Domingo, 13 de septiembre de 2026
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Hayato Date y el oficio de no traicionar a Naruto: la decisión de hacer un anime pensado para Japón en pleno furor internacional

El director de la serie animada contó las presiones que recibió para reformular la obra de Masashi Kishimoto y optó por un camino que hoy, casi dos décadas después, sigue dando que hablar.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · 7 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

"Si quitas los kunai, ya no es Naruto". La frase pertenece a Hayato Date, el director que estuvo al frente de la versión animada del manga creado por Masashi Kishimoto, y resume una postura que, vista en retrospectiva, parece casi una declaración de principios en un momento en que la industria del anime empezaba a mirar de reojo los mercados extranjeros con la expectativa -y también con la presión- de moldear los productos para que funcionaran afuera de Japón.

Una conferencia de producción con público inesperado

Cuando arrancó el proceso de llevar Naruto a la pantalla, los estudios ya sabían que estaban trabajando con un material que había traspasado las fronteras de manera inusual. A la conferencia de producción concurrieron medios de prensa de Estados Unidos y de otros países, algo que para la época resultaba atípico para una serie animada japonesa. Date lo recordó sin rodeos en una charla ofrecida en Anime India: "Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón".

La confesión es notable por lo directa. En lugar de maquillar el contexto, el director describió un escenario en el que las productoras recibían señales permanentes -a veces explícitas, a veces implícitas- para orientar la serie hacia un paladar internacional, con la promesa de ventas más jugosas y un alcance masivo. La pregunta que sobrevuela esa época es la de siempre en cualquier industria cultural: ¿se hace la obra pensando en el público local que la sostiene, o se la modela desde el vamos para maximizar el rédito en el exterior?

La estrategia japonesa y sus consecuencias

Date eligió la primera opción y lo hizo con una metodología muy concreta, casi un mantra de producción. Antes de tomar cualquier decisión, el equipo se hacía una sola pregunta: qué necesitaba la serie para funcionar en Japón. El resto quedaba en un segundo plano, incluidas las objeciones que llegaban desde otros mercados. "Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera", explicó.

Esa decisión tuvo consecuencias inmediatas y visibles en Estados Unidos, donde la serie recibió quejas puntuales por el uso de kunai y otras armas de filo por parte de los personajes. La tentación de suavizar esas escenas para evitar roces con el público norteamericano era evidente. Date, otra vez, eligió no moverse. Su razonamiento fue tan simple como inflexible: modificar esos elementos equivalía a desnaturalizar la obra. La frase sobre los kunai funciona, justamente, como una síntesis de esa filosofía de trabajo.

“Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón.”Hayato Date

El legado y el nuevo cruce con Hollywood

El tiempo le dio la razón en términos de impacto global. Naruto se convirtió, junto a Dragon Ball y One Piece, en una de las series animadas japonesas de mayor alcance de las últimas décadas, y lo hizo sin transar su identidad. Es un dato que, leído hoy, relativiza la idea de que la adaptación o la concesión son pasos obligatorios para conquistar mercados: en este caso, la apuesta por la autenticidad fue, también, una apuesta por el reconocimiento.

Ahora bien, esa misma discusión vuelve a estar sobre la mesa con el anuncio de una película en acción real que estará dirigida por Destin Daniel Cretton. El equipo de la producción estadounidense tendrá que decidir si sigue el camino trazado por Date o si toma otro. Son dos lecturas posibles: una que entiende que parte del ADN de Naruto es, justamente, su carácter local, sus armas, sus códigos y su humor; y otra que considera que una adaptación a otro formato y a otro idioma exige, por naturaleza, ajustes para que la historia funcione fuera de su contexto original.

En lo personal, creo que el caso de Naruto es de los más instructivos que dio la industria en las últimas décadas. Demuestra que pensar en el público de origen no es un capricho ni un acto de soberbia: muchas veces es la manera de que una obra tenga la consistencia necesaria para sobrevivir al viaje. Date construyó una serie que le hablaba a Japón sin descuidar al mundo, y eso, curiosamente, la hizo más universal. Si tuviera que recomendar algo hoy, volvería a episodios clave del arco de los exámenes chunin y me quedaría mirando cómo se sostienen escenas que, en otro contexto de producción, probablemente nunca hubieran llegado a la pantalla. Ahí está, en buena medida, la firma de Date.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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