Tres movimientos simples para no perder autonomía después de los 60, según una entrenadora con décadas de experiencia
Una rutina breve, pensada para hacerse en casa con una silla o una mesa, apunta a sostener la fuerza de piernas, brazos y abdomen en personas mayores, sin gimnasios ni elementos especiales.

Avanzo unos pasos por el pasillo de mi casa y, antes de darme cuenta, me descubro calculando si llego a la cocina sin apoyarme en la pared. Soy Carla, tengo 52 años, y hasta hace un tiempo ese tipo de cosas ni se me cruzaba por la cabeza. Ahora, después de leer con detenimiento la propuesta que lanzó Denise Austin, una entrenadora con varias décadas de trayectoria en el mundo del fitness, confirmé algo que muchas personas sienten después de los 60 pero pocas dicen en voz alta: levantarse de una silla sin tomarse del respaldo, caminar sin tambalearse o levantarse del piso sin ayuda son tareas que, con el correr de los años, dejan de ser automáticas.
La rutina que difundió la especialista está pensada justo para eso: conservar la autonomía antes de que la fuerza, la movilidad y el equilibrio empiecen a fallar en silencio. No requiere gimnasio, ni mancuernas, ni máquinas costosas. Solo una silla firme o una superficie elevada, y la decisión de dedicarle unos minutos al día, en la propia casa, para trabajar las funciones físicas básicas que sostienen la vida cotidiana.
Por qué importa empezar antes de que el cuerpo avise
La pérdida de masa muscular, de estabilidad y de movilidad no llega de golpe. En la mayoría de los casos se instala de manera progresiva y se vuelve evidente cuando acciones simples empiezan a costar. Subir una vereda, cargar una bolsa del súper o levantarse después de mirar una película pueden ser las primeras señales. Actuar en esa etapa previa es el corazón de la propuesta de Austin, que resume una idea muy concreta: la independencia se entrena, igual que cualquier otra habilidad.
Los tres ejercicios de la rutina
- Toques de glúteo frente a la silla: parado, con los pies separados al ancho de las caderas, se baja como para sentarse con la espalda recta y los brazos extendidos al frente para equilibrarse. Se toca apenas el asiento con los glúteos y se vuelve a subir. Se puede graduar, desde apoyarse del todo hasta apenas rozar la silla, según el estado físico de cada persona.
- Flexiones elevadas sobre una mesa, un banco o el brazo de un sofá: las manos se apoyan al ancho de los hombros, se flexionan los codos para acercar el pecho a la superficie y se estiran los brazos para volver al inicio, con el abdomen activo durante todo el movimiento.
- Vacío abdominal y abdominales en V sentado: recostado unos 45 grados en la silla, con los pies despegados del piso y las rodillas flexionadas, se acercan las rodillas al pecho mientras el torso avanza, y después se estiran las piernas hacia adelante mientras el tronco vuelve a inclinarse. Se sugieren 20 repeticiones y, al final, sostener la posición 20 segundos.
Lo que tienen de especial estos movimientos es que replican gestos reales del día a día. Sentarse y pararse, empujarse desde una silla para levantarse o estabilizarse después de un tropezón son acciones que aparecen una y otra vez en la rutina de cualquier persona, y entrenarlas en serie, en pocos minutos, tiene un impacto directo en la autonomía. El foco, según la propuesta, está puesto en piernas y glúteos, que son la base de la estabilidad del cuerpo, en el tren superior para sostenerse y empujarse, y en el abdomen y el core, que protegen la espalda y mantienen la postura en casi cualquier actividad.
Mi experiencia, que es la de miles
Vuelvo a la cocina y, antes de sentarme, pruebo el primer movimiento: bajar despacio, tocar apenas la silla, empujar con las piernas y volver a pararme. Me sorprende lo rápido que aparece la fatiga en los muslos. Pienso en mi madre, que tiene 78 y ya pide ayuda para levantarse del sillón, y en mi vecina Marta, de 64, que dejó de ir a bailar tango porque se cansaba al tercer tema. La recomendación de la entrenadora Denise Austin, ampliamente conocida en Estados Unidos por sus programas de mantenimiento físico para adultos mayores, es clara: estos ejercicios no buscan récords ni marcas, sino sostener el cuerpo en pie el mayor tiempo posible. Y se pueden empezar hoy, con una silla, una mesa y la firme decisión de no postergar lo que después cuesta mucho más recuperar.
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