A siete kilómetros de altura, la guerra vista desde la cabina de un bombardero
Austin Butler y Callum Turner encabezan una miniserie bélica de Apple TV que reconstruye las misiones del 100º Grupo de Bombardeo sobre la Alemania nazi, con producción de Steven Spielberg y un relato centrado en el vértigo, el frío y la soledad de cada vuelo.

«Los amos del aire» es, ante todo, una invitación a mirar la Segunda Guerra Mundial desde un ángulo que el cine suele dejar en segundo plano: la cabina de un bombardero pesado, donde un puñado de hombres muy jóvenes tomaba decisiones que podían cambiar el rumbo de una campaña entera o terminar en tragedia a los pocos minutos. Esa sensación de fragilidad es, a mi entender, el motor emocional de esta miniserie de nueve episodios que Apple TV estrena con ambitions de gran producción bélica.
La historia se apoya en dos nombres muy convocantes para el género. Austin Butler, que atraviesa un presente de enorme exposición tras su paso por «Elvis», y Callum Turner, a quien el público argentino conoce por trabajos previos en dramas de época, encabezan un elenco que recrea las peripecias del 100º Grupo de Bombardeo, apodado Bloody Hundredth, una unidad de la fuerza aérea estadounidense que participó en operaciones sobre territorio de la Alemania nazi.
Unidades diseñadas para volar al límite
Para situarse en la época conviene recordar que los grupos de bombardeo estadounidenses fueron concebidos como herramientas de desgaste estratégico. Aviones como el B-17 y el B-24, conocidos popularmente como fortalezas volantes, estaban pensados para soportar enormes daños y seguir volando, y aun así la tasa de pérdidas era altísima. La ficción elige a esa unidad como escenario porque concentra, en un mismo grupo humano, casi todos los climas emocionales de la guerra: la espera previa a cada misión, el combate en formación, el regreso con la mitad de los motores funcionando y el silencio posterior cuando un avión no vuelve.
La creación está a cargo de John Shiban y John Orloff, dos guionistas con un currículan sólido en el género. Shiban tiene en su haber passagens por «Ozark», donde demostró oficio para narrar tramas criminales sin estridencias. Orloff, en cambio, llega con una credencial muy clara para este proyecto: escribió para «Hermanos de sangre», la celebrada miniserie de Tom Hanks y Steven Spielberg sobre la Segunda Guerra, lo que explica la confianza depositada en él para reconstruir con rigor una experiencia de combate.
La guerra en el aire, cuando se cuenta sin golpes bajos, suele ser doblemente: al enemigo y con quienes la ejecutan. Aquí no hay heroes de película de acción sino soldados que saben que cada despegue puede ser el último, y que aun así vuelven a subir. Esa es, para mí, la gran apuesta de la serie: correrse del espectáculo puro para mostrar el peso humano de cada vuelo.
Si les interesan las ficciones bélicas que privilegian el vértigo íntimo por encima de la espectacularidad, «Los amos del aire» es, en mi lectura, una de las apuestas más interesantes del año. Vale la pena tomarse el tiempo de verla con calma, dejándose llevar por esos minutos finales de cada misión, cuando la formación se dispersa y la cámara se queda con la cara de los que todavía están vivos.
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