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Ramallo Club recorta a USD 9.000 el acceso a su franquicia de sándwiches de miga y se propone cuadruplicar su red en tres años

La cadena produce unas 70.000 unidades mensuales en su planta de Munro, vende cada sándwich a $1.700 y factura cerca de USD 110.000 por local al año. La compañía dejó de lado al intermediario comercial que tercerizaba la venta de licencias y apostó a un esquema directo que abarata la inversión inicial hasta dejarla muy por debajo del promedio del sector gastronómico, que ronda los USD 30.000.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía · 7 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

La planta elaboradora de Ramallo Club ubicada en Munro, en el norte del conurbano bonaerense, despacha cada mes alrededor de 70.000 sándwiches de miga que se reparten entre los 26 locales que la marca tiene en funcionamiento, de los cuales seis son propios y veinte operan bajo el régimen de franquicia, en un mapa que por ahora se concentra en la Ciudad de Buenos Aires y los partidos del área metropolitana. Esa escala de producción, combinada con un precio de venta al público de $1.700 por unidad, le permite a cada punto de venta facturar en el orden de los USD 110.000 anuales, una cifra que la compañía toma como referencia para proyectar un salto del 30% en su facturación global durante 2026, motorizado en buena medida por la incorporación de nuevas categorías como papas fritas, encurtidos, pizzas y cafetería, que se suman al caballito de batalla de siempre: los sándwiches de miga.

¿Por qué bajó tan fuerte el costo de entrada al sistema?

La empresa decidió reducir la inversión inicial para abrir una franquicia propia de aproximadamente 30 metros cuadrados de USD 17.000 a USD 9.000, una decisión que la compañía atribuye de manera directa a un cambio en la estructura comercial: hasta hace poco la venta de licencias estaba tercerizada en una firma intermediaria que cobraba una comisión por cada franquicia colocada, y ahora ese proceso lo maneja la propia casa matriz, que se queda con el negocio gastronómico y resigna la ganancia que dejaba el reventa de licencias.

“Apuntamos más a vender el producto que a tener ganancias en la venta de la franquicia. Ahora manejamos el negocio en forma directa, entonces no tenemos ese costo. El precio que nos pasa el proveedor es el que le pasamos al franquiciado.”Voceros de Ramallo Club

Esa decisión deja la barrera de acceso muy por debajo de la media del segmento gastronómico argentino, donde las inversiones iniciales para subirse a una franquicia suelen ubicarse en torno a los USD 30.000, un piso que la cadena especializada en sándwiches de miga perfora con holgura al pasar de 17.000 a 9.000 dólares, una reducción nominal del 47% que, traducida a pesos, redefine el perfil del franquiciado potencial y abre la puerta a operadores con menor espalda financiera, incluso a familias que antes quedaban afuera del sistema.

¿Qué dice la empresa frente a lo que muestran los números?

La compañía presenta el relanzamiento como una manera de democratizar el acceso a un formato que durante cuatro décadas funcionó como una unidad económica rentable pero de escala chica, mientras que en paralelo los números que la propia firma difunde muestran un modelo que apuesta mucho más a la rotación que al margen unitario: con cada sándwich vendido a $1.700 y una facturación promedio de USD 110.000 por local al año, el ingreso bruto se explica por el volumen más que por el precio, lo que vuelve indispensable que cada punto de venta pueda sostener un ritmo de ventas diario elevado para que la ecuación cierre. La firma asegura que la quita del intermediario es la causa principal del recorte, aunque no publica aún un desglose que permita verificar cuánto pesa esa decisión en el precio final frente a otros componentes, como el canon de ingreso, el stock inicial o la inversión en obra y habilitaciones.

¿Hacia dónde apunta la expansión de la red?

Para 2027 la meta declarada es alcanzar los 50 locales, lo que implica sumar 24 puntos de venta en alrededor de tres años, un salto de casi el 92% sobre la red actual, y la compañía ya empezó a estudiar mercados fuera del área metropolitana. Entre los destinos que aparecen en el radar figura Neuquén, una plaza donde evalúan un esquema de máster franquicia con operadores locales que se encarguen de desarrollar la marca en esa región, una modalidad que suele transferir más riesgos y más responsabilidades al socio regional pero que también puede acelerar la llegada a zonas donde la marca no tiene estructura propia.

  • La planta de Munro produce unos 70.000 sándwiches de miga por mes, a $1.700 la unidad, y cada local factura en promedio USD 110.000 al año.
  • La inversión inicial para una franquicia cayó de USD 17.000 a USD 9.000 tras eliminar al intermediario comercial que vendía las licencias.
  • La firma proyecta un crecimiento del 30% en la facturación durante 2026 y la incorporación de papas fritas, encurtidos, pizzas y cafetería al menú.
  • La meta para 2027 es llegar a 50 locales, frente a los 26 actuales, y evalúa desembarcar en Neuquén bajo un esquema de máster franquicia.

¿Qué falta para que el plan se concrete?

Queda por delante demostrar que el nuevo piso de USD 9.000 no erosiona la calidad ni la uniformidad de un producto que se cocina en una sola planta y se distribuye a toda la red, algo clave cuando se pasa de 26 a 50 locales y cuando la operación empieza a pisar territorio fuera de Buenos Aires. También falta que la compañía publique los números de venta por local con mayor granularidad, porque hoy la facturación promedio de USD 110.000 anuales encubre realidades muy distintas entre los seis locales propios y los veinte franquiciados, y es justamente esa dispersión la que define si el formato de bajo costo de entrada aguanta cuando se enfrente a contextos logísticos más complejos en el interior del país, donde la cadena de frío, los fletes y los alquileres suelen empujar los costos hacia arriba y obligan a revisar, más temprano que tarde, la promesa de una franquicia accesible y rentable.

AL
Ana Laura QuinteroAmbiente y energía

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