A los 93, Ellen Burstyn camina, levanta peso y se cuida las muñecas: qué se puede aprender de su rutina
La actriz pasea a su perro, va al gimnasio y entrena fuerza con un preparador físico. Especialistas consultados por este medio aclaran que su esquema no se replica igual en cualquier cuerpo, sobre todo si hay artritis, fracturas viejas o problemas de equilibrio.

Son las siete de la mañana en una calle arbolada de las afueras de Los Ángeles y Ellen Burstyn sale de su casa con la correa en la mano. Camina despacio, con el paso corto y firme de quien ya pasó los noventa, mientras su perro la lleva hasta la esquina. No es una postal fitness ni una campaña publicitaria: es, según contó ella misma en una entrevista reciente, el primer movimiento de una jornada que después sigue dentro de un gimnasio y termina en el consultorio de un preparador físico. La escena, mínima y cotidiana, sirve para empezar a desarmar un mito muy extendido entre los adultos mayores argentinos: que con caminar alcanza.
Porque la actriz, que el año que viene cumplirá 94, no se limita a dar vueltas a la manzana. "Camino todos los días, hago ejercicio en el gimnasio y me cuido", resumió en diálogo con un medio estadounidense. Esa segunda parte, la del gimnasio, es la que suele quedar afuera de la conversación familiar cuando alguien dice "yo ya me mantengo activo". Y es, según los especialistas consultados, la que marca la diferencia entre moverse y entrenarse.
Por qué caminar no alcanza y la fuerza sí
Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva y responsable del Programa de Medicina del Estilo de Vida de la Clínica Cleveland, lo explicó con una imagen muy concreta: fortalecer los glúteos y los músculos del core favorece la estabilidad cotidiana y puede ayudar a que los adultos mayores sufran menos caídas. En otras palabras, lo que se gana en el gimnasio se nota en gestos tan simples como levantarse de una silla, subir un escalón o no perder el equilibrio cuando el colectivo frena de golpe. Caminar trabaja el corazón, los pulmones y la resistencia, pero deja afuera una parte del cuerpo que resulta clave para no caerse.
El entrenador Álvaro Puche, desde Buenos Aires, propone algo intermedio para quienes no quieren meterse de lleno en un gimnasio pero entienden que la caminata sola no cubre todo: un circuito breve de resistencia, de tres a cuatro minutos, tres veces por semana. La rutina, según describió a este medio, se apoya en objetos domésticos y se puede hacer en el living de casa. Los movimientos son:
- Ponerse de pie desde una silla sin ayudarse con las manos.
- Elevar los talones parado, para trabajar gemelos y estabilidad.
- Hacer remos con una banda elástica, tirando desde el pecho hacia el abdomen.
- Realizar flexiones inclinadas contra una superficie firme y elevada que no resbale, como una mesa o una bacha de cocina.
La advertencia es importante: la altura de la silla, la tensión de la banda, el recorrido del movimiento y la cantidad de repeticiones se ajustan a cada cuerpo. La técnica y la seguridad van antes que la velocidad. Y acá aparece un dato que la propia experiencia de Burstyn vuelve inevitable: la actriz tuvo dos fracturas de muñeca, usa una férula en una mano y convive con artritis. Sus muñecas, entonces, no son las de una persona de 40 años. Quienes tengan lesiones anteriores, dolores que no se van, enfermedades crónicas o dificultades para mantener el equilibrio deberían pasar primero por el médico, el kinesiólogo o un profesional capacitado en ejercicio antes de copiar cualquier circuito de internet, por tentador que parezca.
“Caminar es una excelente puerta de entrada al movimiento, pero no reemplaza el trabajo de fuerza y equilibrio que el cuerpo necesita para sostenerse solo a medida que pasan los años.”Consenso de los especialistas consultados
La vida entera de Burstyn, no solo el gym
Hay un dato que suele quedar afuera del recorte fitness y que, sin embargo, es parte de lo que sostiene a Burstyn en pie. La actriz empezó a cambiar sus costumbres alrededor de los 40, mantiene una alimentación vegetariana, dejó el alcohol y el cigarrillo hace décadas, sigue trabajando, lee, recibe gente en su casa y va a conciertos. El movimiento, en su caso, no es una disciplina aislada sino una pieza más dentro de una vida social y cultural activa. Volvemos a la escena de la mañana: la mujer que camina con su perro no está cumpliendo un objetivo de pasos, está saliendo a empezar el día. Y esa diferencia, que parece menor, es la que separa la obligación del hábito. A los 93, la actriz no entrena para llegar a los 94: entrena porque ya forma parte de cómo vive.
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