El 1,7% de agosto deja al descubierto una pelea de fondo: la inflación núcleo se mueve sola y ya nadie la frena
El INDEC confirmó una suba mensual del 1,7% en agosto, con un acumulado de 21,3% en lo que va del 2024 y de 33,5% interanual. Vivienda y educación encabezaron los aumentos, mientras que la ropa volvió a bajar y amortiguó el indicador general. Para septiembre, las consultoras ya proyectan un piso de 1,8%.

El dato que difundió el INDEC este martes vuelve a poner a la inflación argentina en el centro de la escena económica, y lo hace con una fotografía que, lejos de cerrar el debate, lo reabre: el Índice de Precios al Consumidor trepó 1,7% en agosto, acumuló 21,3% en los primeros ocho meses del año y cerró una comparación interanual de 33,5%. Tres números que, leídos en conjunto, describen una economía que todavía no logra domar la inercia de los precios, aunque haya moderado la velocidad de las subas respecto de los peores momentos del 2023.
Lo más relevante del informe oficial no está en el guarismo principal, sino en la composición interna de ese 1,7%. El rubro que más presionó al alza fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un incremento de 2,8% en el mes, explicado en buena medida por las actualizaciones en alquileres y en las tarifas de luz, gas y transporte público. Educación avanzó 2,5%, empujada por el regreso de las cuotas escolares y universitarias, y dentro de los precios regulados —que en conjunto crecieron 2,2%— también pesaron las subas en las cuotas de medicina prepaga.
Qué dice la dinámica de fondo y por qué preocupa más que el número de cabecera
La inflación núcleo —aquella que excluye los precios estacionales y los regulados, y que por eso se considera el termómetro más fiel de la dinámica de fondo de la economía— se ubicó en 1,8% mensual, una décima por encima del índice general. Esa brecha, pequeña pero persistente, muestra que la tendencia subyacente de los precios está corriendo más rápido que el promedio, y que el alivio que ofrecen los rubros estacionales —que en agosto retrocedieron 0,9%, con prendas de vestir y calzado a la cabeza de la baja (-0,6%) y paquetes turísticos también en descenso— es transitorio y no estructural.
En paralelo, el informe del INDEC confirmó que en todas las regiones del país la división Alimentos y bebidas no alcohólicas fue la que más incidió sobre el índice general. Dentro de ese rubro, los mayores incrementos correspondieron a verduras, tubérculos y legumbres, frutas, y pan y cereales, una combinación que golpea directamente la mesa de los hogares y que, por su peso en la canasta de consumo, termina explicando buena parte del sentir cotidiano de la población.
Qué puede pasar en septiembre y por qué el piso ya se mueve al 1,8%
- Para septiembre, las estimaciones de distintas consultoras privadas oscilan entre 1,5% y 1,9%, con el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central ubicándose en torno al 1,8%.
- Uno de los factores que presionará al alza es la recuperación de los precios de la ropa, que comenzaron a subir con el inicio de la temporada primavera-verano luego de dos meses consecutivos de baja.
- Los precios regulados, que en agosto crecieron 2,2%, siguen dependiendo de decisiones políticas sobre tarifas y del calendario de actualizaciones en servicios públicos y prepagas.
- La inflación núcleo, en 1,8%, marca el ritmo real de los precios y no se frena con la baja estacional de la ropa ni con los acuerdos de precios en góndola.
El cuadro que deja agosto es, en síntesis, el de una economía que sigue dando pasos hacia adelante pero que todavía no consigue pisar tierra firme. El Gobierno suele destacar la baja respecto de los picos del año pasado y la desaceleración acumulada; el INDEC, en tanto, muestra con sus propios números que la inflación de fondo corre por encima del promedio y que la moderación se sostiene, en gran medida, en factores estacionales que tienen fecha de vencimiento. La pregunta hacia adelante no es si el 1,7% de agosto fue alto o bajo en términos históricos —lo fue respecto de meses recientes—, sino qué pasará cuando la ropa deje de bajar, cuando las tarifas vuelvan a actualizarse y cuando los acuerdos de precios pierdan efecto. Para entonces, el piso de 1,8% que hoy proyectan las consultoras para septiembre puede transformarse en un techo incómodo, y la pulseada entre el dato político y la dinámica real de los precios seguirá decantando hacia un solo lado: el de la economía cotidiana, que es donde finalmente se mide cualquier plan antiinflacionario serio. Falta, todavía, un anclaje de expectativas que no dependa de factores estacionales ni de la pausa estival, y ese es el verdadero desafío que el 1,7% de agosto dejó sobre la mesa.
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