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El crédito ya no financia proyectos: sostiene la mesa y el alquiler de los hogares argentinos

Un relevamiento de Inteligencia Analítica muestra que el 76,5% de las familias con compromisos financieros usa deuda para alimentos, servicios o vivienda, y que en los sectores más bajos la proporción trepa al 90%.

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Rodrigo IriarteEconomía · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Rodrigo Iriarte, Economía — Cuando el sueldo deja de alcanzar para llenar la heladera o pagar el alquiler, el crédito deja de funcionar como una herramienta para proyectos y pasa a convertirse en el mecanismo que sostiene la vida cotidiana. Esa es la fotografía que arroja el último relevamiento de la consultora Inteligencia Analítica, según el cual tres de cada cuatro hogares argentinos con problemas financieros se endeudaron para cubrir gastos básicos como alimentos, servicios o vivienda, en lugar de haber recurrido al financiamiento para consumo durable o inversión.

El estudio se concentró en personas que destinan más del 10% de sus ingresos mensuales al servicio de deudas, un umbral que, según los propios autores del informe, marca el ingreso en una zona de vulnerabilidad financiera. Ese recorte permitió aislar a las familias para las cuales el endeudamiento ya no es optativo sino estructural. Entre quienes deben, el 77,2% tomó un préstamo nuevo para cancelar uno anterior, en lo que técnicamente se conoce como refinanciación encadenada, y el 62,1% acumula al menos un vencimiento impago. Además, el 56,2% de las familias endeudadas compromete el 40% o más de sus ingresos en cuotas e intereses, un nivel que reduce de manera pronunciada el margen para cualquier gasto imprevisto.

Comida y alquiler, los destinos más frecuentes de la deuda

  • Alimentos y productos básicos: 44,5% de los hogares endeudados.
  • Servicios, impuestos, alquiler o expensas: 32%.
  • Salud y educación: 5,5%.
  • Ropa, calzado y artículos para el hogar: 5,1%.

El desglose por motivo deja en evidencia el peso de los gastos que las familias no pueden postergar. El grueso del crédito se desvía hacia consumos que, en condiciones normales, deberían saldarse con ingresos corrientes. En los sectores de menores ingresos la situación se vuelve más aguda: la proporción que necesita financiamiento para cubrir alimentos y servicios básicos alcanza el 90%, muy por encima del promedio general. Juan Manuel Escolar, integrante del equipo que elaboró el informe, describió la dinámica con una frase que resume el mecanismo: «Tomo deuda para pagar alimentos, para pagar servicios. Al mes siguiente la situación no mejoró, no la puedo pagar y tengo que seguir pagando los alimentos y los servicios. Tomo otro préstamo para pagar interés sobre interés.»

Los ingresos disponibles acompañan ese diagnóstico. El 38,16% de los encuestados reconoció no poder cubrir sus necesidades básicas, mientras que el 29,1% afirmó llegar justo a fin de mes. Sumados, ambos grupos representan el 86,4% del total relevado, un universo que, como describe el informe, ya no cuenta con margen real de ahorro ni de reacción frente a un imprevisto. Las herramientas a las que recurre cada segmento, en tanto, difieren según la capacidad de acceso al sistema formal: en la clase media baja y media predominan las tarjetas bancarias, los préstamos de entidades financieras y las billeteras virtuales, mientras que entre quienes perciben menos de 600.000 pesos mensuales ganan terreno los préstamos familiares y los prestamistas informales, que pueden cobrar tasas superiores al 12% mensual por créditos de montos pequeños. Escolar aportó un ejemplo concreto al respecto: «Yo veo personas que ganan menos de 600 mil con deudas de más».

En ese marco, lo que el mercado observa con atención es la posibilidad de un cambio de tendencia en los próximos meses. Si los ingresos formales logran recuperar poder adquisitivo en términos reales y las líneas de crédito bancario se encarecen como consecuencia de la suba de tasas de política monetaria que impulsa el Banco Central de la República Argentina (BCRA, autoridad monetaria del país), el costo de sostener la cadena de refinanciaciones podría volver prohibitiva para los hogares de menores ingresos. La lectura de los analistas coincide en que, mientras la inflación muestre signos de desaceleración sostenida y los salarios formales superen el índice de precios al consumidor (IPC, indicador que mide la variación mensual de precios al consumidor del INDEC, Instituto Nacional de Estadística y Censos), una parte del endeudamiento podría empezar a descomprimirse; en caso contrario, el riesgo es que se prolongue la sustitución de ingresos por deuda, con el consecuente deterioro del consumo agregado y de la calidad de vida de los hogares.

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