Los bifes argentinos que se consagraron en el Campeonato Mundial de Carnes 2026 y dónde probarlos
Cabaña Las Lilas vendió al público los dos cortes que se llevaron oro y bronce en la final disputada en Buenos Aires, mientras que la otra pieza dorada se exporta casi en su totalidad.

Para saborear uno de los bifes argentinos que obtuvieron la medalla de oro en el Campeonato Mundial de Carnes 2026 no hay que viajar demasiado: basta con sentarse a la mesa de Cabaña Las Lilas, en Puerto Madero, y pedir un ojo de bife a pasto cuyo precio de carta trepa hasta los 87.000 pesos. La pieza, proveniente de un novillo Aberdeen Angus criado sobre pasturas, se alzó con el primer puesto en la categoría de bife ancho a pasto durante la final disputada el 17 de septiembre en el restaurante El Central, dentro del predio de La Rural, en Buenos Aires, según confirmó Albino García, representante del establecimiento.
El mismo restaurante ofrece además una segunda medalla local: el bife angosto a pasto que recibió bronce y que en la carta figura como bife de chorizo a 81.000 pesos. La brecha entre ambos platos alcanza los 6.000 pesos. Además del oro, el ojo de bife se llevó la distinción de Excelencia en Sabor, un reconocimiento adicional que premia la performance global de la pieza.
¿Qué pasó con el otro oro argentino?
La segunda presea dorada para el país llegó de la mano de un bife angosto a grano presentado por Urien Loza, producido en la estancia Don Beto, ubicada en Salliqueló, provincia de Buenos Aires. La particularidad es que esa carne no llega a las parrillas porteñas: un representante del establecimiento explicó que la producción se destina casi por completo a la exportación, por lo que su consumo local es prácticamente inexistente. Se trata de un contraste marcado frente al caso de Las Lilas, que pudo traducir el premio en un plato concreto para el comensal.
El cuadro completo de medallas doradas quedó repartido en partes iguales entre Argentina y Uruguay. El frigorífico uruguayo Las Piedras se quedó con el oro en bife ancho a grano (también con un novillo Aberdeen Angus) y en bife angosto a pasto, en este caso con una vaquillona. Cada categoría se evaluó de manera independiente, cruzando el tipo de corte con el régimen de alimentación del animal, lo que dejó cuatro ganadores distintos en una competencia que en su segunda edición reunió muestras de diez países.
¿Cómo se definió el campeonato?
El proceso arrancó antes de la final. Entre el 11 y el 13 de septiembre se realizaron rondas de evaluación en más de veinte restaurantes y hoteles del país, donde cerca de mil jurados —cocineros, sommeliers de carne, especialistas internacionales y consumidores capacitados— cataron las piezas sin sal y sin información sobre su origen, identificadas únicamente con códigos. Los criterios fueron terneza, jugosidad y sabor. Recién después de esa instancia llegó la final en El Central.
¿Qué falta hacer para que el paladar local acceda a los cortes premiados?
La escena deja al menos dos asignaturas pendientes. Por un lado, la paradoja de que uno de los dos oros argentinos viaja al exterior mientras los consumidores locales sólo pueden probarlo a través de notas de prensa o de videos: el caso de Urien Loza en Don Beto muestra que la cadena de agregado de valor y de visibilidad todavía depende casi exclusivamente del mercado externo, sin un canal interno que devuelva al productor un margen equivalente. Por otro lado, la distancia de 6.000 pesos entre un corte premiado con oro y otro con bronce dentro del mismo restaurante interpela sobre cómo se traduce en precio el reconocimiento de un jurado internacional: la diferencia existe, pero parece modesta frente al lugar simbólico que ocupa cada medalla. Finalmente, queda por delante la discusión de fondo que el campeonato apenas rozó: cómo construir trazabilidad y consistencia para que el próximo año los bifes argentinos lleguen a la final con más volumen disponible en el mercado interno, y no sólo en la carta de un local de Puerto Madero.
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