Una comadreja diminuta en la leñera: cuando lo más sensato es no tocar nada
En Cutral Co, una comadreja enana se metió entre la leña de una casa y los vecinos hicieron lo correcto: llamar a los especialistas. La historia vuelve a poner sobre la mesa qué hacer cuando aparece fauna silvestre en el patio o en el hogar.

Estoy en Cutral Co, en el corazón de Neuquén, y todavía me imagino la escena con la misma nitidez con la que me la contaron: una mañana cualquiera, los dueños de casa revuelven la pila de leña y descubren, entre los troncos, un bicho pequeño, gris, del tamaño de un pulgar asustado. Nadie lo agarró. Nadie le tiró un trapo encima. Alguien buscó un teléfono y llamó a quien correspondía. Esa decisión, tan simple y tan pocas veces tomada, fue la que le salvó la vida.
Una especie que casi no se ve
El animal era una comadreja enana, un marsupial que en Neuquén vive en los rincones más áridos y más silenciosos de la estepa. Mide entre ocho y doce centímetros, pesa lo que un puñado de monedas y tiene unos ojos oscuros rodeados de un antifaz que, según quién lo mire, puede ser simpático o un poco misterioso. De día se esconde; de noche sale a cazar insectos, a comer frutitas y a cazar lo que encuentre. Y tiene un detalle que me parece fascinante: la cola le sirve de todo, incluso de reserva de grasa para pasar los inviernos duros.
Pero acá lo más importante no es la biología del animal, por más bonita que sea. Lo más importante es lo que pasó después del llamado.
La llegada de los Guardafaunas
Desde Picún Leufú se acercó el equipo de Guardafaunas. Lo que ellos hacen tiene nombre técnico y, a la vez, una lógica casi de sentido común: manipulación mínima. Evalúan al animal sin estresarlo, lo revisan rápido y, si está sano como en este caso, lo devuelven al lugar de donde salió. Eso fue lo que hicieron con la comadreja de Cutral Co: la examinaron, confirmaron que estaba perfecta y la soltaron en su ambiente. El episodio, que pudo terminar mal, terminó con un animalito libre y un barrio entero aprendiendo algo.
Qué hacer si aparece fauna silvestre en tu casa
- No tocar al animal ni intentar moverlo, ni siquiera con la intención de ayudarlo.
- No ofrecerle comida ni agua: lo que parece un gesto amable puede descompensarlo.
- No quedárselo ni intentar criarlo: la fauna silvestre no es mascota.
- Aislar la zona si es posible, cerrar puertas y mantener alejadas a mascotas y chicos.
- Llamar de inmediato a la autoridad de fauna más cercana, como la Dirección Provincial de Fauna de Neuquén o el equipo de Guardafaunas que corresponda.
- Esperar a los profesionales y, sobre todo, no intervenir por cuenta propia.
La Dirección Provincial de Fauna de Neuquén lo repite cada vez que tiene micrófono cerca: "la fauna silvestre no es mascota" y "protegerla es tarea de todos". Son dos frases que suenan a campaña, pero detrás de cada una hay años de animales muertos por buena voluntad. Un contacto directo, aunque sea con la mejor intención, le genera al animal un estrés enorme, le puede transmitir enfermedades y, lo que es peor, lo va acostumbrando a la gente, lo que en la práctica le achica las chances de sobrevivir solo.
Vuelvo a la leñera de Cutral Co. Pienso en esa familia que vio algo raro, se contuvo las manos y levantó el teléfono. Pienso en los Guardafaunas que viajaron hasta ahí, revisaron a la comadreja y la devolvieron a su estepa. Pienso, sobre todo, que el vínculo entre una ciudad y su entorno no se mide solo en los paisajes que vemos, sino también en los animalitos que casi sin querer cruzan la puerta de casa y en cómo decidimos tratarlos. Si alguna vez te pasa, ya sabés: no la toques, no la retengas, llamá a quien sabe. El resto lo hacen ellos.
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