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La Feria del Libro de Neuquén se despide a lo grande: libros, música y sabores patagónicos para cerrar el finde

La edición 2026 entra en su tramo final con dos globas colmadas de libreros de todo el país, títulos desde 2.000 pesos y una agenda que mezcla lecturas en vivo, juegos educativos y propuestas gastronómicas para armar una salida distinta.

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Carla NazarSociedad · 17 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Son las primeras horas de la tarde en Neuquén capital y la gente ya empieza a perfilarse en la fila de ingreso a la Feria Internacional del Libro 2026, que durante estos días transformó a la ciudad en una gran librería a cielo abierto. El sol pega de lleno sobre las dos globas montadas para la ocasión y, mientras algunos visitantes se detienen a leer el mapa de stands, otros directamente se largan a recorrer las mesas buscando ese libro que les falta o el regalo inesperado para alguien de la familia. Es el penúltimo fin de semana de la feria y la sensación general es la de quien sabe que se le escapa una oportunidad: todavía hay tiempo, pero hay que apurarse.

Antes de meterse de cabeza en las mesas conviene tener una idea del presupuesto. La oferta arranca en libros que se consiguen desde 2.000 pesos, una cifra que abre el juego para quienes llegan con la billetera ajustada o quieren comprar varios títulos para los chicos. En el otro extremo hay volúmenes más exclusivos que superan los 70.000 pesos y que suelen ser ediciones de colección, libros ilustrados o material difícil de conseguir por otros canales. El rango es amplio y la idea es que cada visitante pueda armar su propio recorrido sin sorpresas.

Dos globas, libreros de todo el país y mucha Patagonia

La feria se reparte entre dos globas donde conviven libreros llegados de distintos puntos del país. Para quienes vienen a la caza de un título puntual, la recomendación de los organizadores es empezar por el tipo de libro que buscan y, desde ahí, dejarse llevar por lo que aparece en el camino. En los estantes se mezclan publicaciones infantiles, novedades editoriales y un apartado especialmente fuerte de autores patagónicos, con obras que rara vez llegan a las grandes cadenas de librerías.

Esa presencia regional es una de las apuestas más fuertes de la edición. Muchos escritores locales aprovechan la feria para presentar sus libros, firmar ejemplares y charlar con los lectores. Es una oportunidad poco frecuente para que el público se cruce con los autores cara a cara, se saque una foto o se lleve un ejemplar dedicado. Para quienes coleccionan libros con dedicatoria, el último fin de semana suele ser la última chance de la temporada.

Charlas, música, juegos y gastronomía para estirar la visita

La feria no se agota en los stands: durante estos diez días hubo charlas con escritores, presentaciones de libros, lecturas en vivo y espectáculos musicales que le dieron otro ritmo a las jornadas. A eso se suman experiencias inmersivas y juegos educativos para distintas edades, una combinación que la transformó en un paseo apto para ir en pareja, con amigos o con los chicos. Quienes pensaban que una feria del libro era solo para comprar un título y volver a casa terminaron descubriendo que se puede pasar una tarde entera sin aburrirse.

  • Libros desde 2.000 pesos y ediciones especiales por más de 70.000 pesos.
  • Dos globas con libreros de distintos puntos del país.
  • Autores patagónicos presentando y firmando sus obras.
  • Charlas, lecturas en vivo y espectáculos musicales.
  • Juegos educativos para distintas edades.
  • Opciones gastronómicas dentro del mismo predio.

La Feria Internacional del Libro Neuquén 2026 cierra sus puertas este fin de semana y, para quienes todavía no fueron, queda la última ventana para armar una salida distinta. La combinación de libreros de todo el país, autores regionales, música y propuestas para los más chicos la convierten en una de esas raras oportunidades en las que un mismo paseo puede terminar con un libro bajo el brazo, una foto con un escritor y un pancho en la mano. Hay que ir, hay que caminar las dos globas y hay que darse el gusto de perderse un rato entre las mesas. Después, en el colectivo de vuelta a casa, uno se da cuenta de que volvió con más libros de los que tenía pensado y con la sensación de que la Patagonia, una vez más, se hizo escuchar en voz alta.

CN
Carla NazarSociedad

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