taquilla el eco que su equipo imaginaba en un primer momento. Es una película de dinosaurios, sí, pero criada en otra tradición.

La taquilla y la comparación inevitable

El número es frío y, al mismo tiempo, bastante elocuente: con un presupuesto estimado en 80 millones de dólares, la película de ciencia ficción dirigida por David Robert Mitchell y producida por Abrams a través de Bad Robot cerró su recorrido por las salas de todo el mundo con unos 89 millones de dólares recaudados. Para cualquier estándar de Hollywood, esa diferencia entre lo invertido y lo recuperado deja a la producción en una situación incómoda, porque no alcanza para hablar de éxito ni de fracaso resonante, sino de ese gris intermedio que suele traducirse, puertas adentro de los estudios, en una segunda oportunidad muy condicionada.

Y acá aparece la comparación que el propio Abrams reconoce como ineludible: Parque Jurásico, la franquicia que desde 1993 viene marcando el pulso de cualquier encuentro cinematográfico con dinosaurios. Aceptar que esa vara es la referencia del género es, también, admitir que cualquier estreno nuevo tiene que pelear contra un imaginario enorme, con su propia mitología, sus propios parques y, sobre todo, su propia geografía.

“El enfoque de David aquí consistía precisamente en la yuxtaposición de la vida familiar suburbana, absolutamente cotidiana (columpios y furgonetas de helados, piscinas elevadas y autobuses escolares) con los dinosaurios.”J.J. Abrams

El barrio como territorio propio

Para Abrams, lo que hace singular a El final de Oak Street no es un truco de marketing ni una pirotecnia visual, sino una decisión muy concreta del director: bajar a los dinosaurios del pedestal selvático y plantarlos en la calle de un barrio residencial estadounidense. En sus propias palabras, la película apostó por esa yuxtaposición entre la vida cotidiana más reconocible posible y una amenaza que, durante décadas, se asoció a islas remotas y expediciones científicas. Es la diferencia entre ver un tiranosaurio entre la vegetación tropical y encontrarlo del otro lado de una cerca con un buzón de correo al lado.

  • La franquicia Jurásico suele ubicar a los dinosaurios en islas, parques temáticos y zonas selváticas, con tono de aventura y asombro.
  • El film de Mitchell los instala en suburbios reconocibles, con detalles de vida doméstica como columpios, heladerías rodantes y colectivos escolares.
  • Para Abrams, ese corrimiento geográfico y emocional es lo que vuelve a la película atractiva frente a un público que, según su lectura, busca historias nuevas.
  • Los protagonistas Ewan McGregor y Anne Hathaway habían adelantado que el desenlace final reemplazó a un cierre más oscuro que se manejó durante el proceso creativo.

Queda, claro, la pregunta incómoda que cualquier productor prefiere no hacerse en voz alta: ¿alcanza con mudar el decorado para diferenciarse, o el público ya leyó el título, vio un dinosaurio en el afiche y lo midió con la única vara que conoce? Abrams confía en que la respuesta es la primera opción y hasta arriesga una afirmación que funciona casi como manifiesto: "Creo que la gente está deseando ver historias nuevas, historias originales". Es un deseo, más que una certeza, y los 89 millones recaudados lo dejaron flotando en el aire. Si me preguntan a mí, lo más interesante de El final de Oak Street no está en sus números sino en esa idea tan simple y a la vez tan rara de imaginar cómo reaccionaría una familia común cuando lo imposible aparece al cruzar la calle. Vale la pena darle una oportunidad en streaming, sobre todo si uno se dejó seducir por los tráileres, porque Abrams tiene razón en algo: la película cumple lo que promete.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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