La autoestima después del golpe: por qué la mayoría se recupera y a una minoría le cuesta salir del pozo
Un estudio de la Universidad de Zúrich siguió durante seis meses a más de mil adultos que atravesaron pérdidas laborales, afectivas o académicas. La investigación revela qué factores ayudan a levantarse y cuáles dejan a algunos atrapados en niveles bajos de autovaloración.

En una oficina cualquiera de Santa Fe, María mira el escritorio donde hasta hace tres meses tenía un cargo que la hacía sentir útil y reconocida. Hoy el lugar está vacío, el usuario del sistema ya no la reconoce y ella todavía se pregunta qué hizo mal. Tengo cuarenta y dos años, dos hijos y la sensación de que ese papel ocupado durante años me definía, me contaba a la vez que era atendida por el mundo. Cuando me lo sacaron, fue como si me hubieran sacado el nombre.
María no es un caso aislado. Perder el trabajo, terminar una relación, ver rota una amistad importante o reprobar un examen son golpes que sacuden la imagen que una persona tiene de sí misma. La pregunta que sobrevuela a terapeutas y a quienes lo sufren es cuánto tarda la autoestima en recuperarse y qué determina que algunos lo logren antes que otros.
Lo que midió el estudio de Zúrich
Un equipo de la Universidad de Zúrich publicó en 2026 un trabajo que siguió a más de mil adultos alemanes durante veinticuatro semanas. Todos habían atravesado un episodio adverso en las seis semanas previas: la muerte de un ser querido, una separación, la pérdida de empleo, el fin de una amistad o la reprobación de un examen. Cada participante completó cinco evaluaciones a lo largo del período y respondió cuestionarios de personalidad y de autoestima.
Los resultados mostraron que solo el once por ciento de los participantes mantuvo niveles muy bajos de autoestima durante todo el seguimiento. La mayoría, incluso quienes empezaron en situaciones desfavorables, fue mejorando con el paso de los meses. Los investigadores señalaron que la habituación y la adaptación son la respuesta más frecuente frente a un evento negativo, una conclusión que a María le cuesta todavía creer: uno lee los números y quiere pensar que la curva va a bajar, pero mientras estás abajo parece eterna.
Por qué a algunos les cuesta más levantarse
- El peso emocional que cada persona le asigna al hecho: no es lo mismo perder un empleo que perder a alguien, pero tampoco es lo mismo perder un empleo si en la propia historia ese trabajo sostenía la identidad.
- El grado de control percibido: cuando el episodio se siente evitable, la culpa se mezcla con la autovaloración y la recuperación se vuelve más lenta.
- El impacto en la posición social: perder estatus, ya sea laboral o dentro de un grupo, golpea de manera directa la imagen propia.
- El cambio en la visión del mundo: hay personas que, después del golpe, empiezan a pensar que la vida es injusta, y esa lente nueva se instala y contamina la manera de verse.
- La personalidad: los niveles altos de neuroticismo, es decir, la tendencia a interpretar los cambios desde una mirada negativa, aparecen asociados a una recuperación más difícil.
Según el estudio, la pérdida de empleo y el fin de una amistad fueron los dos eventos con mayor asociación a la dificultad para reconstruir la autoestima. Las separaciones de pareja, en tanto, afectan de manera particular cuando se viven como rechazo. La edad apareció también como un factor protector: las personas mayores mostraron una mejor recuperación a lo largo de las semanas, algo que los investigadores vincularon a más experiencia acumulada para relativizar los golpes.
La voz de una psicóloga en Neuquén
En su consultorio de Neuquén, la psicóloga Laura Paredes recibe desde hace quince años a pacientes que llegan con la sensación de que un episodio puntual los dejó rotos por dentro. Ella coincide con lo que arrojó la investigación y lo traduce a la práctica cotidiana: lo que más traba la recuperación no es el hecho en sí, sino el relato que la persona construye alrededor. Cuando alguien repite durante semanas que lo echaron porque no sirve, o que lo dejaron porque no vale, termina por creerlo y por ajustar su conducta a ese diagnóstico. La autoestima se parece mucho a una hipótesis que uno confirma todos los días.
Paredes trabaja con un ejercicio sencillo, que recomienda a quien esté pasando por un golpe: escribir tres logros concretos del día, por mínimos que sean, y leerlos en voz alta. No es magia, advierte, pero es una manera de cortar la rumiación, que es justamente el mecanismo que el estudio señala como uno de los principales obstáculos para salir adelante. Yo les digo a mis pacientes que la cabeza no se calla sola, hay que darle otra cosa para masticar.
El estudio de Zúrich advierte, además, que los factores que rodean la experiencia importan tanto como el hecho en sí. El peso emocional asignado, el control percibido, el impacto en la posición social y el cambio en la visión del mundo condicionan cuánto tarda en volver una estabilidad interna razonable. Y la personalidad, en particular el neuroticismo, puede alimentar la rumiación y la conclusión de que un mal resultado dice algo definitivo sobre el propio valor.
María, que todavía no logró reinsertarse laboralmente, reconoce que pasa horas dando vueltas sobre la misma idea: que a su edad ya no la van a contratar, que algo en ella falló. Pero esta semana, por primera vez en meses, se sentó a actualizar el currículum con la ayuda de una amiga. Es un paso chiquito, dice, pero es un paso. Y cuando uno está abajo, hasta un paso chiquito se siente enorme.
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