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Pedalear entre lagos y bosques: cómo armar la aventura por la Ruta de los Siete Lagos sin improvisar

El corredor de 110 kilómetros que une Villa La Angostura y San Martín de los Andes se convirtió en uno de los recorridos más codiciados del turismo activo neuquino. Bicis tradicionales o eléctricas, dos modalidades de viaje, costos logísticos y recomendaciones para llegar a punto antes de subirse al sillín.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Cada temporada, entre noviembre y abril, la Ruta de los Siete Lagos recibe a un número creciente de ciclistas dispuestos a recorrer los 110 kilómetros que separan a Villa La Angostura de San Martín de los Andes atravesando los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, un trazado que bordea los espejos de agua del Lácar, el Machónico, el Falkner, el Villarino, el Escondido, el Correntoso y el Espejo, con bosques de coihues y lengas como sombra permanente y miradores que justifican cada pausa.

¿Qué opciones hay para hacer el tramo en bicicleta?

  • Viaje autónomo con alquiler de bicicleta y trailer: la bici se retira en San Martín de los Andes y se devuelve en Villa La Angostura. Incluye casco, inflador, cámaras de repuesto, kit de parches, herramientas, candado y chaleco reflectivo. El recorrido habitual se completa en tres días y dos noches, con campings señalados en un mapa provisto por la empresa.
  • Tour organizado con guía, mecánico y vehículo de apoyo: arranca en Bariloche, suma el Circuito Chico, Paso Córdoba, Laguna Rosales y los Arrayantes antes de tomar la Ruta de los Siete Lagos. Dura cinco días, trabaja con grupos de entre 30 y 40 personas y dispone de bicicletas eléctricas. Es la modalidad preferida por viajeros mayores de 50 años.
  • Itinerarios cortos guiados desde Villa La Angostura hacia San Martín de los Andes: hay operadores que ofrecen salidas de dos, tres y cuatro días con logística previa y posterior incluida.

¿Qué exige el cuerpo y cómo llegar preparado?

Los testimonios recogidos entre quienes ya completaron el recorrido coinciden en que no hace falta ser un ciclista de alto rendimiento, aunque sí resulta indispensable contar con un estado físico mínimo, porque el segundo día concentra la mayor exigencia por la acumulación de kilómetros y los desniveles del camino. Para los lectores que viven en zonas llanas, como Buenos Aires, los operadores consultados sugieren un entrenamiento previo de cinco a seis meses con foco en la fuerza de piernas, salidas en calle (no en bicicleta fija) para acostumbrarse al roce del asfalto y al manejo de cambios y piñones, y una alimentación sostenida con proteínas e hidratos de carbono antes y durante la travesía.

En materia de costos, los paquetes organizados con cinco días de duración suelen concentrar el grueso del gasto en logística, alojamiento y guía, mientras que la opción autónoma reduce el precio a cambio de cargar con la organización de las paradas y los campings. En ambos casos la bicicleta eléctrica aparece como un diferencial que gana terreno entre los viajeros que priorizan comodidad por sobre la exigencia física.

¿Qué queda por resolver antes de subirse a la bici?

La temporada recomendada va de noviembre a abril, y los operadores sugieren evitar enero por la mayor concentración de turistas en los campings y refugios del corredor. Aun así, la planificación previa sigue siendo la cuenta pendiente: reservar con anticipación la modalidad elegida, confirmar el estado de las bicis al retirarlas y verificar el pronóstico meteorológico, porque en la Patagonia la lluvia puede transformar un día de pedaleo placentero en un tramo complicado, sobre todo en el segundo día, que es donde se concentra el mayor esfuerzo del recorrido.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía

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