Peppa Pig crece: llega una temporada con un George que escucha distinto y una beba que revoluciona a toda la familia Cerdito
La undécima entrega de la serie británica se estrena el 7 de septiembre con dos incorporaciones que prometen sacudir la rutina: el hermano menor aparece con pérdida auditiva moderada y la familia suma a la pequeña Evie. El nuevo showrunner, Adam Redfern, cuenta por qué la chancha más famosa del jardín de infantes sigue vigente después de más de veinte años al aire.

Le cuento de entrada, así nos ubicamos: estamos en el living de la familia Cerdito, una mañana cualquiera, y Peppa le está explicando a su hermano George por qué hay que mirar a la cara cuando uno quiere conversar con alguien. George, que hasta ahora era ese cerdito chiquito que se sentaba en el banquito y se mordía la lengua cada vez que algo lo emocionaba, aparece en esta temporada con un detalle nuevo que no es decorativo: tiene pérdida auditiva moderada. Y la serie, lejos de tratarlo como un capítulo triste, lo cuenta con la misma lógica con la que nos enseña a cruzar la calle o a compartir los juguetes. Eso, que parece menor, es en realidad una decisión muy grande para un dibujo que los domingos a la mañana les pasa por arriba a generaciones enteras de nenes argentinos.
La historia de George antes de la novedad
Porque para entender por qué este cambio pesa, hay que retroceder un poco en el tiempo. Peppa Pig arrancó al aire en 2004, en el Reino Unido, y desde entonces no paró de sumar episodios hasta superar los cuatrocientos. George, el hermano menor, siempre fue el partenaire silencioso de las aventuras de Peppa: el que la seguía, el que se llevaba los mocos, el que casi no hablaba. Con el correr de los años, su personaje quedó como ese nene medio transparente al que uno casi no le presta atención. Por eso la apuesta de la undécima temporada es doble: darle volumen propio a George y, de paso, mostrar que la pérdida auditiva no define a nadie, sino que es una parte más de cómo se vincula con el resto.
“Es imperfecta, se mete de cabeza en las situaciones, es curiosa y es muy fácil identificarse con ella. Muchos personajes preescolares son demasiado perfectos y por eso no perduran; Peppa comete errores, pero al final de cada episodio aprende a ser más amable y a comportarse mejor.”Adam Redfern, showrunner de Peppa Pig
Cómo se pensó la trama con la Sociedad Nacional de Niños Sordos
Le quiero contar acá cómo se construyó esto, porque me parece un detalle que vale la pena. La historia de George y su pérdida auditiva no salió de la nada ni se armó en una reunión creativa cualquiera: se desarrolló con asesoramiento directo de la Sociedad Nacional de Niños Sordos del Reino Unido. Redfern, que asumió la conducción creativa del programa hace pocos meses y viene de trabajar en Las aventuras de Paddington y en Go Jetters, me explicó que lo primero que aprendieron al sentarse con los especialistas fue algo básico pero decisivo: no hay dos experiencias iguales frente a la pérdida auditiva. Cada persona la vive de manera diferente, con su propio ritmo y sus propios códigos. Por eso, las historias se escribieron para ser accesibles y para adaptarse al nivel de comprensión que tienen los chicos de la edad del público de Peppa.
Y acá me detengo un segundo, porque la otra gran novedad es Evie, la beba que llega a la familia. Si George es el cambio por la vía de la sensibilidad, Evie es el cambio por la vía del caos. Redfern lo dijo con una claridad que me parece clave: la irrupción de un bebé en una familia donde todo parecía ordenado es algo con lo que muchos adultos se identifican, incluso si no tienen un tercer hijo. El agotamiento de Mamá y Papá Cerdito, ocupados criando a tres chicos en lugar de dos, está pensado para que los padres que miran la serie con sus hijos terminen reconociéndose en la pantalla. Esa vuelta de tuerca, la de sumar a una beba cuando nadie la esperaba, tiene una lógica casi de manual: después de dos décadas, la familia necesitaba un poco de desorden para seguir contando algo.
Vuelvo a George, y vuelvo a cerrar
Le prometo que vuelvo al living de los Cerdito para terminar. Peppa, ya con su modo de hermana mayor algo mandón, le explica a George que no hace falta gritar ni hablarle de lejos: alcanza con mirarse, con paciencia, con repetir si hace falta. Y George, que en esta temporada deja de ser el que solo acompaña para ser también el que enseña algo, le devuelve una sonrisa enorme, de esas que en Peppa Pig siempre dicen más que las palabras. Es un detalle chiquito, lo sé, pero me parece que define bien por qué esta serie sigue siendo, después de veinte años, un lugar confiable para dejar a los chicos solos frente a la pantalla: porque no les habla en bajada, les habla de frente, les reconoce lo que sienten y, como dice Redfern, les muestra que aprender a portarse mejor es un camino que se puede hacer todos los días, incluso cuando uno es una chancha que se manda las suyas. La undécima temporada se estrena el 7 de septiembre, y la expectativa, me parece, está bien puesta.
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