Domingo, 13 de septiembre de 2026
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El mercado laboral argentino se paraliza: ocho de cada diez trabajadores admiten miedo a perder el empleo

Un relevamiento regional sobre 4.600 personas revela que la mayoría prefiere aguantar condiciones adversas antes que animarse a buscar un nuevo puesto, en un escenario marcado por la incertidumbre económica y el avance de la inteligencia artificial. La Argentina registra el nivel más alto de la región entre quienes sienten que su carrera está estancada.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Ocho de cada diez trabajadores argentinos consultados en una encuesta regional reconocen que les preocupa quedarse sin empleo, un porcentaje que sitúa al país a la cabeza del temor a la desocupación en el bloque relevado. La cifra surge de un estudio que abarcó a 4.600 personas entre empleados y especialistas en recursos humano de Argentina, Chile, Ecuador, Panamá y Perú, y que permite dimensionar hasta qué punto la incertidumbre económica y el avance de la inteligencia artificial reconfiguraron la relación de los asalariados con su puesto de trabajo.

La estabilidad aparece como el atributo más valorado por quienes conservan su empleo: el 54 por ciento de los encuestados la ubica en el primer lugar, muy por encima del clima laboral, que reúne al 25 por ciento, y de las posibilidades de crecimiento, que apenas suman el 11 por ciento. Ese apego a lo seguro tiene nombre propio en el ámbito de los recursos humano: job hugging, una tendencia que describe a quienes se aferran a su puesto para no exponerse a los riesgos que trae cualquier cambio, incluso cuando las condiciones en las que se desempeñan resultan adversas.

¿Por qué los argentinos eligen quedarse donde están?

  • El 35 por ciento admite que le da miedo buscar otro trabajo.
  • El 27 por ciento de los temerosos teme ingresar a una empresa y enfrentarse poco después a recortes o despidos.
  • El 20 por ciento desconfía de hallar ofertas estables dentro de su sector.
  • El 19 por ciento menciona la inestabilidad global como freno principal.
  • La pérdida de beneficios acumulados por antigüedad aparece como un factor adicional de retención.

El resultado es una parálisis visible: el 79 por ciento de los encuestados piensa en cambiar de trabajo, pero el 57 por ciento se limita a mirar ofertas sin llegar a postularse. La brecha entre la intención y la acción es elocuente y se completa con otro dato que golpea especialmente en la Argentina: el 75 por ciento siente que su carrera está estancada, el porcentaje más alto de los cinco países incluidos en el relevamiento.

“El comportamiento de la fuerza laboral se vuelve más conservador y las decisiones de cambio laboral se toman con mucha mayor cautela o directamente se posponen.”Germán Ruiz, director de Operational Talent Solutions de Randstad Argentina

Ruiz, responsable de Operational Talent Solutions en Randstad Argentina, sostiene que incluso quienes se muestran abiertos a nuevas oportunidades mantienen la estabilidad como condición prioritaria al evaluar cualquier oferta. La frase resume la lógica de un mercado en el que la rotación perdió atractivo y en el que aceptar condiciones que en otro contexto serían rechazadas se volvió moneda corriente.

“Conviven expectativas catastróficas que a veces no se condicen tanto con la realidad, pero que generan un efecto del job hugging.”Patricio Navarro Pizzurno, consultor de recursos humanos

Patricio Navarro Pizzurno, consultor de recursos humanos, agrega una lectura complementaria: advierte que la inteligencia artificial ya eliminó posiciones de entrada al mercado laboral y que la falta de capacitación interna para reconvertir perfiles profundiza el temor. En ese escenario, según el especialista, parte de los trabajadores termina aceptando condiciones económicas o laborales que no considera adecuadas simplemente porque percibe que no existen opciones mejores, un comportamiento que la literatura especializada empieza a asociar de manera directa con el fenómeno del job hugging.

Lo que falta, en definitiva, es discusión seria sobre tres frentes que el relevamiento deja al descubierto: la cobertura frente a eventuales despidos en un mercado cada vez más volátil, la actualización permanente de los perfiles afectados por la automatización y la generación de condiciones reales de movilidad que permitan cambiar de empleo sin que el salto implique caer en la desocupación. Mientras esos frentes permanezcan vacíos, el indicador más visible seguirá siendo el de la quietud: trabajadores que se quedan donde están, no porque quieran, sino porque no ven un horizonte claro afuera.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía

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