Domingo, 13 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Era Hora Noticias

PortadaVida

Elijo sostenerse: la receta cotidiana que comparten la OMS, los CDC y voces expertas para que un cambio de hábitos no se apague en dos semanas

Empezar es fácil. Lo difícil —y lo que separa a quienes lo logran de quienes lo abandonan— es mantenerse cuando la motivación se enfría, los tropiezos aparecen y la rutina vuelve a aplastar la decisión inicial.Especialistas internacionales y organismos sanitarios coinciden en un puñado de claves concretas para sostener la transformación en el tiempo.

CN
Carla NazarSociedad · 8 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Son las siete y cuarto de la mañana en un barrio residencial de Tucumán y Claudia ya está en la cocina, no precisamente para servir el desayuno: abre la libreta donde, desde hace seis meses, anota cada mañana el tramo de caminata que se propone hacer ese día. Tiene 52 años, dos hijos adolescentes y un trabajo administrativo que la tiene sentada más horas de las que quisiera. Cuando arrancó, dice, pensaba que la fuerza de voluntad alcanzaba para sostenerlo todo; cuando se le pinchó el plan a las tres semanas, entendió que la voluntad sola no movía el amperímetro. "Me di cuenta de que no me había caído, me había faltado estructura", resume hoy, mientras hierve el agua para el mate.

La escena no es exclusiva de Claudia. Bajar de peso, dejar una conducta que sabés que te hace daño o sumar actividad física son decisiones que mucha gente toma con bombos y platillos en enero —o cada vez que la balanza se vuelve una interpelación— y que suelen diluirse en las primeras semanas, cuando la cuesta se pone empinada. Sobre por qué ocurre eso y, sobre todo, sobre qué distingue a quienes sostienen el cambio de quienes lo abandonan, hay consensos bastante robustos entre especialistas y organismos sanitarios internacionales que vale la pena repasar.

Querer no es poder: la distancia entre intención y acción

El primer obstáculo, dicen quienes estudian el tema, no es la falta de voluntad sino la distancia entre la intención y la acción diaria. La educadora en salud Vicki Griffin suele insistir en que mantener a la vista el propósito de fondo —no "bajar de peso", sino "querer estar viva muchos años más para mis nietos", por citar un ejemplo— transforma las tareas cotidianas en avances concretos, no en sacrificios abstractos.

En la misma línea van los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, que recomiendan traducir ese propósito en un plan con objetivos específicos, medibles y acotados en el tiempo: no "voy a comer mejor", sino "esta semana reemplazo el pan blanco de las cenas por verduras grilladas". Una revisión publicada en la biblioteca de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos coincide: formular metas con precisión favorece el cambio de conducta porque fija un criterio claro para medir los avances y, sobre todo, para no engañarse con percepciones vagas.

Pedacitos, no paquetes: el tamaño de la meta

El tamaño de la meta importa, y mucho. La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) aconseja dividir los cambios en tramos manejables y abordar un comportamiento por vez, en lugar de embarcarse en una cruzada que toca alimentación, ejercicio, sueño y consumo de alcohol al mismo tiempo. Es, si se quiere, la ley del boicot autoinfligido: cuanto más grande es la promesa, más rápido se cae.

Para el caso del movimiento —el ítem más frecuente entre quienes intentan un cambio—, la Organización Mundial de la Salud (OMS) es tajante: cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna. Y fija para adultos una referencia de 150 a 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, repartidos como mejor se pueda.

“No hay que buscar la transformación épica; hay que buscar la repetición honesta. Un cambio chiquito, hecho todos los días, le gana en seis meses a un arranque espectacular que no sobrevive a la segunda quincena.”Refrán sintetizado a partir de las recomendaciones de la APA y los CDC

Tropezar no es caer: el error como insumo

Los tropiezos, coinciden los expertos, son parte del proceso y no el final del camino. Griffin suele proponer que los errores sirvan para revisar estrategias antes que para confirmar un fracaso. La APA va en el mismo sentido: los deslices ocasionales son esperables y la clave está en retomar el plan sin convertir una interrupción en abandono definitivo.

La literatura sobre cambio de conducta va un paso más allá y sugiere algo que en Argentina suena casi a herejía: ajustar las metas cuando dejan de ser viables, en lugar de abandonarlas por completo. Dicho de manera cotidiana: si la caminata de cuarenta minutos se volvió una tortura, no se trata de tirar la caminata a la basura, sino de bajarle a veinte y volver a construir desde ahí.

La Tribu: el entorno como infraestructura

El entorno influye más de lo que suele reconocerse. La APA subraya que involucrar a familiares, amistades o grupos de apoyo refuerza la motivación y crea responsabilidad compartida: nadie quiere quedar mal frente a quien sabe que a las siete de la tarde tiene que salir a caminar.

Los CDC son más concretos todavía y proponen acciones tan simples como poderosas:

El reloj del cerebro: tiempo, repetición y consolidación

El factor tiempo es determinante, y acá la palabra la toma la ciencia dura. El neurocientífico Karl Bailey sostiene que el cerebro conserva, aun en edades en las que uno se siente ya instalado, capacidad para reorganizar circuitos y acompañar nuevas conductas: lo que técnicamente se llama plasticidad cerebral y que en criollo significa que la cabeza todavía está a tiempo de aprender otros hábitos.

La APA recomienda, en línea con eso, consolidar un hábito antes de sumar otro. Y los CDC completan el cuadro: repetir una conducta en horarios y contextos estables es lo que termina convirtiéndola en rutina. La idea es quitarle al cambio el carácter de excepción y devolverle el carácter de vida cotidiana, que es donde finalmente se gana o se pierde la pulseada.

Volver a Claudia, volver a la cocina

En la cocina de Tucumán, Claudia ya tiene el termo listo. Hoy le toca caminar por el parque nueve de julio, treinta minutos, como cada mañana desde hace seis meses. El primer mes, dice, fue puro cumplimiento; al segundo mes, ya era costumbre; al tercer mes, cuenta, vino el viaje que casi la hace abandonar, y al cuarto aprendió la lección que recomiendan todos los manuales y que ella ahora repite como un mantra: una cena fuera de plan no borra seis meses de caminatas, lo que borra seis meses es suspenderlas por una cena fuera de plan.

La OMS, para cerrar, lo resume con una perspectiva amplia: las conductas de salud se construyen en la vida cotidiana, a través de alimentación equilibrada, movimiento regular, descanso adecuado y vínculos que contienen. No hay atajos, pero tampoco hay misterios: hay método, hay paciencia y hay, sobre todo, la decisión cotidiana —cada día, sin épica— de volver a empezar.

CN
Carla NazarSociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo