Supergirl, una mujer del mañana que todavía no encuentra su lugar en el mundo
La adaptación de la novela gráfica de Tom King y Bilquis Evely que acaba de llegar a HBO Max corre a una Kara distante de la Tierra, define la misión con la urgencia del antídoto para Krypto y se aparta de las viñetas en el desenlace del viaje.

A veces el mejor motor de una historia no es una épica universal sino el ladrido lastimero de un perro que se está muriendo. Esa es, justamente, la decisión que vuelve a poner en movimiento a Supergirl en la película que acaba de desembarcar en HBO Max, dirigida por Craig Gillespie y escrita por Ana Nogueira, que adapta la novela gráfica Supergirl: la mujer del mañana, escrita por Tom King y dibujada por Bilquis Evely. Y esa elección, créanme, no es menor: le cambia el corazón al relato y resignifica cada paso de la protagonista por el cosmos.
Para quienes llegan por primera vez al personaje o para quienes arrastran décadas de historietas y películas, vale la pena detenerse un instante y repasar de qué se habla cuando se habla de Supergirl. Kara Zor-El es, en el mito clásico de DC, la prima de Kal-El, nuestro Superman, enviada también desde Krypton cuando el planeta estaba a punto de estallar. A diferencia de su primo, que fue criado por los Kent en Smallville y aprendió desde chico los valores de la familia y el campo estadounidense, Kara creció un poco más a la intemperie, más tiempo en el espacio, más tiempo observándolo todo desde afuera antes de tocar tierra firme. Esa condición de eterna extraña, de visitante que todavía no se decide a sacar el DNI, es la materia prima que Tom King eligió trabajar en su etapa en el cómic, y es también el hueso que la película intenta roer.
Una búsqueda por distintos planetas y la carrera contra el veneno
La trama es, en apariencia, sencilla, y esa sencillez es parte de su encanto. Un villano llamado Krem ataca, y en la huida le dispara un dardo envenenado al perro de la protagonista. A partir de ese disparo, Kara y una niña llamada Ruthye, que tiene sus propias cuentas pendientes con el atacante, emprenden una persecución que las lleva por distintos planetas con un objetivo concreto y urgente: conseguir el antídoto que salve la vida de Krypto. El.plot, como diría cualquier guionista de Hollywood, es una road movie espacial con un perro enfermo en el asiento de atrás, y tiene todo el ritmo que eso promete.
Pero debajo de ese motor tan claro, la película trabaja un retrato interior de su heroína que a mí, particularmente, me parece de lo más interesante de la propuesta. La Kara que llega a esta aventura todavía rechaza a la Tierra, todavía no se siente parte de este mundo que la adoptó, todavía no terminó de hacer las paces con la idea de quedarse. Y, sobre todo, todavía no termina de calzarse el manto de protectora que su primo Superman lleva puesto con tanta naturalidad, casi diría que con tanta alegría. En esa caracterización, el vínculo con Krypto ocupa un lugar central, y la película se ocupa de remarcarlo con escenas que vuelven sobre momentos del pasado compartido entre la heroína y el animal, devolviendo al perro kryptoniano un peso emocional que en otras versiones del personaje quedaba bastante más decorativo.
Una diferencia clave con las viñetas
Y acá es donde la cosa se pone jugosa, porque a partir de aquí se revelan detalles del argumento y de la novela gráfica original, así que si todavía no vieron la película y les importa el suspenso, este es el momento de hacer una pausa. Dicha esa advertencia, sigo: aunque la película y el cómic comparten el arranque que pone la historia en marcha, difieren en lo que ocurre después con el animal, y esa diferencia cambia por completo el sentido de la persecución.
Como si fuera poco, la adaptación incluye a Lobo, un personaje turbulento y de buen corazón disfrazado de matón que, según lo que trascendió, había formado parte de los planes originales de King para el cómic y que finalmente termina encontrando su lugar en la pantalla. Es un gusto ver a un personaje así, con el cuero gastado y el sarcasmo a flor de piel, metido en medio de una historia que, sin él, correría el riesgo de tomarse demasiado en serio a sí misma.
Una pregunta que sobrevuela toda adaptación
Toda adaptación de un material amado por sus lectores termina despertando la misma pregunta, que a esta altura ya es un clásico de las sobremesas: qué lugar deberían tener los cambios cuando una historia pasa de las viñetas a la pantalla. No hay respuesta única, y tampoco creo que la haya. Personalmente, creo que el mejor criterio es el que parece haber guiado a Gillespie y Nogueira: respetar el alma del material, mantener las preguntas filosóficas que King dejó flotando en su guion original (¿se puede dejar de ser una extraña? ¿se elige la venganza o la justicia? ¿se aprende a querer un hogar?), y modificar lo necesario para que el relato funcione en otro lenguaje, con otros tiempos y otro ritmo. En esa zona de negociación entre el original y la traducción al cine, esta Supergirl me parece encontrar un punto de equilibrio bastante interesante, porque honra la tristeza y la distancia que propone la novela gráfica, pero a la vez le regala al público algo que el cine casi siempre pide: una urgencia concreta, un motor que no se apague nunca, un motivo para seguir corriendo.
““La verdadera prueba de un héroe no es si puede vencer al villano, sino si puede enseñarle a una niña que hay una diferencia entre la venganza y la justicia.””Tom King, Supergirl: la mujer del mañana
Si me permiten cerrar con una recomendación en primera persona, que es como suelo terminar estas notas: denle una oportunidad a esta película. No llega con la grandilocuencia de otras producciones superheroicas, ni con la solemnidad del armor clásico de Superman, y justamente por eso se permite ser algo más íntima, algo más humana, algo más cercana a esa zona en la que todos, en algún momento, nos sentimos un poco como Kara: un poco a la intemperie, un poco lejos de casa, todavía aprendiendo la diferencia entre pelear por alguien y pelear contra alguien. A mí, particularmente, esa Supergirl que duda y que quiere a su perro me resulta mucho más interesante que la versión que ya sabe todas las respuestas antes de despegar. Y, si después de verla, les dan ganas de volver sobre el cómic de Tom King y Bilquis Evely para comparar los dos caminos, mejor todavía: van a encontrar dos lecturas de la misma pregunta, y las dos valen la pena.
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