Sarah Paulson revive a Aileen Wuornos en la nueva entrega de «Monstruo»: cuando Lizzie Borden se cruza con una asesina que la serie une sin evidencia histórica
La cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy incorpora a la condenada a muerte de Florida como contraparte imaginaria de Lizzie Borden. Un recurso narrativo que conecta a dos mujeres separadas por casi un siglo y un océano, unidas en la ficción a través de lecturas, una visita imposible y encuentros en el más allá.

Confieso que cuando supe que Sarah Paulson se ponía en la piel de Aileen Wuornos para la nueva temporada de «Monstruo: La historia de Lizzie Borden», lo primero que sentí fue esa curiosidad vieja que me despiertan los cruces improbables: Lizzie Borden, la mujer que en 1892 terminó con la vida de su padre y su madrastra a hachazos en una casa respetable de Fall River, Massachusetts, y Wuornos, la trabajadora sexual que entre 1989 y 1990 mató a siete hombres en Florida y terminó confesando todo. Casi un siglo de distancia, dos países distintos, dos formas muy diferentes de violencia. Sin embargo, la serie decide tender un puente entre ellas y, como espectadora, me parece un movimiento audaz que vale la pena mirar de cerca.
Lo que dice el expediente y lo que inventa el guion
Conviene separar, desde el arranque, dos planos que a veces se confunden: los datos fríos del caso Wuornos y la relación que la serie propone con Borden. Lo primero está acreditado: Aileen Wuornos fue condenada por seis asesinatos en Florida, recibió seis condenas a muerte y fue ejecutada por inyección letal en 2002, a los 46 años. Al principio sostuvo que había actuado en defensa propia tras intentos de agresión, pero más tarde retiró esa versión y asumió la totalidad de los hechos. Lo segundo, en cambio, pertenece al terreno del relato: no existe evidencia de que Wuornos sintiera la obsesión que muestra la ficción, ni consta que haya visitado jamás la casa de los Borden o pasado una noche allí. Cualquier parentesco entre ambas es, en sentido estricto, una construcción del guionista.
Esa aclaración no le quita mérito al planteo, sino que lo vuelve más interesante. La producción lo presenta como un recurso narrativo consciente, no como un error histórico. El cocreador Ian Brennan lo explicó en varias entrevistas: la idea era darle a Wuornos un cierre que, aunque no fuera feliz, resultara satisfactorio dentro del relato. Y ese cierre se materializa, precisamente, en las escenas en las que Lizzie aparece ante ella y, finalmente, la recibe después de la muerte.
Cómo se construye el vínculo en pantalla
- En el cuarto episodio la acción se traslada a Florida en 1988 y presenta un encuentro en la carretera que termina cuando Wuornos mata a un hombre de un disparo.
- Más adelante, aparece leyendo con su novia un libro sobre Lizzie Borden y encuentra en esa historia una experiencia con la que identificarse.
- En el sexto capítulo, Wuornos permanece en la casa de los Borden mientras el montaje intercala pasajes de la investigación de 1892.
- Las visiones completan esa asociación entre ambas mujeres, concebida para la narración y sin un vínculo histórico acreditado.
“Buscar un cierre que, aunque no sea feliz, resultara satisfactorio para el personaje.”Ian Brennan, cocreador de la serie
Me quedo pensando en algo que atraviesa toda esta propuesta y que, como espectadora de cuarenta y tantos, me interpeló de manera particular: ¿qué lugar deberían tener estas licencias en las series basadas en casos reales? Porque la pregunta no es menor. Por un lado, la ficción necesita cierta libertad para construir drama, personajes y, sobre todo, empatía con figuras que de otro modo quedarían reducidas al dato policial. Por el otro, el público merece saber dónde termina el expediente y dónde empieza la invención. Cuando una plataforma gigante como Netflix elige a una de las asesinas más mediáticas del siglo XX para cruzarla con otra, ese límite se vuelve todavía más importante. Mi recomendación, si se animan a verla, es simple: disfruten la actuación de Paulson —que se mete en el cuerpo y en la voz de Wuornos con una entrega admirable— y, al mismo tiempo, tengan a mano el cronómetro de la realidad. La serie es eficaz como retrato de época y como estudio de dos mujeres atravesadas por la violencia, pero el lazo que las une es, ante todo, un hallazgo del guion.
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