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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Almacenes de barrio en alerta: el 40% del sueldo se esfuma antes de llegar a la primera compra y las marcas PYME se quedan con la góndola

El comercio de cercanía bonaerense describe un cuadro de consumo cada vez más ajustado: los clientes llegan con el presupuesto ya comprometido por transporte, salud y servicios, compran menos unidades por visita y eligen alternativas más baratas. La Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires advierte que la recomposición del poder adquisitivo sigue siendo la cuenta pendiente.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía · · 4 min de lectura
Almacenes de barrio en alerta: el 40% del sueldo se esfuma antes de llegar a la primera compra y las marcas PYME se quedan con la góndola

En los almacenes de barrio de la provincia de Buenos Aires, la decisión de compra arranca mucho antes de que el cliente cruce la puerta. El costo del boleto de colectivo, la cuota de la prepaga, las boletas de gas y de luz se llevan una parte del ingreso que, según Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires, ronda el 40% del salario antes de la primera compra de alimentos. "Todos hablan de un 40%", señaló el dirigente en diálogo con este medio, y resumió la consecuencia directa sobre el bolsillo de las familias: "Solo el 60 queda para vivir". Ese 60% remanente es el que tiene que absorber después la comida, la indumentaria, la educación y el resto de los rubros que completan la mesa de gastos de un hogar promedio del conurbano y del interior bonaerense.

El cuadro que describen los almaceneros no es nuevo, pero se profundizó en las últimas semanas: los clientes llegan con el presupuesto ya comprometido y, una vez en el local, ajustan cada decisión al mínimo margen posible. "La gente compra lo justo y necesario", describió Savore, que escucha estos comentarios a diario en los comercios del sector. La reducción no se limita a la cantidad de unidades que se llevan: también cambió la lógica de elección dentro de cada categoría. Los consumidores comparan precios entre marcas equivalentes y optan, en la mayoría de los casos, por las opciones más baratas, con el objetivo de estirar el mismo dinero a lo largo del mes.

¿Por qué las marcas PYME se quedaron con tres cuartas partes de la góndola?

La contracara de ese consumidor más cauteloso es un cambio en la composición de la oferta. Las marcas de empresas pequeñas y medianas ganaron espacio en las estanterías de los almacenes frente a las primeras marcas, en categorías clave de la alimentación cotidiana. Las diferencias de precio son marcadas: un pan lactal de 600 gramos de primera marca se consigue a alrededor de 6.000 pesos, mientras que una versión de marca PYME ronda los 3.000 pesos. En fideos, la brecha es similar: un paquete de primera marca llega a 4.000 pesos, frente a 1.200 pesos de una alternativa de menor precio. En el segmento de galletitas, según Savore, la presencia de productos de empresas chicas y medianas es todavía más notoria: "Las tres cuartas partes de la góndola de galletitas son empresas PYME", detalló, lo que refleja la presión que ejercen los consumidores para encontrar la mejor relación entre precio y cantidad.

¿Qué lugar ocupan los lácteos en la nueva canasta del almacén?

La leche vuelve a ser uno de los rubros sensibles para el comercio de cercanía. "El mes pasado tuvimos un aumento de un 4% en lo que es lácteos", indicó el dirigente gremial, y precisó que el litro ya se vende por encima de los 2.000 pesos. Se trata de un producto de alto consumo y, al mismo tiempo, de difícil reemplazo en la dieta cotidiana de las familias, por lo que cada salto de precio impacta de lleno en el presupuesto y suele empujar a los clientes a reducir la cantidad comprada por visita o a buscar marcas alternativas que, en muchos casos, son las PYME que dominan la góndola.

¿Cómo se reconvierten los almacenes para sostener ventas con margen acotado?

Ante un consumidor que estira cada compra, algunos almacenes encontraron una vía para defender el volumen de ventas y, al mismo tiempo, ofrecer precios más bajos: comprar productos a granel y fraccionarlos en el propio local, en presentaciones equivalentes a las de caja. Un caso testigo es el de los cereales: una caja de una marca tradicional ronda los 8.000 pesos, mientras que el mismo gramaje envasado en el almacén baja a 3.000 pesos. Con la avena la lógica es idéntica: la versión fraccionada en el comercio sale 2.000 pesos, frente a cajas de marcas conocidas que promedian los 5.000 pesos. Esta modalidad reduce el costo para el cliente y le permite al almacenero sostener una caja de facturación diaria que, de otro modo, caería junto con la cantidad de unidades vendidas por ticket.

¿Qué cambió en la gestión del stock con la desaceleración inflacionaria?

El ritmo de los aumentos también modificó la manera en que los almacenes administran su mercadería. Con una inflación más lenta, ya no hace falta acumular stock como cobertura ante remarcaciones diarias, una práctica que durante años funcionó como una defensa del comerciante frente a la incertidumbre de precios. Esa nueva dinámica permite trabajar con reposiciones más ajustadas y reduce el capital inmovilizado en depósito, aunque deja a los almaceneros más expuestos a saltos puntuales de valores en productos sensibles como los lácteos.

¿Qué falta para que el consumo vuelva a respirar en los barrios?

La lectura del sector es que la baja de la inflación, aunque ordena la gestión interna del comercio, todavía no se trasladó al bolsillo de los clientes. Mientras alrededor del 40% del ingreso siga comprometido en servicios, transporte y salud, y los básicos de la canasta sigan actualizándose mes a mes, los almacenes de barrio seguirán viendo tickets más chicos y góndolas colonizadas por marcas PYME. La recuperación del volumen de ventas, coinciden los almaceneros consultados, no va a llegar desde la oferta de productos sino desde una recomposición genuina del poder adquisitivo que todavía no aparece en la agenda.

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Ana Laura QuinteroAmbiente y energía

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