La jubilación mínima perdió más de cuatro de cada diez pesos de poder de compra desde fines de 2019
En casi siete años, la suba nominal del haber mínimo fue de 2.468,6%, contra una inflación acumulada de 4.231,3%. Unos 2,9 millones de personas cobran ese ingreso y hoy pueden comprar apenas el 59,3% de lo que adquirían a fines de 2019.

El haber mínimo jubilatorio pasó de 19.068 pesos en diciembre de 2019 a 489.776 pesos en agosto de 2026, una suba nominal de 2.468,6% que en los papeles parece significativa pero queda muy por debajo de la inflación acumulada en el mismo período, que trepó hasta 4.231,3%, según los datos oficiales del Índice de Precios al Consumidor. En términos concretos, el dinero que percibe cada mes una persona con la jubilación mínima compra hoy apenas el 59,3% de los bienes y servicios que podía adquirir hace casi siete años, lo que equivale a una pérdida acumulada de poder adquisitivo cercana al 41%.
Para dimensionar el deterioro alcanza con una cuenta simple: si a fines de 2019 hacían falta cien pesos para acceder a una canasta determinada de productos, hoy esa misma selección de bienes y servicios cuesta 4.331 pesos, mientras que el haber mínimo creció hasta 2.569 pesos. Con ese dinero al alcance, el universo de compras posibles se reduce a poco más de la mitad, una brecha que golpea especialmente a los sectores de menores ingresos y que ubica a la jubilación mínima como uno de los indicadores más sensibles del pulso distributivo del país.
¿Quiénes cobran el haber mínimo y por qué importa tanto su pérdida de poder de compra?
Alrededor de 2,9 millones de personas perciben el haber mínimo, lo que representa aproximadamente la mitad de los jubilados y pensionados del sistema contributivo argentino. Se trata de un universo heterogéneo, integrado mayoritariamente por adultos mayores con extensas trayectorias laborales, muchos de ellos beneficiarios de moratorias previsionales, y por pensiones no contributivas que funcionan como el principal —y en muchos casos único— ingreso del hogar en el que viven. La pérdida de poder adquisitivo de este segmento no es un dato macroeconómico abstracto: define la capacidad de comprar medicamentos, alimentos frescos, pagar servicios y mantener condiciones mínimas de vida digna en el tramo final de la existencia.
- Haber mínimo: subió 2.468,6% en términos nominales, pero la inflación fue de 4.231,3%. El saldo es una pérdida real del 40,7%.
- Haber máximo: trepó 2.640,7% nominal, con una caída del 36,7% en poder de compra respecto a diciembre de 2019.
- Bono de refuerzo: congelado en 70.000 pesos desde marzo de 2024, perdió 56% de poder adquisitivo por la inflación acumulada de 129,2%.
- Haberes sin bono: empataron con la inflación en los últimos doce meses gracias a la movilidad jubilatoria, que acumuló 33,5% entre agosto de 2025 y agosto de 2026.
¿Qué ocurrió con quienes perciben haberes superiores al mínimo?
El deterioro no se concentró únicamente en la franja inferior de la pirámide previsional. Quienes cobran haberes por encima del mínimo, alrededor de tres millones de personas, también padecieron la misma dinámica contractiva: la jubilación máxima saltó de 103.064 a 2.824.694 pesos, un incremento nominal de 2.640,7%, que aun así dejó una pérdida de 36,7% en términos reales frente a diciembre de 2019. Un haber equivalente a tres veces el mínimo de entonces perdió 36% en el período, lo que confirma que el ajuste del sistema previsional quedó profundamente rezagado frente al proceso inflacionario, sin importar el estrato de ingreso del que se trate.
¿Qué pasó con el bono de 70.000 pesos y por qué su impacto se diluyó?
El bono de refuerzo que perciben quienes cobran la jubilación mínima se mantiene sin cambios desde marzo de 2024, cuando se fijó en 70.000 pesos. En los meses siguientes, la inflación acumulada trepó a 129,2%, lo que pulverizó el poder de compra específico del refuerzo: su valor real hoy es 56% menor al de entonces. Esta es la razón por la cual los haberes más bajos perdieron 4,5% de poder adquisitivo en los últimos doce meses, mientras que quienes no perciben bono empataron exactamente con la inflación del período gracias a los reajustes automáticos por movilidad, que acumularon 33,5% entre agosto de 2025 y agosto de 2026. Desde diciembre de 2023, los haberes sin bono ganaron 14,3% frente al IPC, aunque ese recupero parcial apenas alcanza para morigerar un retroceso mucho más profundo: la jubilación máxima, por ejemplo, llegó a acumular una caída de 55,4% en términos reales entre septiembre de 2017 y diciembre de 2023, y recién a agosto de 2026 esa pérdida se redujo al 49%.
¿Qué falta para revertir la pérdida acumulada?
El mecanismo vigente de actualización jubilatoria aplica los índices de inflación con dos meses de rezago, lo que significa que los haberes pierden poder de compra cuando los precios suben y lo recuperan de manera parcial y tardía cuando bajan. En un escenario de empalme inflacionario como el actual, esa lógica condenan a los jubilados a correr siempre detrás del índice, sin poder recuperar el terreno perdido durante los años de mayor aceleración de precios. Para revertir el retroceso acumulado superior al 40% en los haberes mínimos haría falta, como mínimo, discutir un esquema de actualización por encima del IPC —al estilo de los ajustes por salarios— que incorpore un piso de recuperación, reabrir la discusión sobre el bono de refuerzo —hoy pulverizado en 56%— y revisar los criterios de movilidad con fórmulas mixtas que contemplen tanto la evolución de los precios como la dinámica de los salarios formales, único indicador cuya trayectoria permite sostener, en el largo plazo, el poder de compra del sistema previsional. Mientras esa discusión siga pendiente, las 2,9 millones de personas que perciben el haber mínimo continuarán recibiendo un ingreso que, en términos reales, vale menos de seis de cada diez pesos de lo que valía a fines de 2019.
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