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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Anamá Ferreira se fue a buscar los Cinco Grandes y volvió con una postal bajo el brazo

La modelo y conductora completó un viaje por Kenia y Tanzania que combinó la visita al centro de jirafas de Nairobi, la casa donde vivió Karen Blixen, una jornada con la comunidad masái en el Mara y expediciones por el Serengueti y el cráter del Ngorongoro.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Anamá Ferreira se fue a buscar los Cinco Grandes y volvió con una postal bajo el brazo

"Hoy viví uno de esos momentos que quedan para siempre en el corazón", escribió Anamá Ferreira desde el Giraffe Centre de Nairobi, y esa frase me parece la mejor puerta de entrada para entender lo que la conductora y modelo atravesó en su reciente viaje por África Oriental. Porque el recorrido que acaba de completar no fue una postal bonita para subir a las redes y olvidarse al rato: fue, por lo que ella misma se encargó de contar, una experiencia pensada para mirar de cerca, preguntar, dejarse atravesar por el paisaje y volver con los ojos más grandes que la valija.

Nairobi, donde empieza la ruta

La primera parada la recibió en la capital keniana con un encuentro pocas veces tan directo con la fauna: el Giraffe Centre, un centro dedicado a la protección de la jirafa de Rothschild, una subespecie que sigue catalogada en peligro de extinción. "Estar tan cerca de ellos, darles de comer y hasta poder sacarme una selfie fue simplemente inolvidable", describió Ferreira al compartir las imágenes del momento, y no cuesta imaginar la escena: la jirafa bajando su largo cuello hasta la altura de la visitante, y la visitante sosteniendo la cámara con la misma mezcla de asombro y de risa nerviosa que se le ve a cualquiera que se topa por primera vez con un animal así de grande y de manso.

Después, la recorrida se tiñó de literatura: Anamá se detuvo en el Museo Karen Blixen, la antigua residencia de la escritora danesa que vivió en Kenia durante años y que desde su casa y desde su escritorio construyó, sin saberlo, una de las miradas más influyentes del siglo XX sobre el África blanca y colonial. "Caminar por su casa y pensar que acá transcurrió parte de esa historia es bastante mágico", resumió la conductora, y la observación deja entrever algo que vale la pena subrayar: la novela, la película, la leyenda de "Memorias de África" se sostiene, todavía hoy, en una casa rodeada de jardines y de recuerdos que cualquiera puede visitar.

El Masái Mara, la cita con la cultura masái

Pero si hay una jornada que parece haber condensado el corazón del viaje fue la que tuvo como destino el Masái Mara, en el sudoeste de Kenia, donde Anamá pasó un día con la comunidad masái. Ahí la conductora se encontró con varios de los íconos visuales que el mundo entero asocia con África Oriental y que, sin embargo, conviene mirar de cerca para entender qué significan: la shuka, la prenda tradicional caracterizada por su intenso color rojo, y los adornos de cuentas que los integrantes del pueblo usan como símbolo de identidad y de estatus social, es decir, como una manera de contar, en el cuerpo, quién es cada uno.

También participó de la adumu, la danza de los saltos verticales que ejecutan los jóvenes guerreros de la comunidad y que, vista en vivo, se entiende muy distinto a como uno la imagina desde un sillón a miles de kilómetros de distancia. No es un número turístico: es una marca de pertenencia, y el simple hecho de que la invitada se haya animado a sumarse dice bastante de cómo encaró la visita.

Cruzando a Tanzania: el Serengueti y el Ngorongoro

La segunda parte del itinerario llevó a Ferreira a cruzar la frontera hacia Tanzania, donde la esperaba el plato fuerte de cualquier safari africano: el Parque Nacional del Serengueti y, más al este, el cráter del Ngorongoro, la enorme caldera volcánica que en su interior sostiene una concentración única de vida salvaje. En esa zona, y según el propio relato de la conductora, pudo observar en libertad a los cinco animales que los guías del lugar llaman los Cinco Grandes: el león, el leopardo, el elefante, el rinoceronte y el búfalo. Esa lista, vale aclararlo, nació como un catálogo de los animales más difíciles de cazar a pie durante la época colonial y hoy funciona, reconvertido, como una especie de checklist obligatoria para quien sueña con pisar la sabana.

Ferreira reconoció sin vueltas que ver a esos cinco animales en su hábitat natural era uno de los objetivos centrales del viaje, y lo dijo como quien festeja en voz alta una cuenta pendiente que por fin se tacha. A lo largo del recorrido, además, se tomó el tiempo de capturar atardeceres sobre los lagos de la región y de cruzarse con familias y chicos de comunidades locales, momentos que describió como una experiencia "profundamente enriquecedora". Ahí, otra vez, aparece la Anamá que elige bajar del auto, sentarse y escuchar, en lugar de correr al próximo mirador.

Mi recomendación, si estás pensando en África

Si me preguntan a mí qué destino africano elegiría para armar un viaje parecido, no lo pienso dos veces: Kenia, con la base en Nairobi para arrancar en el Giraffe Centre y en la casa de Karen Blixen, y desde ahí volar al Masái Mara para dormir al menos dos noches en un lodge con vista a la sabana; después, cruzar a Tanzania por la frontera de Isebania, hacer tres noches en el Serengueti para buscar leones, leopardos y ñus en plena migración, y cerrar en el cráter del Ngorongoro con una noche dentro del cráter, con la luz de la mañana cayendo sobre los animales que bajan a abrevar al lago. Es un viaje largo, sí, pero es el tipo de recorrido que, como le pasó a Anamá, uno vuelve a pagar con lo que tiene en la memoria, no con la tarjeta.

JK
Julia KaplanCultura y espectáculos

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