El precio de la corona: vuelve The Gentlemen y Eddie Horniman aprende que mandar tiene consecuencias
Guy Ritchie redobla la apuesta en la segunda temporada de su serie con Theo James, suma mafia italiana y le imprime al relato una oscuridad que ya no se conforma con el humor negro del debut.

Me cuesta decirlo sin que suene a spoiler barato, pero hay una imagen que se me quedó pegada en la cabeza de esta segunda temporada de The Gentlemen y es la de un tipo arrastrándose por un campo embarrado, medio muerto, pidiendo ayuda a quien sea. Esa imagen, que abre la entrega y cierra la promesa de la anterior, es también la mejor manera de entender qué clase de viaje les espera a los que vuelvan a meterse en el universo criminal que Guy Ritchie viene construyendo desde la película original de 2019 y que acá, en formato serie, había encontrado una vuelta de tuerca inesperada.
Lo que me enganchó de esta nueva tanda de capítulos es que el Eddie Horniman que conocimos en la primera temporada ya prácticamente no existe. Theo James vuelve a ponerse la corbata y los modales del Duque de Halstead, pero el aristócrata que llegó por accidente al negocio del cannabis de la familia Glass se fue transformando, capítulo a capítulo, en otra cosa. Esta segunda entrega arranca tres meses antes de la escena del campo embarrado y se ocupa, justamente, de mostrar el camino que lo llevó hasta ahí.
Un negocio que ya no cabe en una finca inglesa
A esta altura, Eddie no quiere mantener un emprendimiento rural con onda campestre: quiere expandirse, recuperar tierras alrededor de la finca original y llevar las operaciones fuera del Reino Unido. Y para eso necesita mezclar tres mundos que normalmente no se mezclan: el cannabis legal, la política y el crimen internacional. Esa es la nueva geografía del personaje, y Ritchie la aprovecha para mover la cámara desde los pubs londinenses hasta los despachos del poder europeo.
- Marco Moretti, mafioso italiano interpretado por un Sergio Castellitto que se nota cómodo en el registro, trae consigo un código de honor viejo y una violencia que no necesita gritarse para sentirse.
- Cico Maldini, su colaboradora, a cargo de un Michele Morrone que le imprime un magnetismo inquietante al personaje, funciona como la cara más imprevisible de ese bloque europeo.
- Bobby Glass, el patriarca, cada vez más ocupado con su despertar espiritual y cada vez menos dispuesto a mover el negocio con los tiempos que corren.
- Susie Glass, que sigue siendo, a mi criterio, el corazón moral de la serie y el termómetro que mide cuánto de humano le queda a Eddie.
El conflicto con Bobby es uno de los ejes más interesantes de la temporada, y también uno de los más humanos. Eddie y Susie quieren crecer; el patriarca quiere paz interior. Esa tensión, que en cualquier otra serie quedaría en un problema de sucesión, acá se vuelve una discusión filosófica sobre para qué sirve el poder cuando uno ya no tiene ganas de usarlo. Y Eddie, mientras tanto, empieza a darse cuenta de algo que a los lectores de cuarenta y pico nos resulta familiar: que los buenos modales, en determinados círculos, se leen como debilidad, y que cada decisión que uno toma para no ofender termina siendo una decisión que otro toma por vos.
“Cuanto más control gana Eddie sobre su entorno, más difícil parece la salida.”Julia Kaplan
Esa frase, que me quedó dando vueltas mientras veía los episodios, resume bastante bien la lectura que me llevé. Ritchie mantiene la marca registrada de su cine, esa mezcla de violencia estilizada, montaje musical cuidado y humor negro muy británico, pero esta vez la usa para otra cosa. Ya no se trata de mirar a un pez fuera del agua chapoteando en el barro: se trata de mirar a alguien que dejó de ser ese pez y ahora tiene que decidir si quiere seguir viviendo en el agua o si ya es demasiado tarde para volver a la orilla.
Les confieso que entré a verla pensando que iba a divertirme un rato y salí con esa sensación rara que deja una buena serie de género cuando deja de parecerse al género que conocías. Si les gusta el Ritchie de siempre, van a encontrar las peleas coreografiadas y los diálogos filosos de siempre. Si les gusta el drama de personajes al estilo Succession o las historias de mafia europea al viejo estilo, también van a encontrar material. Y si, como a mí, les atrae esa zona donde el antihéroe empieza a mirarse las manos y a preguntarse qué se le fue manchando, entonces esta temporada les va a pegar más fuerte de lo que esperan. La recomiendo sin dudar: pónganla, prepárense un buen café, y déjense llevar por un Eddie Horniman que ya no pide permiso para nada.
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