Taco de Bellingham y empate en Atenas: el Real Madrid se fue al descanso con un susto
El AEK se adelantó con un zurdazo de Koita, pero el inglés igualó con un taco. En Estambul, el Liverpool también empató con un gol de Nyoni y un tiro libre de Greenwood.

Hay tardes en las que el fútbol europeo te obliga a mirar dos pantallas a la vez, y la cuarta fecha de la Champions League fue una de ésas. Dos partidos, dos empates 1-1 y mucha tensión desde el arranque.
Atenas: ida y vuelta en el Allwyn Arena
Real Madrid visitó al AEK y se encontró con un golpe temprano. A los 12 minutos, Aboubakary Koita recibió de Jovic, se metió con una acción individual y sacó un zurdazo al primer palo que dejó sin reacción al conjunto español.
La respuesta tardó veinte minutos, pero llegó. A los 32, Jude Bellingham recibió de Cucurella y, sin controlar, la clavó de taco para el empate. El taco de Bellingham fue la jugada del primer tiempo en Atenas, y por eso se lo llevó de título.
Estambul: el juvenil, el tiro libre y el arquero
En el otro partido, Liverpool visitó al Fenerbahce con Alexis Mac Allister como titular. A los 26 minutos, Trey Nyoni, centrocampista inglés de 19 años, aprovechó un rebote en el área, bajó la pelota de sobrepique y la clavó con la derecha. Fue su primer gol en la competencia europea.
La alegría duró poco. Tres minutos más tarde, Mason Greenwood ejecutó un tiro libre con la pierna derecha, el desvío en la barrera confundió a Alisson y la pelota entró para el 1-1. Un pequeño desastre para el arquero y un premio para el ex Manchester United, que con eso se metió en el partido.
Mientras tanto, la primera tanda de la jornada se completó desde las 17 con siete encuentros más, entre ellos Leipzig frente a Manchester City y Porto ante Napoli.
La pregunta que queda flotando
Seamos sinceros: un empate fuera de casa en la Champions no es una catástrofe, y el gol de Bellingham dice más de su capacidad que de cualquier crisis. Lo que sí queda es la sensación de que el Real Madrid pasó un susto que no debería haber tenido, y que la tranquilidad de un partido controlado se le escapó de las manos durante veinte minutos.
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