Manu Fanego y la herencia de su padre: golpear las tablas antes de cada función
A dos años de la muerte de Daniel Fanego, su hijo compartió fotos y recuerdos de una vida atravesada por el teatro. El rito de golpear el escenario, un recuerdo escolar con talco y bigotes postizos y un almuerzo con su hermana Camila para mantener viva la memoria.

"Pisar fuerte antes de salir a escena, como saludando al escenario". Esa costumbre que Manu Fanego aprendió de su padre, Daniel Fanego, se transformó en los últimos años en algo más que un ritual teatral: es la manera que el actor encontró para sentirlo presente en cada función, para darle un beso a la madera y, al mismo tiempo, un beso a la memoria de quien le enseñó todo lo que sabe sobre un escenario. Esa es la imagen con la que quiero arrancar esta columna, porque me parece la más justa para dimensionar el homenaje que Manu publicó en redes sociales al cumplirse el segundo aniversario de la muerte de su viejo, ocurrida el 19 de septiembre de 2024.
Lo que Manu Fanego compartió no fue un comunicado solemne ni una declaración ampulosa: fue un álbum íntimo, hecho de fotos y de recuerdos de infancia, donde el teatro aparece como un hilo conductor inevitable. En una de las imágenes más queridas se lo ve a Daniel abrazando a Manu cuando era apenas un nene; en otra, padre e hijo posan juntos frente al mar; en una tercera, Manu aparece con sus propios hijos, como una manera de cerrar el círculo y mostrar que la herencia sigue viajando de generación en generación. También hay un retrato de Daniel tomado poco antes de su fallecimiento, esa clase de foto que uno guarda con un nudo en la garganta.
Una escuela con bigotes postizos y olor a mastik
Entre los recuerdos más encantadores que Manu recuperó hay uno que me hizo sonreír y que, sospecho, va a resonar en cualquier lector que haya pasado por una escuela argentina. Para una actuación por el Día de la Bandera, su padre lo ayudó a prepararse el personaje: practicaron el texto, resolvieron la caracterización y, como no había presupuesto para grandes cosas, terminaron usando talco para simular canas y bigotes postizos. "Me acuerdo del olor del mastik", escribió Manu, ese adhesivo clásico del maquillaje teatral que muchos de nosotros reconocemos de las fotos del Rojas o de las primeras obras del off porteño. Es la escena más tierna del hilo y, a la vez, la más reveladora: muestra a Daniel Fanego como un padre presente, dispuesto a ensayar en la cocina, a embarrarse las manos con talco y a enseñarle a su hijo que la actuación se aprende haciendo, no mirando.
La historia de Daniel y Manu en el teatro tiene además un moño que a mí, como espectadora, me sigue conmoviendo. En 2012, padre e hijo compartieron elenco en El vuelo del Cóndor, una obra del ciclo Teatro por la Identidad donde ambos interpretaron distintas etapas de la vida del actor Pablo Podestá. Tiempo después, en una publicación por el Día del Padre, Manu describió ese trabajo como una experiencia única, de esas que no se repiten. Imagínenselo: el padre y el hijo subiendo juntos a un escenario, uno detrás del otro, para contar la vida de otro. Es una postal que pertenece a la historia íntima del teatro argentino tanto como a la historia íntima de una familia.
“Cada día siento más amor y agradecimiento por haberlo tenido como papá.”Manu Fanego
La frase cierra el hilo y, al mismo tiempo, lo abre. Manu anunció que ese día iba a almorzar con su hermana Camila para recordarlo, y esa imagen, la de dos hermanos juntándose a comer para conversar sobre su padre, me parece una de las formas más saludables y más argentinas de mantener viva a una persona que ya no está. No es un monumento ni un libro: es una mesa servida y un nombre dicho en voz alta.
Una carrera para repasar
Daniel Fanego murió a los 69 años, en su casa, rodeado por familiares y amigos, según contó Manu al comunicar la noticia. Su trayectoria recorrió el teatro, el cine y la televisión con títulos que ya forman parte del canon reciente de nuestro país: El marginal, El reino, Resistiré, Luna de Avellaneda y El Ángel, entre otros. Cada uno de esos trabajos merecería su propia nota, pero los menciono acá para dimensionar de qué clase de actor estamos hablando cuando su hijo dice, con razón, que le enseñó todo.
- Mirar El Ángel y prestar atención a cómo Fanego construye un villano sin levantar la voz.
- Revisar sus trabajos en Teatro por la Identidad, donde dejó interpretaciones memorables.
- Buscar entrevistas viejas donde hablaba de su oficio: siempre se aprende algo.
- Si tienen la chance, ver alguna reposición de obras de Pablo Podestá, el actor que padre e hijo interpretaron juntos en 2012.
Si me permiten la licencia, este es el tipo de historia que a mí me reconcilia con el oficio: un padre que le enseña a su hijo a maquillarse con talco para un acto escolar, un hijo que dos años después de su muerte sigue golpeando las tablas del escenario antes de cada función y una hermana que se sienta a la mesa para nombrarlo. No hace falta más. Los dejo con la pregunta que me quedó dando vueltas después de leer el homenaje: ¿qué trabajo de Daniel Fanego recordás especialmente? Yo, si me apuran, me quedo con su mirada en El marginal, pero esa es harina de otro costal.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Chiara definió el repechaje en Gran Hermano entre Nano y Renato: venganza y traición a la hora de elegir

LEGO y 'One Piece' anuncian una inesperada colaboración gracias a Netflix y adelantan una nueva aventura 'sobre piezas'

¡Conoce los personajes de la nueva serie argentina El Eternauta!
