Lunes, 14 de septiembre de 2026
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Prácticamente magia 2: un cierre con la puerta entreabierta para una tercera entrega

La secuela de la película de 1998 llega con Kidman y Bullock en sus roles originales y resuelve el conflicto familiar Owen, pero deja varios arcos narrativos abiertos que reabren el debate sobre si conviene una tercera parte.

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Julia KaplanCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

"Juntas somos más fuertes", se dicen las hermanas Owen a lo largo de Prácticamente magia 2, y esa frase funciona como una suerte de declaración de principios para una secuela que llega casi treinta años después del estreno original y que, contra todos los pronósticos, encuentra la manera de recuperar el espíritu de la primera entrega sin caer en la trampa de la nostalgia vacía. La nueva película, que ya está disponible en cines, reúne otra vez a Nicole Kidman y Sandra Bullock en los roles de Gillian y Sally Owens, las hermanas brujas de Massachusetts que protagonizaron el film de 1998, y vuelve a poner en primer plano esa idea de que la magia, en esta familia, siempre fue una forma de sobrellevar el duelo y de mantener unida a la sangre.

Una amenaza nueva y una maldición ancestral

El motor de esta segunda parte es doble, y eso le permite a la película no repetirse a sí misma. Por un lado, aparece Tom Bailey, un pariente lejano sin poderes mágicos que se entera de la existencia del libro de hechizos de las Owen y decide ir a buscarlo para ajustar cuentas propias. Su plan, que combina resentimiento familiar y ambición desmedida, no prospera: las hermanas lo neutralizan con un conjuro colectivo en el que participan todas las mujeres del clan, incluidas las más jóvenes, en una secuencia que recupera la coreografía mística que había hecho icónica a la primera entrega.

El desenlace más cargado de consecuencias, sin embargo, ocurre en paralelo y en un registro íntimo. Frances, la tía que carga con la maldición ancestral que condena a morir a los hombres que aman las mujeres Owen, descubre que la única forma de romperla es mediante un sacrificio personal. Decide llevarlo adelante, y eso permite que Gideon, el novio de Kylie que llevaba meses en coma, despierte. Es un cierre emocionalmente fuerte que, leído con atención, deja flotando una pregunta incómoda: si la maldición está rota, qué precio pagó Frances exactamente y qué nuevas reglas rigen ahora para la familia.

Los hilos que quedaron sin atar

Porque la película resuelve los conflictos centrales del grupo familiar Owen, pero no cierra todos los arcos que abre. El más visible es el de Gillian: su historia personal no llega a un punto definitivo, y queda la sensación de que su personaje, que en la primera entrega era el más rebelde y el que tenía la relación más conflictiva con la magia, merecía un cierre más explícito. A eso se suma que las integrantes más jóvenes de la familia, Kylie y su prima, apenas empiezan a explorar su herencia mágica, y la película no termina de mostrar qué harán con el negocio familiar que las identifica, ese local de productos esotéricos que es casi un personaje más de la saga.

La película, hay que decirlo, no tiene escena poscréditos. El final no es un cliffhanger al uso, de esos que cortan abruptamente para forzar la continuación. Es algo más sutil: cierra las líneas narrativas principales, pero deja varios cabos sueltos que, más que molestar, invitan a la conversación sobre si debería haber una tercera parte para cerrarlos o si el punto actual, con su ambigüedad, es el cierre más honesto posible para esta historia.

“El regreso de la franquicia se da en un contexto particular: la primera entrega encontró una segunda vida en plataformas de streaming, donde una nueva generación de espectadores la descubrió décadas después de su estreno original. Eso, sumado al rendimiento en cines de esta secuela, es lo que mantiene viva la conversación sobre una posible tercera película.”Julia Kaplan
  • El arco de Gillian queda sin un cierre emocional explícito.
  • Las integrantes más jóvenes de la familia apenas comienzan a explorar sus poderes.
  • No se resuelve qué harán las nuevas generaciones con el negocio familiar de productos esotéricos.
  • La película no incluye escena poscréditos, por lo que la apertura a una tercera parte es más temática que narrativa.

Mi recomendación, si todavía no la vieron, es que vayan a verla al cine y no esperen al streaming. Es de esas películas que se disfrutan mejor en una sala oscura, con el aire acondicionado a tono y la posibilidad de dejarse llevar por una historia que, sin ser perfecta, tiene la honestidad de saber que la magia, cuando funciona de verdad, no necesita explicarlo todo. Y si son de los que se quedaron con ganas de más al salir, tengan paciencia: los cabos sueltos, a veces, valen más que un final cerrado.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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