"La filmé 25 años antes de tiempo": la autodefensa de Ridley Scott sobre el fracaso de "Legend" y la extraña revancha que el tiempo le terminó dando
Cuatro décadas después de su estreno, el director inglés revisita una de sus películas más injustamente tratadas y vuelve a cargar contra una industria que, según él, todavía no estaba lista para el tipo de fantasía que él ya estaba dispuesto a ofrecer.

Yo creo que sí. Es hermosa y espectacular. Simplemente la hice 25 años antes de tiempo. Hoy en día, todas estas películas que se promocionan bajo el nombre de El Señor de los Anillos y Harry Potter son como Legend. Hacía tiempo que les había dado la espalda y pensé: maldita sea, debería haberla hecho ahora. Con esa frase, pronunciada en una entrevista reciente con The Guardian, Ridley Scott volvió a poner en el centro de la conversación a una de las películas más incomprendidas de su carrera, esa fantasía oscura de 1985 que protagonizó un Tom Cruise todavía muy joven y que, contra todo pronóstico, terminóconvertida con el paso de los años en una rareza de culto que los aficionados al género siguen defendiendo con argumentos que, a la luz de lo que vino después, no suenan nada descabellados.
Un cuento de hadas que llegó en el momento equivocado
En 1985, Scott llegaba a los cines con Legend después de haber sacudido la ciencia ficción con Alien y Blade Runner, dos películas que habían redefinido lo que el cine de género podía hacer en términos visuales y de atmósfera. La apuesta de Legend era radicalmente distinta: un cuento de hadas oscuro, casi un cuento de hadas gótico, en el que Jack, un joven leñador encarnado por un Cruise que todavía estaba construyendo la carrera que lo convertiría en una de las mayores estrellas de Hollywood, debía enfrentarse al Señor de las Tinieblas para salvar a los últimos unicornios y a la princesa de la que estaba enamorado. Delante del villano estaba Tim Curry, en una actuación físicamente imponente que todavía hoy se cita como uno de los grandes personajes del cine fantástico de los años ochenta.
El problema, según cuentan los registros de la época y la propia memoria del director, fue que la película se topó con un público que no estaba listo para ese tipo de aventura. La crítica la recibió con frialdad, la distribución acumuló retrasos antes de llegar a las salas y la recaudación final fue de apenas 23,5 millones de dólares contra un presupuesto que osciló entre los 25 y los 30 millones, es decir, ni siquiera llegó a cubrir los costos de producción. Para colmo, Cruise tomó nota del fracaso y decidió no volver a encabezar una producción de fantasía durante el resto de la década, una decisión que hoy suena casi insólita si uno piensa en el lugar que el género terminó ocupando en la industria.
Lo que vino después le dio la razón
La lectura de Scott, cuatro décadas más tarde, tiene una lógica difícil de discutir. Las grandes sagas fantásticas que dominaron la industria desde principios de los años 2000 demostraron que existía un público masivo para universos con criaturas mágicas, héroes jóvenes, reinos en peligro y aventuras de escala épica, exactamente el territorio que Legend había explorado mucho antes, aunque con una estética mucho más oscura, más cercana al cuento tradicional europeo que al blockbuster luminoso que terminó imponiéndose. Mirando hacia atrás, el director inglés parece estar diciendo algo muy simple: la película no falló, lo que falló fue el momento.
- Recaudación total en Estados Unidos: 23,5 millones de dólares.
- Presupuesto estimado de producción: entre 25 y 30 millones de dólares.
- Año de estreno: 1985.
- Protagonista: Tom Cruise como Jack.
- Villano: Tim Curry como el Señor de las Tinieblas.
- Director: Ridley Scott, en su primer acercamiento explícito al género de fantasía.
- Director de fotografía: Alex Thomson.
- Música: Jerry Goldsmith, con la participación de la canción original cantada por Jon Anderson, de la banda Yes.
Con el paso de las décadas, la película fue encontrando de a poco a su público, y hoy circula como una obra de culto entre los aficionados al cine fantástico, revalorizada justamente por esos elementos que en su estreno la hacían difícil de encajar: el tono sombrío, la imaginería visual exuberante, la decisión de rodar buena parte de la película en bosques y estudios europeos, y por encima de todo, la presencia física de un Tim Curry que convertía al villano en una de esas creaciones de maquillaje y gestualidad que ya casi no se ven en las grandes producciones. Personalmente, y se lo confieso al lector, yo tuve la suerte de toparme con Legend en una de esas madrugadas de cable de los años noventa y me encontré con una película que no se parecía a nada de lo que yo había visto hasta entonces, una rareza que entendí mucho mejor cuando llegaron a los cines las primeras entregas de El Señor de los Anillos y uno caía en la cuenta de que el camino que Scott había intentado abrir veinte años antes estaba siendo recorrido, ahora sí, por miles de personas en las salas de todo el mundo.
Si te cruzaste con Legend en alguna de sus muchas reediciones, en formato VHS, en DVD o en esas versiones extendidas que circulan entre los coleccionistas, te recomiendo que le des una oportunidad si todavía no la viste: es un viaje a un tipo de fantasía que Hollywood durante mucho tiempo dejó de lado y que hoy, visto sin la presión del estreno original, se disfruta como lo que probablemente siempre fue, una película adelantada a su tiempo que terminó encontrando, tarde pero seguro, a la audiencia que se merecía.
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