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Maní y alergias: por qué una reacción leve de ayer puede ser la emergencia de mañana

La alergista Jaclyn Bjelac, de Cleveland Clinic, advirtió que no hay forma de anticipar la gravedad del próximo episodio y repasó las señales que obligan a actuar en cuestión de minutos. La preparación en casa y en la escuela puede marcar la diferencia.

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Carla NazarSociedad · 10 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

En una consulta reciente en Cleveland, la alergista Jaclyn Bjelac se topó con una escena que se repite más de lo deseable: una madre que le contaba, todavía con el susto en la voz, que su hijo de tres años había probado un pedacito de galletita con manteca de maní en una fiesta de cumpleaños y que, durante una hora entera, lo único que había tenido eran unas ronchitas leves alrededor de la boca. La nena se había rascado un poco, nada más. La mujer, claro, respiró aliviada. Pero ahora, meses después, estaba otra vez en el consultorio porque la criatura se había cruzado otra vez con maní, esta vez escondido en una salsa, y la reacción había sido tan brusca que terminaron en la guardia con oxígeno y un autoinyector clavado en el muslo. La consulta, claro, empezaba por la pregunta de siempre: cómo hago para que no vuelva a pasar.

Esa consulta resume, de algún modo, lo que la propia Bjelac transmite cada vez que habla del tema: no existe forma confiable de predecir cuán grave será una reacción futura a partir de lo que ocurrió en el pasado. Una persona que solo tuvo manifestaciones leves en exposiciones previas puede presentar una respuesta mucho más intensa ante un nuevo contacto con maní, y ese antecedente, por lo tanto, no funciona como garantía. La historia clínica ayuda, sí, pero no alcanza para asegurar nada.

Cuando deja de ser un susto y se vuelve una urgencia

La anafilaxia es la palabra que ningún padre o madre quiere escuchar asociada a su hijo, pero es la que Bjelac, alergista de Cleveland Clinic, dice sin titubear cuando le preguntan hasta dónde puede escalar una reacción al maní. Puede iniciarse de forma súbita, pero también puede comenzar con molestias que parecen moderadas y agravarse después, a veces en cuestión de minutos. Por eso, insistió, hay que observar cualquier cambio en el cuadro sin esperar que los síntomas graves cedan solos: el cuerpo no negocia los tiempos de una alergia alimentaria, y la espera es el peor aliado.

  • Dificultad para respirar o sensación de que el aire no alcanza.
  • Sensación de garganta cerrada o de que algo obstruye el paso del aire.
  • Hinchazón marcada, sobre todo en labios, lengua, párpados o cara.
  • Mareos, sensación de desmayo o pérdida de conciencia.
  • Síntomas que aparecen en dos o más zonas del cuerpo al mismo tiempo, aunque cada uno por separado parezca moderado, como ronchas en la piel combinadas con vómitos o con tos persistente.
“Ante esos signos, lo primero es administrar la epinefrina recetada por el médico tratante y llamar a los servicios de emergencia sin demora. La preparación previa marca la diferencia entre llegar a tiempo y llegar tarde.”Jaclyn Bjelac, alergista de Cleveland Clinic

En bebés y niños pequeños, identificar la reacción puede ser más complejo, y vale la pena detenerse ahí. Pueden aparecer los mismos síntomas que en chicos más grandes, pero también formas de presentación algo distintas: irritabilidad fuera de lo habitual, llanto inconsolable, rechazo del alimento, palidez marcada o una somnolencia repentina que no condice con lo que el nene venía haciendo. Esa variación hace más importante que cuidadores, familiares y personal a cargo conozcan de antemano qué observar y cómo proceder, porque cuando el cuadro se desata no hay tiempo para improvisar.

Bjelac, que en Cleveland atiende familias de toda Ohio y de estados vecinos, suele repetirles a los padres que la preparación previa es parte central de la respuesta. Tener un plan de acción claro, con la medicación a mano y sabiendo cuándo usarla, reduce la duda en el momento en que menos tiempo hay para dudar. Esa organización también implica que todas las personas que forman parte de la vida del niño conozcan los pasos a seguir: abuelos, tíos, maestras, cuidadores, compañeros de trabajo de los adultos a cargo. La alergia no se maneja solo en la casa, se maneja en cada lugar donde el chico come, duerme o juega.

La prevención cotidiana, mientras tanto, sigue siendo relevante. Saber dónde puede estar presente el maní y revisar etiquetas de productos reduce las chances de una exposición accidental: aparece en galletitas, en barras de cereal, en salsas asiáticas, en golosinas, en chocolates, en algunos platos de comida mexicana o peruana, y hasta en alimentos que no lo declaran abiertamente. Leer cada etiqueta, cada vez, no es exageración: es el hábito que, según Bjelac, salva más disgustos que cualquier receta.

Vuelvo a la madre de la consulta con la que arranqué la nota, la de Cleveland. Se fue del consultorio con el plan de acción actualizado, con dos autoinyectores de epinefrina recetados, con la indicación de dejar uno en la mochila de la nena y otro en la casa, y con el compromiso firme de avisar a la guardería, a los abuelos y a las familias de los amiguitos. Antes de salir, me dijo algo que me quedó dando vueltas: yo pensé que con que la primera vez hubiera sido leve ya estaba a salvo. Ahora entiendo que no. Esa frase, en el fondo, es la mejor síntesis de lo que Bjelac intenta explicar en cada consulta: la alergia al maní no avisa, y la mejor defensa es estar listos antes de que el cuerpo diga basta.

CN
Carla NazarSociedad

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