Rubén Rada se fue con un río de candombe en el corazón del Palacio Legislativo
Miles de personas despidieron al músico uruguayo en el Salón de los Pasos Perdidos, donde colegas argentinos y uruguayos cantaron sus himnos frente al féretro; el viernes habrá cortejo popular hacia el Cementerio del Norte.

"Blumana, blumana, blumaná": la canción suena una vez más en el Salón de los Pasos Perdidos y, por un instante, el tiempo retrocede medio siglo en Montevideo, porque cuando un trovador como Rubén Rada se va, lo único que queda a mano es cantar, y eso es exactamente lo que hicieron este jueves sus hijos, su esposa Patricia Jodara, el compositor Jorge Nasser y un puñado de músicos argentinos que cruzaron el río para despedirlo como él hubiera querido: con las manos golpeando la clave del candombe y la garganta abierta de gol en gol, mientras el féretro escuchaba en primera fila esa música que durante más de seis décadas lo tuvo como uno de los grandes artífices del Río de la Plata.
La escena, que yo reconstruyo a partir del material disponible, tuvo como escenario el Palacio Legislativo, donde el velatorio abrió sus puertas a las 14.00 y se extendió hasta las 21.00, con una fila que ya empezaba a formarse antes de que se levantara la cortina institucional; el ingreso fue por la puerta principal sobre la Avenida del Libertador, y la ceremonia, abierta al público en general, convirtió al Salón de los Pasos Perdidos en una especie de plaza pública cubierta, atravesada por público de todas las edades, familiares, colegas y curiosos que se mezclaron sin protocolo para darle el último adiós a un artista que hizo de la mezcla entre jazz, candombe, rock y murga una marca registrada de la cultura rioplatense.
La música no se calló ni un segundo
Entre los argentinos que viajaron estuvieron León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo, tres voces bien distintas pero unidas por el afecto que la obra de Rada despertó siempre del otro lado del charco; alrededor de las 16.00, ese grupo se juntó con los hijos del músico y con Nasser para cantar "Blumana" frente al ataúd, y después llegó el turno de "Muriendo de plena", que arrastró a las voces presentes a sumarse de manera espontánea, con palmas marcando la clave del candombe, ese ritmo que Rada supo llevar a escenarios internacionales sin perder nunca su acento montevideano, y que es, a mi entender, la huella más profunda que deja en la música popular de nuestra región.
“Esto no para, esto no para; Rubén pedía que la despedida fuera con alegría, nosotros somos medio apagaditos, él era para arriba, alegría, alegría.”Yamandú Orsi, presidente de Uruguay
El jefe de Estado fue uno de los que se acercó al Legislativo y, en una rueda de prensa, dejó varias definiciones que a mí me parecen valiosas para entender la dimensión de la pérdida: contó que mantuvo un vínculo personal con el músico, recordó una actuación en Corea que dejó al artista asombrado por la cantidad de público que se sabía sus temas de memoria, y mencionó el hábito de los militares uruguayos desplegados en el Congo de cerrar sus jornadas escuchando "Mi país", una imagen tan potente como tierna, porque demuestra que la obra de Rada funcionó como una especie de banda sonora portátil del exilio y de la distancia, y que hasta en los lugares más inesperados del planeta hubo alguien tarareando sus melodías para sentirse un poco más cerca de casa.
La despedida seguirá el viernes en las calles
- El sepelio está previsto para el viernes 28 de agosto.
- El cortejo partirá a las 11.00 desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, en el barrio Palermo.
- La marcha se dirigirá hacia el Cementerio del Norte, donde los restos del músico.
- Matías Rada, uno de sus tres hijos, estuvo durante toda la jornada recibiendo condolencias en el Salón de los Pasos Perdidos.
- El gobierno uruguayo decretó duelo oficial para el jueves por la muerte del artista, fallecido a los 83 años tras un mes de internación por una neumonía bilateral.
Como lectora y periodista que sigue desde hace años el pulso de la música rioplatense, lo que más me quedó de esta jornada no es la cifra de concurrentes ni la lista de famosos que se acercaron a saludar, sino esa imagen de los músicos argentinos y uruguayos cantando juntos frente al féretro, porque en ese gesto se condensa algo que Rada siempre defendió con su carrera: la idea de que la música popular no entiende de fronteras aduaneras, de himnos oficiales ni de rivalidades geopolíticas, y de que un candombe bien tocado puede hermanar a Buenos Aires con Montevideo en cuestión de compases, y si me preguntan con qué canción me quedo yo de su enorme repertorio, les confieso que vuelvo siempre a "Mi país", esa canción que, según contó el propio presidente Orsi, los soldados uruguayos escuchaban al final del día en el Congo, y que me parece el resumen más justo de un artista que nunca dejó de sentirse de aquí, aunque el mundo lo estuviera mirando desde allá.
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