Domingo, 13 de septiembre de 2026
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Graham Yost y las decisiones que vuelven a "Silo" una serie y no una novela

El showrunner de la distopía de Apple TV+ explica por qué la tercera temporada se aparta de los libros de Hugh Howey y por qué, a su entender, eso no traiciona al material original sino que lo traduce a otro lenguaje.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

"A veces recibo mensajes de amigos que acaban de leer los libros y me dicen que nos hemos alejado muchísimo. Y yo pienso: sí, amigo, ese es mi trabajo. Tengo que convertir esto en una serie de televisión. Y no soy yo solo: somos un grupo muy grande de personas." La frase es de Graham Yost y condensa, mejor que cualquier ensayo, el razonamiento que sostiene a "Silo", la serie que Apple TV+ acaba de cerrar en su tercera temporada y que adapta la trilogía distópica escrita por Hugh Howey entre 2011 y 2013. Porque la pregunta que sobrevuela cada capítulo de la producción no es técnica sino casi filosófica: ¿hasta dónde puede alejarse una adaptación de su fuente sin dejar de ser fiel a lo esencial?

Permítanme situarlos. "Silo" cuenta la historia de una comunidad de miles de personas que vive en un gigantesco complejo subterráneo, bajo una superficie que, según les enseñaron desde chicos, es tóxica e inhabitable. Las reglas internas son tan estrictas como los misterios que rodean el pasado y el verdadero motivo del encierro. La novela original de Howey nació como un cuento autopublicado en la plataforma Amazon Kindle, creció por el boca a boca de los lectores y terminó convirtiéndose en un fenómeno editorial antes de llegar a la pantalla. Es decir, es una obra hija de internet, de la cultura del fandom y de la escritura colaborativa, un dato clave para entender la postura de su autor frente a la serie.

El caso de Juliette y por qué no se puede borrar a una protagonista

El ejemplo más concreto lo ofrece la tercera temporada, que adapta el segundo libro de la trilogía. En la novela de Howey, la protagonista de la primera entrega queda fuera de la historia durante buena parte del relato, y la narración se desplaza hacia otros personajes. Para la televisión, Yost y su equipo decidieron mantener a ese personaje central como hilo conductor de los nuevos episodios. La decisión generó ruido en los foros de lectores, pero el showrunner la considera innegociable.

“Adaptar una novela implica tomar decisiones que el libro nunca tuvo que tomar. Eliminar a la protagonista habría sido inviable: una serie necesita sostener vínculos emocionales y narrativos que una novela puede cortar sin que al lector le tiemble el pulso.”Graham Yost

Howey, el autor que cedió su mundo como quien cede una cancha

Lo notable es que Howey no solo no se opuso, sino que acompañó cada desvío desde el primer día. Yost lo atribuye a la genealogía del escritor: Howey se formó en comunidades de ficción de fans, esos espacios donde miles de autores amateurs continúan, reescriben o reinterpretan universos ajenos como ejercicio creativo. Para alguien criado en esa lógica, su trilogía nunca fue un texto sagrado sino un mundo abierto a otros aportes.

“"Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia. Siempre ha apoyado que cada uno aporte sus propias ideas."”Graham Yost sobre Hugh Howey

Dos audiencias, dos maneras de mirar

Quizás lo más interesante que dejó Yost en sus declaraciones es la descripción de la audiencia que convive alrededor de "Silo". Por un lado están los lectores que conocen los libros y aparecen en los foros discutiendo cada cambio. Por el otro, un público cada vez más grande que llegó directo a la pantalla sin haber tocado una página de Howey, y que pide a gritos que no se le adelante nada del material original porque prefiere descubrir la trama en serie. Para Yost, ambas formas de acercamiento son legítimas y forman parte del ecosistema que la producción tuvo que aprender a gestionar.

Yo confieso que pertenezco al segundo grupo: llegué a "Silo" por recomendación de una amiga que la devoró en tres fines de semana y la despedí con un mensaje que decía, textualmente, "no sabés lo que te espera". Embarcarme en la serie sin haber leído los libros me permitió, creo, el desconcierto que propone cada capítulo. Por eso, cuando leo las quejas de los lectores más puristas, no puedo evitar pensar que el verdadero éxito de la adaptación tal vez sea ese: haber construido un objeto cultural que se sostiene por sí mismo, sin necesidad de pedir permiso al libro que le dio origen. Si les interesan las distopías que piensan el presente desde un futuro incómodo, dense el gusto y empiecen por la primera temporada: van a quedar tan atrapados como quedé yo.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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