El blue ancla su rally de septiembre: la pax cambiaria que más preocupa a quienes la estudian
Cotizaciones quietas en una rueda que el feriado estadounidense dejó sin volumen, mientras las reservas se siguen desinflando y analistas privados empiezan a hablar de condiciones más estables, aunque nadie puede explicar por qué.

El volumen operado en el segmento de contado fue la postal del día: apenas 299,4 millones de dólares, menos de la mitad de lo negociado la semana anterior, un piso de actividad que no se explica por la solidez del mercado sino por el feriado bursátil en Estados Unidos, que dejó a los operadores locales sin una rueda completa de referencia externa. En ese escenario de liquidez chiquita, el dólar blue cerró a $1.545 para la venta, con una suba de cinco pesos respecto del viernes, aunque el dato que más llama la atención es otro: el billete informal acumula una caída de diez pesos desde que arrancó septiembre, una dinámica bajista que contradice la expectativa de cualquier manual de fin de año electoral y que, paradójicamente, parece incomodar tanto a los que la festejan como a los que la miran con desconfianza.
¿Qué dicen las ventanillas y qué dice el mayorista?
En las sucursales del Banco Nación, el dólar al público se mantuvo sin variantes en $1.530 para la venta, una inmovilidad que el mercado leyó como señal de regulación y no de equilibrio, mientras el promedio del sistema financiero terminó en $1.529,19 vendedor y $1.477,63 comprador, según los datos difundidos por el Banco Central. El dólar mayorista, en tanto, ganó $3,50 y cerró a $1.511,50, un avance de apenas 0,2% que en lo que va de septiembre acumula apenas tres pesos y que, desde el inicio de 2026, suma $56,50, es decir, un 3,9%, un ritmo de crawling peg que los analistas vienen leyendo como la ancla nominal más discutida de la economía argentina porque, al menos en los papeles, parece estar funcionando.
Mientras las cotizaciones se contenían, las reservas internacionales brutas del Banco Central cerraron en 50.733 millones de dólares, con una caída de 23 millones respecto del día anterior, una merma pequeña pero en la dirección equivocada: en un mes donde la oferta de dólares por parte del campo y por colocaciones de deuda debería estar robusteciendo el stock, la autoridad monetaria volvió a entregar divisas, un detalle que relativiza la idea de una pax cambiaria genuina y la convierte, como mínimo, en una pax con sangrado lento.
¿Por qué septiembre arrancó con condiciones más estables, según los privados?
- Menor demanda de dólares para importar energía, en línea con la estacionalidad de los meses de primavera y con precios internacionales de combustibles que aliviaron la cuenta energética.
- Liquidaciones del sector agropecuario que, tras la fuerte presión de meses previos, encontraron un flujo más parejo y empezaron a sostenerse sin necesidad de aval oficial.
- Mayor oferta vinculada a colocaciones de deuda externa, con emisiones corporativas y provinciales que trajeron dólares frescos y le dieron aire al mercado.
- Reducción de algunas presiones cambiarias que habían operado en meses anteriores, un diagnóstico prudente que los analistas prefieren dejar en términos genéricos antes que atribuirlo a un cambio estructural.
¿Qué falta hacer para que la calma no sea solo un espejo del feriado?
La pregunta que sobrevuela el cierre de cualquier jornada con volumen anémico es si la estabilidad refleja un orden macroeconómico de fondo o simplemente la ausencia circunstancial de jugadores externos por una efeméride de Washington. El contraste entre un blue que baja, un mayorista que sube milésimas y unas reservas que se siguen erosionando dibuja un equilibrio frágil, hecho de microseñales más que de decisiones de fondo, y en el que todavía falta, como mínimo, transparentar el programa financiero detrás de las colocaciones de deuda, definir un sendero concreto de acumulación de reservas y sincerar qué parte de la menor demanda energética es estacional y cuál es estructural. Hasta que esos tres frentes tengan respuestas públicas y verificables, la quietud del lunes será, sobre todo, una pausa administrativa y no un punto de llegada.
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