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El último partido de Messi en la selección deja una huella que los padres pueden usar como manual de vida

La despedida del capitán no es solo un hecho deportivo: abre una oportunidad concreta para hablar con los chicos sobre constancia, familia y trabajo en equipo. El libro ¡Messirve!, de Verónica y Florencia Andrés, había anticipado esa conversación.

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Carla NazarSociedad · 3 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

En una cocina de Rosario, una madre le pregunta a su hijo de nueve años qué va a extrañar del Messi que se despidió de la selección argentina. El nene piensa un rato largo, con la cuchara del helado a medio camino, y dice que lo que más le gusta es verlo correr con la camiseta, aunque no haga goles. La madre, Fernanda, sonríe y le cuenta que a ella lo que más le sirvió fue verlo callarse cuando lo criticaban y volver a entrenar al día siguiente. En esa charla de sobremesa, que se repite en miles de casas del país, está el material vivo con el que se puede empezar a construir una educación que vaya mucho más allá del fútbol. La noticia de la despedida de Lionel Messi, más allá del golpe deportivo, dejó picando una pregunta que muchos padres y madres se llevan a casa: qué se le dice a un chico cuando se cierra el ciclo del jugador que durante dos décadas fue la cara más visible del deporte argentino.

Un libro que llegó antes del retiro y que ordena la conversación

Las autoras Verónica de Andrés y Florencia Andrés habían previsto que ese momento iba a llegar y por eso escribieron ¡Messirve! (Ediciones B), un libro que usa la figura del rosarino como hilo conductor para ordenar una charla que en las casas argentinas suele quedar dispersa entre la emoción del gol y la bronca del partido perdido. No se trata, me aclara Verónica desde Buenos Aires, de armar un altar ni de convertir al diez en un santo laico, sino de tomar lo concreto de su trayectoria y convertirlo en palabras que un padre o una madre pueda usar después de cenar, sin solemnidad y sin libretos.

  • Talento y disciplina: Messi dijo una vez que ser un éxito de la noche a la mañana le llevó diecisiete años y ciento catorce días, una frase seca que sirve para explicarles a los chicos que lo que se ve en la cancha tiene una historia invisible detrás.
  • El error como motor: el capitán no ganó siempre ni jugó bien en todos los partidos, y ese recorrido, señalan las autoras, es la materia prima para conversar sobre la diferencia entre querer ser perfecto y proponerse mejorar la próxima vez.
  • La familia como ancla: Messi mencionó a su mujer y a sus hijos como reguladores de su estado de ánimo y describió a sus padres como quienes le inculcaron que no todo da igual, una frase sencilla que en una mesa familiar puede abrir una conversación sobre los propios valores de cada casa.
  • El trabajo en equipo: a lo largo de su carrera insistió en que sin sus compañeros no habría logrado nada, una idea que, según las Andrés, tiene peso práctico tanto para el pibe que juega al fútbol los sábados como para el que debe aprender a convivir en un aula o en un grupo de amigos.
“La idea no es contarle a un chico que Messi es un ejemplo a imitar, sino mostrarle qué decisiones tomó cuando las cosas se complicaron y dejar que él saque sus propias conclusiones con los padres al lado.”Verónica de Andrés, coautora de ¡Messirve!, en diálogo desde Buenos Aires

Lo que me interesa, y por eso volví a leer el libro después del anuncio del retiro, es que la propuesta de las Andrés no le habla al chico en un idioma de sermón ni le pide al adulto que se ponga en modo coach. Me parece, y esto lo digo con la preocupación genuina de quien conversa seguido con padres y madres en cualquier punto del país, que muchas veces sobreexigimos a los chicos con discursos grandilocuentes sobre la gloria y les pasamos por alto los gestos chiquitos, los que se repiten todos los días, que son los que de verdad terminan moldeando a una persona. La trayectoria del diez está llena de esos gestos: volver a entrenar después de una derrota, bancarse una lesión larga sin quejarse en público, hablar de sus viejos con un respeto que no es impostado, admitir que sin el arquero o sin el lateral no hay gol que valga.

Fernanda, la madre de Rosario con la que abrí esta nota, me dijo que el domingo de la despedida juntó a la familia alrededor de la tele y que cuando su hijo le preguntó por qué lloraban los adultos, ella le contestó que era porque estaba terminando algo que había empezado cuando él todavía no había nacido. Después, en la cocina, con el mismo helado de la escena inicial, le preguntó qué cosa de Messi se llevaba para su vida. El nene volvió a pensar un rato largo y esta vez le dijo, con una seriedad que a ella le sorprendió: que si Messi se equivocaba y al rato siguiente volvía a probar, él iba a hacer lo mismo con las cuentas de la escuela. A Fernanda le tembló la voz y me confesó que no esperaba una respuesta así, pero que, charlando un poco más, entendió que el libro de las Andrés tenía razón: no hace falta instalar a Messi en un pedestal para que deje huella, basta con sentarse al lado de los chicos y dejar que la conversación fluya.

CN
Carla NazarSociedad

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