Estrellas amarillas sobre el asfalto: la campaña que pide recordar al peatón antes de girar la llave
La Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito presentó en la Legislatura porteña una iniciativa para repensar la conducción desde la fragilidad de quien camina. Madres del Dolor, el reclamo penal en el Congreso y la historia de Kevin, el chico de catorce años cuya ausencia todavía marca el calendario.

En la entrada de la Legislatura porteña, esta mañana, un grupo de personas se acomodaba debajo de un cartel improvisado con estrellas amarillas. Algunas estaban pintadas sobre trozos de cartón; otras, dibujadas en hojas arrancadas de cuadernos. No era un acto partidario ni una protesta gremial: era la presentación de una campaña de seguridad vial que, antes de explicar cifras y proyectos de ley, eligió empezar por una frase que suena simple y duele cuando se repite en voz alta. Antes de ponerse al volante, todos somos peatones, repitieron los organizadores, como si esa idea, repetida hasta el cansancio, todavía no hubiera terminado de entrar.
La iniciativa fue encabezada por Viviam Perrone, referente de Madres del Dolor, una agrupación que en Argentina se hizo conocida por empujar, durante años, cambios legales y culturales alrededor de las víctimas del tránsito. Perrone habló con la voz cansada pero firme de quien lleva demasiado tiempo cargando un mismo nombre. Su hijo Kevin Sedano tenía catorce años cuando fue atropellado el primero de mayo de dos mil dos en Vicente López. El conductor se fugó y el adolescente murió una semana después, el ocho de mayo. Desde entonces, la fecha se convirtió para su familia en algo más que un aniversario: se transformó en una militancia.
La desproporción que no se discute
El núcleo de la campaña es físico y, por eso, inevitable. Un automóvil promedio pesa más de mil kilos. Un cuerpo humano, entre sesenta y noventa. Esa diferencia convierte al peatón en el actor más vulnerable de la vía pública y obliga, según los organizadores, a replantear cualquier decisión al volante. No se trata, dicen, de una cuestión de buena voluntad: se trata de matemática. Acelerar, hacer una maniobra brusca, cruzar un semáforo en amarillo o girar sin mirar no son infracciones menores cuando del otro lado no hay un airbag ni una estructura de acero, sino una persona caminando, esperando el colectivo o cruzando con el cochecito de un bebé.
“Todos vamos a ser peatones en algún momento del día, y cuando lo somos queremos que el que maneja piense en nosotros. Esa es la única regla que sirve.”Viviam Perrone, referente de Madres del Dolor
Qué se le pide al Congreso
- Una reforma penal que contemple agravantes para quien conduce alcoholizado.
- Sanciones más severas para los participantes de picadas ilegales en calles y rutas.
- La incorporación del abandono de víctima como figura penal específica, con penas que reflejen la gravedad del hecho.
- El impulso al tratamiento del proyecto que ya aguarda debate en el Congreso.
La campaña también recuperó un símbolo que, en los últimos años, empezó a verse en veredas, cordones y banquinas de todo el país: las estrellas amarillas. Marcas pintadas o colocadas en el lugar exacto donde alguien murió en un siniestro vial. Funcionan, a la vez, como memorial, como advertencia y como recordatorio de que detrás de cada señal de tránsito hay una historia y una familia. La tradición lleva décadas y se sostiene, sobre todo, por quienes perdieron a alguien en la vía pública y encontraron en esa estrella una manera de mantener viva la memoria y, al mismo tiempo, de presionar para que las leyes cambien.
Cuando terminó la conferencia, varias de las personas que habían escuchado la presentación se quedaron afuera, mirando las baldosas de la vereda como si recién ahora las vieran. Una señora de Recoleta me dijo, en voz baja, que la próxima vez que cruce una esquina va a mirar al conductor antes de mirar el semáforo. Es un detalle mínimo, pero vielleicht sea por ahí donde empieza a cambiar algo. Yo, que vengo cubriendo estos temas desde hace años, me quedé pensando en Kevin, en su mamá Viviam y en esa fecha que se repite desde hace más de dos décadas. Si cada vez que arrancamos el auto recordáramos que también caminamos, otra cosa sería.
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