La noche que Scola se mandó un partido de otro planeta y Popovich se fue de la tribuna
Hace dieciséis años, en el Mundial de Turquía, el ala pivote firmó 37 puntos ante Brasil y puso una marca que sigue intacta. Un entrenador de la NBA se retiró del estadio sin poder bancar lo que veía.

Señores, hay que decirlo con todas las letras: el 7 de septiembre de 2010, Luis Scola jugó el partido más grosso de un argentino en un Mundial de básquet. Cuarenta minutos de básquet de selección, un gol por minuto y pico. Cuarenta y dos en uno solo, si me apuran. Veintidós arriba del lomo, gambeta en el poste bajo y una mandíbula que no aflojó ni cuando el electrónico empezó a arder. Así se gana un partido.
Un show de cuarenta minutos
Lo que pasó en el Sinan Erdem de Estambul fue uniones lo diré de otra manera fue casi un monólogo. Brasil plantó a Anderson Varejao y a Tiago Splitter, dos tipos que en cualquier otro día te comen crudo a cualquiera, y Scola los fue pasando por arriba, uno por uno, como si fueran conos de entrenamiento. De 10 posesiones tomó ocho, y en ocho se mandó. Ahí están los números, no los inventé yo.
En los últimos tres minutos la cosa se puso seria de verdad. Metió diez puntos seguidos para sellar el 93-89 que mandó a Argentina a la siguiente ronda. Un minuto solo estuvo sentado en todo el partido. Un minuto. A esta altura ya parece chiste.
“De 10 posesiones, iba a tomar ocho. Así y todo, convertía.”Rubén Magnano, entonces entrenador de Brasil
Hubo un socio clave, y vale la pena nombrarlo. Pablo Prigioni manejó los hilos desde la base, distribuyó, ordenó y le dejó a Luifa la pelota en los lugares donde la hace doler. El base fue otra de las razones por las que los brasileños no encontraron la fórmula para frenarlo. Cuando el armado es prolijo, los genios se divierten. Y Prigioni esa noche fue casi un arquitecto.
Un testigo incómodo en las tribunas
Seamos sinceros, la perlita de esta historia está en las tribunas, no en la cancha. Gregg Popovich, el de los San Antonio Spurs, hombre de pocas pulgas y cara de póker, estaba ahí sentado, viendo el show, y se levantó antes del final. No porque el resultado le doliera a él, ojo. Le dolía otra cosa: los Spurs lo habían drafteado a Scola en su momento y nunca lo habían traído al club. Pop se fue murmurando, según cuenta el libro El Abanderado, un no puedo creer que cambiamos a este jugador que es casi un acto de contrición pronunciado en voz alta. Imagínense la escena. Un técnico ganador de NBA, el más ganador de los últimos veinte años, saliendo de una tribuna en Estambul renegando de sus propios pasos en falso.
- 37 puntos, récord absoluto de un argentino en Mundiales de básquet.
- 93 a 89 final ante Brasil, con victoria clave en la fase de grupos.
- Diez puntos consecutivos en el cierre, con un minuto total en el banco.
- Popovich se fue antes del final, molesto con el draft perdido.
- A 2026, ningún compatriota lo alcanzó.
- San Antonio Spurs, Popovich, Pop.
El propio Scola, ya repuesto del esfuerzo, intentó explicarse con los periodistas lo que se le había cruzado por la cabeza. Y la frase tiene más mística de lo que parece: ellos no saben que este fue uno de los partidos más emocionantes que me tocó jugar. Algún día alguien les va a contar, dijo, mirando para los costados, hablando de sus hijos que le pedían que vuelva. Eso es una declaración de amor al escudo, con todas las letras. A las costillas de la selección, a la camiseta, a los pibes que miran desde lejos.
Pasaron dieciséis largos años y la marca sigue ahí, parada como en el día uno. Ni en el Mundial de China 2019, ni en Filipinas 2023, ni en el reciente de Manila, nadie se mandó un partido así. La pregunta del millón flota sola: habrá algún pibe de la camada nueva con el físico, el corazón y el timing necesario como para romperla. Por ahora, la historia tiene un solo dueño. Y el dueño anda por Madrid, llevando los mismos rulos y la misma sonrisa de siempre. Leyendas así no se fabrican en serie.
Próximo partido de la selección: la ventana de clasificaciones al Mundial 2027 se viene en noviembre, con día y horario a confirmar por la CABB. A estar atentos.
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