Tres vidas, un ginkgo y la conversación que las plantas nos proponen
La realizadora húngara Ildikó Enyedi vuelve a confiar en la observación paciente del mundo para contar, a través de un árbol, una historia que recorre más de un siglo y une a Tony Leung, Léa Seydoux y Luna Wedler en torno al vínculo silencioso entre las personas y la naturaleza.

Hay una frase que sobrevuela toda la película y que a mí, personalmente, me quedó dando vueltas mucho después de que los créditos empezaran a correr: "Las plantas no hablan, pero escuchan". No es un gran discurso ni una sentencia filosófica ampulosa; es apenas una observación que alguien deja caer mientras mira un ginkgo, y que sin embargo condensa, como pocas, lo que la realizadora húngara Ildikó Enyedi se propone contar en El amigo silencioso, su nueva película, que tuve la oportunidad de ver y que me dejó esa sensación extraña, mitad alivio y mitad vértigo, que solo dejan las obras que se toman el tiempo de respirar.
Un árbol como ancla de tres historias
Para entender por qué El amigo silencioso funciona como funciona, creo que hay que empezar por lo más simple: un árbol. En este caso, un ginkgo que vive en el jardín botánico de una universidad alemana y que, a lo largo de más de un siglo, se convierte en el testigo mudo de tres vidas muy distintas. La película no sigue a un solo personaje durante un período largo, como podría esperarse de un relato coral; en cambio, distribuye su atención en tres momentos concretos, separados por décadas, y deja que sea ese árbol el que ate los hilos. Es una idea hermosa y, a la vez, muy arriesgada, porque obliga al espectador a confiar en que el paisaje vegetal puede cargar con el peso emocional de tres historias que, sobre el papel, no tienen mucho en común.
Esos tres momentos son 1908, 1972 y 2020, y la película dedica a cada uno de ellos una de sus historias. En 1908 conocemos a una joven que es la primera estudiante universitaria de su promoción y que empieza a vincular los patrones de las plantas antiguas con la fotografía, en un cruce precioso entre ciencia e imagen. En 1972, la cámara se posa sobre un estudiante cuyo mundo interior se transforma a partir del cuidado de unos geranios, y en ese gesto tan chico como regar una maceta aparece una forma de estar en el mundo que a mí, que vengo de una ciudad donde las plantas suelen ser apenas un adorno de balcón, me resultó casi una revelación. Finalmente, en 2020, el relato se instala junto a un neurocientífico de Hong Kong que investiga con bebés y con el ginkgo del jardín botánico, y ahí es donde la ciencia más contemporánea entra a la conversación y le da al film un cierre que, sin spoilear, voy a decir que me pareció de los más delicados que vi en mucho tiempo.
“Las plantas no hablan, pero escuchan”Un personaje de El amigo silencioso
Enyedi, Leung, Seydoux: una directora y dos miradas
No es menor el hecho de que esta película llegue de la mano de Ildikó Enyedi, la cineasta húngara que en 2017 deslumbró a medio mundo con En cuerpo y alma, esa historia de amor increíblemente contenida que se llevó incluso la nominación al Oscar a la mejor película extranjera. Quien haya visto En cuerpo y sabe que Enyedi tiene un pulso particular: le gustan los tempos lentos, los silencios cargados, los cuerpos que se mueven como si el mundo estuviera hecho de cristal. Todo eso vuelve a estar acá, pero potenciado, porque en lugar de una historia de amor tiene tres historias que dialogan a través de un árbol, y eso le permite estirar aún más la paciencia del relato. Para mí, que vengo siguiendo su carrera, lo más interesante es comprobar cómo esta directora, que ya mostró que sabefilm ar con lo intangible, se anima ahora a meterle ciencia y tiempo histórico a una propuesta que podría haber sido apenas un ensayo estético y termina siendo una experiencia mucho más honda.
- 1908: la primera estudiante universitaria cruza patrones de plantas antiguas con fotografía.
- 1972: un estudiante cambia su mirada del mundo a partir del cuidado de geranios.
- 2020: un neurocientífico de Hong Kong investiga con bebés y con el ginkgo del jardín botánico.
En ese entramado, el elenco funciona como un verdadero reloj. Tony Leung, a quien muchos recordarán por su trabajo en Deseo, peligro o en In the Mood for Love, se pone en la piel del neurocientífico y le imprime esa melancolía sutil que ya es casi su marca registrada; Léa Seydoux, por su parte, aporta la mirada europea y cierta distancia elegante que le sienta muy bien al personaje, mientras que Luna Wedler, una de las jóvenes actrices más interesantes del cine alemán actual, se hace cargo de la historia de 1908 con una sensibilidad que a mí me hizo pensar en las protagonistas de las películas de Céline Sciamma. El elenco completo logra que las tres historias se sienten parte de un mismo universo sensible, sin que ninguna opaque a las otras.
Por qué recomendarla (y por qué conviene ir con tiempo)
Conviene decirlo de entrada: El amigo silencioso dura cerca de dos horas y media, y no es una película para ver con el celular al lado ni con la cabeza puesta en la lista de pendientes del día siguiente. Es un film que pide entrega, que avanza con un ritmo deliberadamente pausado y que, en un momento en el que todo parece diseñado para resolverse en veinte minutos, se da el lujo de tomarse su tiempo. Esa es, justamente, una de sus mayores virtudes. A mí, que suelo llegar agotada a la butaca, me terminó dando algo que no esperaba: la sensación de que el mundo, afuera de la sala, podía esperar un ratito más. Por eso, si me preguntan qué les diría antes de ir a verla, les diría dos cosas. Primero, que confíen en el ginkgo, en sus hojas, en su quietud, y dejen que la película les muestre lo que tiene para contar. Y segundo, que vayan con tiempo, sin apuro, y se permitan salir un poco más lentos de lo que entraron. A veces, las mejores conversaciones son las que tenemos con lo que no nos dice nada en voz alta.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Netflix y una serie de solo cuatro capítulos que arrasa con una historia real

«City of Blood»: dos hermanas, un Berlín en ruinas y el negocio más oscuro del futuro

Nioh bate récord con 8 millones de copias vendidas globalmente
