Un número para saber cómo envejece el cuerpo antes de que aparezca la enfermedad
Investigadores de todo el mundo trabajan con un indicador que reúne fuerza, movilidad, memoria, sentidos y ánimo en un solo puntaje. La Organización Mundial de la Salud lo presentó hace una década y hoy se prueba en ensayos clínicos en Francia y en Estados Unidos.

A sus 72 años, Elena todavía sube las escaleras del edificio de Ramos Mejía sin ayudarse de la baranda, pero nota que le cuesta cada vez más. Dice que pierde el nombre de las calles, que ya no escucha bien del oído izquierdo y que algunos días se levanta sin ganas de nada. Cuando va al médico, le controlan la presión y el colesterol y le dicen que está bien. Sin embargo, algo en su día a día cambió, y nadie se lo mide.
Ese desajuste entre lo que dice el consultorio y lo que siente una persona al atravesar los años es lo que viene a cubrir la llamada capacidad intrínseca: un indicador que, en lugar de perseguir una enfermedad puntual, intenta mostrar cómo funciona el organismo en su conjunto. La Organización Mundial de la Salud lo formalizó en 2015 dentro de su programa de envejecimiento saludable, con la idea de detectar deterioros antes de que se conviertan en problemas serios.
Cinco dimensiones medidas en conjunto
Lo que propone este enfoque es reunir cinco áreas del funcionamiento humano en un único puntaje. Son las siguientes:
- Cognición: memoria, atención y velocidad para procesar información.
- Locomoción: fuerza muscular, equilibrio y velocidad al caminar.
- Capacidad sensorial: visión y audición.
- Bienestar psicológico: estado de ánimo y presencia de síntomas depresivos o ansiosos.
- Vitalidad: energía general, cansancio y tolerancia al esfuerzo físico.
Varias de las pruebas que alimentan ese puntaje ya forman parte de la consulta geriátrica: medir la velocidad al caminar, tomar la fuerza de agarre con un dinamómetro o aplicar test breves de memoria. La novedad es combinarlas en un índice y, sobre todo, seguirlas a lo largo del tiempo, algo que John Beard, profesor de envejecimiento productivo en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia, describe con una frase que se volvió referencia del tema: incluso cuando las personas son bastante robustas y no tienen ninguna enfermedad, todavía podemos detectar cambios en su capacidad. Esa ventana abierta permite, según el propio Beard, pensar en intervenciones mucho antes de que aparezcan los problemas serios.
Elena, de regreso en su departamento de Ramos Mejía, todavía se pregunta por qué nadie le preguntó cuánto tarda en cruzar la calle o si escucha el timbre del microondas. Son preguntas simples que, sumadas, pueden dibujar un mapa mucho más fiel de cómo envejece una persona que el clásico chequeo de laboratorio. Y esa es, justamente, la promesa de un número que todavía no llegó a los consultorios pero que ya se prueba en ensayos clínicos en Francia, con cuestionarios periódicos y derivaciones a especialistas cuando el puntaje baja, y en Estados Unidos, donde un programa financiado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Salud busca demostrar que la capacidad intrínseca no solo refleja cómo se siente y funciona una persona, sino que además puede mejorar con ejercicio y, eventualmente, con fármacos específicos para el envejecimiento.
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