Domingo, 13 de septiembre de 2026
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Hot Wheels Infinite Rush: el mundo abierto donde los autitos de colección finalmente pueden escapar de la pista

El nuevo juego de Milestone rompe con la fórmula cerrada de la saga y propone recorrer cuatro islas temáticas con más de 150 vehículos, conducción arcade y un entorno casi completamente destructible. Una experiencia sin historia pero con mucho para ofrecer a los fans de la marca.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · 7 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Yo jugué de chico, y supongo que muchos de mi generación también, con que se guardaban en una caja roja y se sacaban recién cuando llegaban visitas o cuando llovía y no quedaba otra cosa que hacer. Esos mismos autos que durante décadas corrieron encerrados en bucles de plástico naranja encontraron en Hot Wheels Infinite Rush algo que parecía imposible: un lugar para manejar de verdad, sin principio ni fin, sobre cuatro islas enormes y con la libertad de trompear contra una palmera o de hacer estallar un puesto de diarios si a uno se le cantaba. La nueva entrega de Milestone, publicada bajo el paraguas de la marca de Mattel, se anima a romper con la lógica de pista cerrada que dominó a sus antecesores y se manda, con todas las letras, un mundo abierto.

Cuatro islas para perderse (y para romperse)

El mapa está dividido en cuatro zonas temáticas que funcionan como regiones bien diferenciadas y que invitan a pasar horas dando vueltas sin un destino claro. Wheelswood es el entorno urbano, con sus rascacielos, su tránsito y sus calles anchas pensadas para correr sin freno; Tentacle Bay es el bioma costero, con playas, acantilados y ecosistemas variados que cambian el tono de la conducción; Gearville se mete en una zona industrial rodeada de naves y dunas de desierto, ideal para los que buscan paisaje árido y vértigo metálico; y Drifty Temples, la región de inspiración oriental, propone pasos de montaña donde el derrape deja de ser un lujo y pasa a ser una necesidad. No hay campaña argumental ni personaje conductor que justifique por qué estamos ahí, y eso es parte de la apuesta: la idea es explorar, acelerar y dejarse llevar, algo que funciona muy bien en las primeras horas y que después, cuando uno ya recorrió cada costa y cada curva, puede empezar a sentirse un poco vacío, como una maqueta enorme sin una historia que la habite.

Cuatro formas distintas de pisar el acelerador

Lo más interesante del título es cómo resuelve la variedad sin obligar al jugador a aprender de cero. La conducción se divide en cuatro categorías con comportamientos bien marcados, y el cambio entre una y otra es inmediato, sin tener que frenar ni interrumpir la marcha. Los bólidos son los reyes de la velocidad punta y recargan su turbo cuando uno los deja correr en aceleración sostenida; los derrapadores son para los que gustan de meter el auto de costado y encuentran en cada curva cerrada la manera de acumular nitro extra; los equilibrados, como su nombre lo indica, generan energía con casi cualquier maniobra y son el comodín para los que no quieren pensar demasiado; y los todoterreno, llamados Titanes, están pensados para el terreno irregular y recargan turbo de manera automática, lo que los convierte en la opción más amigable cuando el piso se complica. Esa libertad para ir alternando entre tipos de auto según el momento convierte a cada partida en una especie de conversación entre el jugador y el terreno.

Para los que coleccionan y para los que juegan en compañía

Para los coleccionistas de toda la vida, el juego ofrece un catálogo que supera los 150 vehículos, con prototipos de la propia Hot Wheels y licencias de fabricantes reales, además de fichas históricas con datos de cada modelo y un editor de pintura, rines e interiores que da para entretenerse un buen rato. El multijugador también tiene lo suyo: hay modos competitivos con ranking, modos cooperativos y opciones más casuales, y se suma un editor de pistas personalizadas que extiende la vida útil del título bastante más allá de la campaña principal. En el plano técnico, mantiene 60 fotogramas por segundo de forma estable, lo que es clave en un arcade de velocidad, aunque quedan asperezas: algunas texturas del entorno cargan con algo de retraso y los tiempos de espera al reaparecer en la isla tras completar un evento rondan el minuto, un detalle que puede sacar de quicio a los más ansiosos. El sonido, en cambio, es un punto alto: el impacto metálico y placentero de cada choque contra una pared o contra otro auto está cuidado de verdad y hace sentir que uno está revoleando una lata de chapa al lado de una pista imaginaria.

“La sensación es la de recorrer una maqueta interactiva a escala, donde árboles, luminarias y vehículos civiles reaccionan al menor impacto y refuerzan esa fantasía del autito de juguete que sale de la caja y se manda por su cuenta.”Julia Kaplan

Mi recomendación, si me dejan darla en primera persona, es la siguiente: Hot Wheels Infinite Rush no es un juego para los que buscan una narrativa que los atrape ni para los que necesitan que cada minuto les justifique el tiempo invertido con un guión sólido. Es, en cambio, una invitación honesta y muy cuidada a volver a ser ese nene o esa nena que se sentaba en el piso con una pista en la mano y dejaba que los autos hicieran lo que quisieran. Para los fans de la marca y para los que simplemente quieran acelerar sin complicaciones, vale la pena dejarse llevar por estas cuatro islas, romper todo lo que se pueda romper y aceptar que, a veces, la mejor historia es la que uno se cuenta mientras derrapa en una curva de Drifty Temples.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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