Boiúna: cuando la serpiente gigante deja de hacerte guiños y decide asustarte de verdad
La película brasileña de bajo presupuesto se anima a romper el pacto irónico del subgénero y construye tensión con paciencia, personajes creíbles y una criatura que aparece justo cuando tiene que aparecer. Un hallazgo para la temporada de Halloween.

Hay una escena bien al principio de Boiúna: La leyenda del Amazonas en la que uno de los personajes le explica a otro, con absoluta seriedad y sin levantar la ceja, que existe una serpiente gigantesca que habita las profundidades del río y que se alimenta de quienes se atreven a perturbar su territorio. No hay música cómica debajo, no hay un corte a una cara de sorpresa exagerada, no hay un guiño que le diga al espectador esto es una ridiculez, hagamos como que nos la creemos mientras nos reímos. La criatura mítica del Amazonas es presentada como una amenaza real, y los personajes la escuchan como quien escucha un parte meteorológico. Esa decisión, casi una declaración de principios, es la que separa a esta película brasileña de bajo presupuesto de la enorme mayoría de sus hermanas del subgénero de monstruos gigantes.
Porque el subgénero de las serpientes gigantes viene funcionando, desde hace décadas, con un contrato tácito con el público que yo, como espectadora de toda la vida de estas películas, conozco bien. Uno va a ver Anaconda, o Lake Placid, o cualquier filme de cocodrilos prehistóricos que se precie, sabiendo que va a firmar un acuerdo: la película no se toma del todo en serio, los personajes tampoco, y todo se desarrolla con un tono de complicidad burlona que convierte cada momento de tensión en una invitación a la sonrisa. Boiúna decide romper ese contrato desde el primer minuto, y lo hace con una convicción que sorprende.
Una paciencia que es capital narrativo
La película se toma su tiempo antes de arrojar a sus protagonistas a la espesura de la selva. Presenta la mitología de la Boiúna con la seriedad de quien está contando un cuento de origen, desarrolla a cada personaje con el espacio suficiente como para que el espectador entienda por qué están ahí y qué los mueve, y deja que la tensión se construya de a poco, sin atropellarse. Para quien busca ritmo frenético y sustos cada treinta segundos, esa pausa puede sentirse como un bache. Para el resto, es una inversión que rinde sus frutos cuando finalmente arranca la acción.
Porque cuando la Boiúna entra en escena, la película cambia de registro sin perder coherencia. Las secuencias de acecho son sucias, físicas, con esa textura de peligro real donde la serpiente comparte cartel con cocodrilos, arenas movedizas y una selva que no perdona ningún error. La criatura aparece en dosis medidas, lo que disimula las limitaciones propias de un presupuesto acotado y, al mismo tiempo, mantiene el misterio latente. No se trata de un recurso para esconder efectos especiales endebles, sino de una decisión narrativa que entiende algo básico del género: lo que no se ve, en terror, suele asustar más que lo que se muestra.
Una serie B que sabe lo que es y no pide disculpas
Boiúna no oculta su condición de película de bajo presupuesto ni pretende competir con los blockbusters norteamericanos que le marcaron la cancha al subgénero. Su mérito está en haber trabajado con honestidad dentro de esas coordenadas, sin estirar la ropa más de lo que el ropero permite. La moraleja es previsible, la estructura no sorprende a nadie que haya visto aunque sea tres películas de este tipo, y el desenlace responde a las expectativas más que romperlas. Pero la ejecución, en su conjunto, supera lo que el material parecía prometer sobre el papel.
“Es un estreno pensado para la temporada de Halloween y, en lo personal, se lo voy a recomendar a quien me pregunte qué ver si quiere pasar un rato tenso sin tener que suspender la incredulidad sobre la calidad general de lo que está mirando. La Boiúna cumple lo que promete y, en el camino, se anima a hacer algo que la mayoría de sus colegas del género no se atreve: tomarse en serio a sí misma sin pedir permiso, sin pedir disculpas y, sobre todo, sin pedirle al espectador que se ría para justificar la propia existencia.”Julia Kaplan, Cultura y espectáculos
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


FragPunk debuta en PC mientras su lanzamiento en consolas se retrasa sin fecha confirmada

