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Dos pececitos argentinos que se zampan cien larvas por día y se ofrecen gratis para pelear contra el dengue

Un equipo de la Facultad de Agronomía de la UBA reparte madrecitas de agua a vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias; ya llevan más de 20.000 ejemplares entregados desde 2022.

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Carla NazarSociedad · 26 DE AGO DE 2026 · 5 min de lectura
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Tengo frente a mí a dos pececitos que, si los midiera con la mano, no me llenarían ni el pulgar. Son las madrecitas de agua, dos especies diminutas y criollas como pocos, y sin embargo se transformaron en una de las apuestas más originales que conozco para plantarle cara al dengue. La escena que me imagino mientras escribo es bien concreta y bien de acá: un patio de alguna casa en el conurbano bonaerense o en alguna provincia del norte, donde el calor no da tregua y el Aedes aegypti acecha en cada recipiente que junta agua. En ese patio, un vecino revuelve un balde con cuidado y mete adentro unos cuantos de estos animales, que se acomodan como si siempre hubieran vivido ahí, porque básicamente así fue: en charcos, en zanjas, en cualquier lugar chico y quietito donde el agua no circula. Esa es, justamente, la gracia que encontraron los investigadores de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

La historia que me cuenta Alejandro, desde Buenos Aires, empieza antes del dato nacional, como a mí me gusta contarlas. Antes de que el país encendiera las alarmas por la última temporada de dengue, hubo un equipo de la Cátedra de Acuicultura de la FAUBA que se preguntó algo bastante simple: si en los reservorios de agua donde los métodos tradicionales no llegan hay larvas de mosquito a montones, ¿por qué no probar con algo que ya existe en la naturaleza y que, de hecho, come larvas todo el tiempo? Así fue como empezaron a criar y repartir Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, las dos especies conocidas como madrecitas de agua, dentro de un programa de control biológico que arrancó en 2022 y que, lejos de quedarse en el laboratorio, salió a la calle.

Cómo funciona el operativo puerta a puerta

Lo primero que me aclara Alejandro, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto, es que no estamos hablando de un experimento raro ni de un animal exótico que tengamos que mantener con cuidados especiales. "Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad", me cuenta, con ese tono entre didáctico y distendido que tienen los que llevan años explicando lo mismo sin cansarse. Y ese es el punto clave: cada ejemplar adulto puede comerse hasta cien larvas de mosquito por día, que es un número que a mí, como vecina imaginaria de cualquiera de los lugares donde ya trabajan, me deja bastante conforme.

La ventaja que más repiten en la Facultad de Agronomía es justamente la que más cuesta conseguir con otros métodos: la adaptación a los reservorios chiquitos y de difícil acceso. Piletas de lona que nadie se anima a desagotar, bebederos de animales, estanques, canaletas tapadas, floreros de cementerio, neumáticos abandonados. Para todos esos lugares, las técnicas clásicas de fumigación o descacharrado tienen un alcance bastante limitado, y ahí es donde las madrecitas de agua se sienten como en su casa, porque esos ambientes son parecidos a los que habitan naturalmente en los ríos y arroyos de la zona.

“Las personas interesadas pueden solicitar los peces para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico.”Ana Paula Baldonedo, coordinadora del proyecto (FAUBA)

Ana Paula, que coordina el proyecto desde la Facultad, me insiste con algo que me parece importante subrayar, porque es la puerta de entrada para cualquier vecino que esté leyendo esta nota y se esté preguntando qué tiene que hacer: cualquier persona puede pedir los peces para llevárselos a su casa, sin trámites complicados y sin pagar un peso. Durante 2024 y 2025, el equipo distribuyó más de 20.000 ejemplares entre vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias. El programa funciona en el marco de UBANEX, el área de extensión universitaria de la UBA, y se articula con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO). La iniciativa fue declarada de interés ambiental en la Ciudad de Buenos Aires, lo que le dio un envión extra para llegar a más lugares.

Qué hace esta estrategia y qué no

  • Control biológico de larvas: los peces se comen las larvas del mosquito Aedes aegypti directamente en el agua donde se crían.
  • Enfoque en reservorios chicos y difíciles: piletas, bebederos, estanques, floreros y otros recipientes que no se vacían fácilmente o donde no conviene aplicar químicos.
  • Distribución gratuita: cualquier vecino, escuela u organización comunitaria puede solicitar los ejemplares a la Cátedra de Acuicultura de la FAUBA.
  • Bajo costo y larga duración: al reproducirse y mantenerse vivos, la solución se sostiene en el tiempo sin necesidad de reponer peces ni insumos.
  • Complemento, no reemplazo: los especialistas remarcan que el método se suma al descacharrado, la limpieza de patios y el uso responsable de repelentes.

Antes de irme, le pido a Alejandro que me resuma en una frase por qué este camino vale la pena, y él me contesta con una claridad que me deja pensando un rato largo. "Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo", señala. Y acá es donde aparece el contexto que vuelve a poner todo en su lugar y me hace volver a esa persona del principio, la del patio con el balde, porque no estamos hablando de un invento caprichoso en un país sin dengue: la temporada 2023-2024 dejó en la Argentina más de 580.000 casos confirmados y 419 personas fallecidas, la cifra más alta de la que se tenga registro. Frente a ese escenario, la imagen de un pececito criollo, chico y gratuito, comiéndose larvas en el fondo de un recipiente que antes parecía indefenso, deja de ser una curiosidad y empieza a parecerse a una solución seria, cercana y profundamente nuestra.

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Carla NazarSociedad

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