Vínculos, propósito y cuidados: la fórmula que Mario Boskis propone para envejecer mejor
El cardiólogo Mario Boskis repasó los hábitos que ayudan a sostener una vejez activa y advirtió sobre los recaudos frente a las infecciones respiratorias que circulan durante el invierno.

En una tarde cualquiera de invierno en cualquier provincia argentina, doña Rosa, de 78 años, se calza el abrigo, toma el colectivo y se sienta en el banco de la plaza a esperar a sus amigas del barrio. Antes de salir, se acuerda de una indicación que viene repitiendo su médico de cabecera desde hace varios inviernos: si alguien tose o estornuda cerca, lo mejor es tomar distancia y, si los síntomas son propios, colocarse el barbijo antes de mezclarse con el resto. Esa rutina sencilla resume, sin proponérselo, buena parte de lo que el cardiólogo Mario Boskis explicó en las últimas horas sobre cómo cuidar la salud sin resignar la vida social durante la vejez.
Propósito de vida y contactos que sostienen
Para Boskis, hablar de envejecer bien no es solamente hablar de estudios cardiológicos o de chequeos periódicos. Es, ante todo, hablar de razones para levantarse cada mañana. El especialista, que ejerce en Buenos Aires, vinculó esa idea con el concepto japonés del ikigai, esa noción que busca el punto de encuentro entre lo que a uno le gusta hacer, aquello para lo que tiene talento, lo que el mundo necesita y aquello por lo que puede recibir una retribución. Traído a la vida cotidiana de un adulto mayor en la Argentina, el razonamiento se vuelve bien terrenal: conservar una ocupación, voluntaria, sostener el diálogo con los hijos y los nietos, no perder el contacto con los amigos de toda la vida.
“La posibilidad de seguir con una actividad depende de lo que permita el cuerpo, y la edad por sí sola no debería llevar a abandonar aquello que genera bienestar.”Mario Boskis, cardiólogo (Buenos Aires)
Los recaudos del invierno: virus, ambientes cerrados y barbijo
Esa vida activa, sin embargo, no puede desatender el contexto. Boskis recordó que durante los meses fríos conviven dos factores que se potencian entre sí: una mayor circulación de virus respiratorios y una tendencia a compartir más tiempo en ambientes cerrados, donde la ventilación suele ser escasa. Estar en esos espacios junto a personas que cursan una infección incrementa las chances de contagio. Por eso, el cardiólogo insistió en que cuidarse también significa cuidar al otro, y mencionó el uso del barbijo ante la presencia de síntomas respiratorios como una medida simple para reducir la transmisión.
- Lavarse las manos al llegar a casa, al trabajo y antes de comer, por la transmisión de microorganismos a través de superficies.
- Utilizar barbijo cuando se presentan síntomas respiratorios, para proteger a quienes están alrededor.
- Consultar al médico de cabecera antes de cada temporada invernal sobre las vacunas que corresponden según la edad, los antecedentes y los factores de riesgo de cada paciente.
- Considerar la protección frente a la gripe, la neumonía y el virus sincicial respiratorio, entre otras inmunizaciones disponibles.
El frío no enferma, pero hay que estar atentos
Ante la consulta clásica de por qué en invierno parece que todos se engripan, Boskis fue claro: una infección necesita la presencia de un virus o una bacteria. El frío, por sí mismo, no causa la enfermedad, pero sí puede jugar en contra. El especialista explicó que las bajas temperaturas disminuyen el movimiento de las cilias, esos pequeños filamentos que recubren las vías respiratorias y que ayudan a retirar secreciones, lo que vuelve al organismo algo más vulnerable cuando un virus logra instalarse.
Volviendo a la plaza de doña Rosa, la imagen se completa sola: tres señoras charlando sobre los nietos, una de ellas con un pañuelo en la nariz y el barbijo puesto porque arrancó con tos durante la madrugada. Las otras dos la miran con cariño, le ofrecen un té de la termo y le preguntan si ya fue al médico para aplicarse la vacuna correspondiente. A su alrededor, varios jubilados pasan a esa misma hora, camino al centro de jubilados o al taller de teatro que funciona en el salón de la esquina. Para Boskis, esa escena, tan habitual en pueblos y ciudades del país, es bastante más que un rato agradable: es una pequeña construcción diaria de bienestar y de vida.
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