La resurrección acústica de Al Di Meola en La Trastienda: dos horas de jazz, flamenco y la certeza de haber vuelto a nacer
A los 72 años y luego del infarto que en 2023 le cortó la gira por la región, el guitarrista estadounidense ofreció un show íntimo junto a músicos españoles, repasando cinco décadas de una obra que cruza el jazz de fusión, el flamenco, el tango y los guiños a The Beatles, Piazzolla y Simon y Garfunkel.

Yo estuve ahí, en la sala llena de La Trastienda, y confieso que cuando Al Di Meola tomó la guitarra y arrancó la primera frase del show todavía me costaba creer que aquel hombre de 72 años, que en 2023 se había descompensado en pleno escenario en Bucarest, estuviera otra vez de pie en Buenos Aires haciendo exactamente lo que mejor sabe hacer: tender puentes sonoros entre tradiciones que, sobre el papel, parecen distantes y que en sus manos suenan como si siempre hubieran convivido bajo el mismo techo. "Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer", dijo el guitarrista en español, y esa frase, más que un saludo de cortesía, funcionó como una declaración de principios de alguien que sabe que cada concierto, a esta altura de su vida, tiene algo de milagroso.
Un formato acústico con aroma a flamenco
La apuesta de esta gira fue tan arriesgada como coherente: Di Meola viajó con dos músicos españoles, el guitarrista Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, cuyo cajón fue durante toda la noche el ancla rítmica sobre la que flotaron fandangos, soleás, rítmicas afrolatinas, fragmentos de jazz de fusión y evocaciones mediterráneas. El formato fue esencialmente acústico, con algunas distorsiones puntuales que aparecieron justo cuando la música pedía un poco más de electricidad, y esa intimidad cambió el carácter del show: no fue el recital espectáculo de un virtuoso que se luce a toda costa, sino una conversación de cámara entre tres músicos que se escuchan, se contestan y, cada tanto, se pierden un poco en los vericuetos de la improvisación.
Porque la noche tuvo de las dos cosas, y conviene contarlo: hubo momentos de una belleza extraordinaria, con diálogos de guitarra que recordaban la sociedad legendaria entre el propio Di Meola y Paco de Lucía, y también hubo tramos irregulares, como cuando un problema de audio lo obligó a convocar al ingeniero de sonido al escenario, o cuando algunas improvisaciones se estiraron más de lo necesario hasta perder tensión dramática. No me parece honesto esconder esas asperezas en una crónica: son parte de lo que significa un show en vivo y, lejos de opacar el conjunto, le devolvieron al concierto un costado humano, terrenal, que contrastaba con la dimensión casi mítica de un guitarrista que supo ser parte de Return to Forever junto a Chick Corea.
Medio siglo de música en dos horas y diez minutos
El programa recorrió cinco décadas de carrera con una generosidad que ya no es habitual: aparecieron referencias a su época con Return to Forever, versiones sorprendentemente sensibles de The Beatles como "In My Life", un pasaje por Astor Piazzolla con "Café 1930" que arrancó suspiros en la sala, y hasta un cover de "The Sound of Silence" de Simon y Garfunkel que, contra todo pronóstico, funcionó perfecto en este contexto. No faltaron los temas propios que cualquier fan esperaba: "Misterio", "Infinite Desire", "Eden" y, sobre todo, "Ava's Dance in the Moonlight", que Di Meola dedicó a su hija con una ternura que contrastó con la potencia habitual de su pulso derecho.
“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer.”Al Di Meola, en La Trastienda
El cierre, a la altura de la leyenda
Hacia el final, el guitarrista invitó al público a acercarse al escenario y el recital terminó como tenía que terminar: con "Mediterranean Sundance", la pieza asociada de manera indeleble a Paco de Lucía, con palmas del público, teléfonos en alto grabando el momento y esa sensación colectiva de estar presenciando algo que no se va a repetir. Si me preguntan a mí qué me llevo de aquella noche, les digo que me llevo la imagen de un músico que pudo haberse quedado en el molde del héroe de la guitarra veloz y que, en cambio, eligió volver con un formato acústico, con dos acompañantes, a un club de la calle Balcarce, a charlar mano a mano con su público argentino. Por eso, mientras espero la próxima visita, me quedo pensando en una pregunta que me hago como oyente: ¿qué repertorio o colaboración de Di Meola me gustaría que revisitara en una próxima visita? Y la respuesta que me sale, casi sin pensarlo, es que me encantaría verlo cruzar otra vez con Piazzolla en formato de trío, o que se anime a un proyecto íntegro de standards de jazz con esta misma formación de cámara. Mientras tanto, queda el consuelo de haber estado ahí la noche en que Al Di Meola volvió a nacer en Buenos Aires.
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